Un emprendimiento nacido de la necesidad
La idea surgió junto a su hermano, quien se encargaba de cocinar y se había quedado sin trabajo. Al mismo tiempo, Camila debía quedarse en su casa al cuidado de sus hijos, por lo que salir a buscar un empleo fuera del hogar no era una posibilidad. Así fue como encontraron en la elaboración y venta de pan casero una alternativa para generar ingresos.
Desde entonces, Camila trabaja con “mucha actitud y con ganas de salir adelante”, según cuenta, y asegura sentirse “feliz con la respuesta de la gente”.
Venta de panes rellenos y pastaflora
Actualmente, prepara panes rellenos los miércoles y viernes. La propuesta fue creciendo a partir de los pedidos de sus clientes y recientemente incorporó pastaflora en tamaño pequeño, una opción pensada para quienes además de lo salado buscan algo dulce para acompañar.
El crecimiento también se refleja en la cantidad de personas que se acercan a comprar. Camila cuenta que cada vez más vecinos conocen su emprendimiento y se acercan hasta su casa.
Hoy llega a vender alrededor de 40 panes por día. Detrás de esos números hay una historia de esfuerzo y adaptación, pero también una realidad que atraviesan muchas familias: encontrar alternativas para trabajar, generar un ingreso y, al mismo tiempo, poder sostener las tareas de cuidado y la vida cotidiana.
Para Camila, emprender desde su casa no solo significó una oportunidad económica, sino también una forma de seguir adelante con sus responsabilidades como madre y construir, de a poco, un proyecto propio.
Su pasión por el canto
Camila se define como cantante y encuentra en la música otra de sus grandes pasiones. Mientras trabaja y prepara sus productos, también canta, mostrando que el esfuerzo cotidiano puede convivir con aquello que la hace feliz.