Una jubilada con motivos para festejar
Si en su momento se señaló la coincidencia entre la sanción de la ley de legalización del aborto y la que establece una nueva fórmula de ajuste de los haberes previsionales como parte de una estrategia oficial para asordinar el debate sobre la posible pérdida de poder adquisitivo que esta última podría traer para los jubilados, es inevitable que despierte el mismo tipo de especulaciones, aun cuando la decisión provenga de un ámbito diferente, el simultáneo fallo judicial que concede a la vicepresidenta Cristina Kirchner el derecho a cobrar no una sino dos cuantiosas pensiones “honoríficas”, además de una suma astronómica en lo inmediato. Sin embargo, a la larga le será difícil esquivar los reproches por un privilegio que, aparte de su cuestionable legalidad, no puede menos que resultar marcadamente irritante para una ciudadanía harta de las prebendas que los políticos se conceden a sí mismos.
La polémica se remonta a 2015, cuando quien estaba a punto de dejar la Casa Rosada hizo que la Anses, entonces conducida por su cuñada Alicia Kirchner, le concediera el derecho a cobrar una pensión como expresidenta y otra como viuda de un expresidente. El beneficio le fue revocado después de la asunción de las autoridades designadas por Mauricio Macri, lo que abrió el litigio judicial cuyo cierre parece acercarse hoy.
Más allá de las obvias suspicacias políticas suscitadas por este ida y vuelta, técnicamente la revocación se sustenta en el texto de la norma, sancionada en tiempos de Carlos Menem, que concede pensiones honoríficas no contributivas a presidentes y vicepresidentes al dejar el poder, según el cual “la percepción de la asignación ordenada en el artículo 1” de esa ley “es incompatible con el goce de toda jubilación, pensión, retiro o prestación graciable nacional, provincial o municipal”. Es decir, no se trata de una pensión normal a la que el cónyuge superviviente tiene derecho independientemente de si también cobra una jubilación, sino que se asimila más a un subsidio no acumulable con otros ingresos del Estado, y mucho menos con otros subsidios.
Sin embargo, Cristina Kirchner ha tenido la suerte de hallar un juez que, lejos de aquellos que la persiguen penalmente en el marco de lo que ella denomina “Lawfare”, no sólo le concedió las dos pensiones, por las que cobraría 1,7 millones de pesos por mes, sino un retroactivo que con intereses le depararía unos cien millones en lo inmediato. Y hasta le otorgó la gracia de no pagar el impuesto a las Ganancias. Apenas le negó un adicional del 40 por ciento por zona desfavorable, que la insaciable demandante también había exigido porque aunque es público y notorio que vive en un departamento de un cotizado barrio porteño nunca cambió su domicilio oficial en Santa Cruz.
Desde luego, si Cristina Kirchner fuera una jubilada corriente, todavía le quedarían años por delante para cobrar esta fortuna, porque es de práctica que la Anses apele sistemáticamente todos los fallos contrarios a los intereses del Estado, mucho más cuando se presenta una situación aún no resuelta por la jurisprudencia como en este caso. Sin embargo, dado que la titular del organismo, Fernanda Raverta, es tan cercana a ella como su propia cuñada, la especulación general es que dejará pasar la fecha -que se cumple en febrero porque durante la feria judicial los plazos están suspendidos- y confirmará la idea de que la ley no es la misma para todos, así como la creencia popular de que para determinados políticos, por mucho que le hayan sacado antes al Estado legal o ilegalmente, la voracidad depredatoria no encuentra nunca un límite.