A una semana de los alegatos de los fiscales Luciani y Mola, la agenda informativa del país se cerró prácticamente en torno a la causa Vialidad que tiene a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner como protagonista excluyente, más aún luego de que los representantes del Ministerio Público pidieran una condena sobre ella de 12 años de prisión y prohibición permanente para el ejercicio de cargos públicos. A partir de ese punto de inflexión, la acusada pidió declarar al día siguiente en el marco del juicio pero esa posibilidad fue denegada, lo que derivó en una extensa exposición a través de su canal de YouTube que se replicó a modo de cadena nacional por todos los canales de televisión. Se cimentó allí lo que fue una columna vertebral del oficialismo: hay una persecución política hacia la vicepresidenta y por extensión, al peronismo. Ese eje discursivo fue sostenido a rajatabla durante toda la semana intentando abroquelar al PJ detrás de la figura de Cristina. Así vinieron luego las manifestaciones de funcionarios, el Partido Justicialista, diputados, senadores y hasta la CGT, de relación ambivalente con el kirchnerismo. El corolario fue el enfrentamiento de manifestantes que se concentraron desde el martes en el barrio de Recoleta donde vive la vicepresidenta, con las fuerzas de seguridad de la Ciudad de Buenos Aires, las agresiones al diputado Máximo Kirchner por parte de los agentes de seguridad y un nuevo discurso de la vicepresidenta debajo de su departamento para quienes estaban allí y seguían todo por televisión en pleno sábado a la noche.
Corrieron 7 días en los que sólo se habló de esos hechos y nada del resto de la agenda. En las últimas encuestas de opinión -y ya desde hace mucho tiempo- lo económico es lo que domina en la preocupación de la mayoría. Temas como la inflación, la pérdida de poder adquisitivo, las tarifas, la estabilidad laboral y la pobreza son los que figuran al tope. Pero en los últimos 7 días nada de eso fue central en el debate político nacional.
Desde un punto de vista estratégico, el eclipse provocado la última semana sobre “la otra agenda” fue un triunfo para el oficialismo, que a su vez cerró filas.
En paralelo se viene advirtiendo un divorcio cada vez más notorio y profundo entre la agenda de la dirigencia política y esas preocupaciones de la población.
Pero desde un punto de vista estratégico, el eclipse provocado la última semana sobre “la otra agenda” fue un triunfo para el oficialismo, que a su vez logró encolumnar a muchos sectores que mostraban una cohesión frágil en los últimos meses, detrás de la figura de Cristina. Dos pájaros de un tiro.
No hay que perder de vista que mientras eso ocurría con las luces que se posaban en Uruguay y Juncal, el ministro de Economía, Sergio Massa, aplicaba un recorte significativo en el presupuesto de Educación, Salud, el Procrear y otros lugares de alta sensibilidad social. Sin embargo, hubo anestesia local para evitar que haya reacciones como ocurrió en muchas oportunidades similares.
Por otro lado, otra tijera comienza a aplicarse en las provincias a las que no les actualizarán presupuestos por inflación en el segundo semestre: todo lo que corran los precios será pérdida de poder adquisitivo para esos fondos. Además está previsto un recorte de las transferencias no automáticas, como complemento.
A cambio, habilitaron la suba de impuestos como Ingresos Brutos, lo que implicaría que finalmente habrá algunos sectores de la actividad privada que al menos soportarán parte de ese recorte.
A esta altura habría que preguntarse si hay relación entre cierta calma de las variables económicas y el giro de la atención principal. Lo cierto es que la calma estuvo en los últimos días, pero sin que eso deba interpretarse como solución de algunos de los problemas más acuciantes de la economía como la frágil acumulación de dólares en el Banco Central, la muy alta tasa inflacionaria, el crecimiento de los índices de pobreza en esta segunda parte del año (el próximo mes se conocerán para el primer semestre y pueden traer leves mejoras debido a que no se tomarán en cuenta los acelerados desajustes ocurridos a partir de la renuncia de Martín Guzmán), las complicaciones en los aparatos productivos por las trabas a la importación, y el deterioro del consumo, entre otros.
En el medio Sergio Massa tiene previsto un viaje a los Estados Unidos para las próximas semanas en donde se presentará formalmente como el nuevo titular de Economía. Allí hay expectativas centradas en la posibilidad de conseguir dólares extras y alguna flexibilización en las metas acordadas con el FMI para tener un plus de oxígeno.
Pero todo eso pasó en los últimos días a un segundo plano. En el debate excluyente, también la oposición aportó su cuota de distanciamiento al embarcarse a su vez en internas que hasta anoche seguían expuestas por las críticas de Patricia Bullrich al accionar del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; o las críticas cruzadas en el radicalismo, donde la conducción partidaria tomó distancia de la promoción de juicio político al Presidente que motorizaron diputados como Mario Negri. Entraron de lleno al barro que propuso el oficialismo para completar un espectáculo dantesco de la política nacional.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal

