Ayer por la mañana, en la carnicería de un supermercado ubicado en la avenida Sabattini, un cliente se sorprendió cuando miró el precio de lo que acababa de retirar del mostrador. El hombre había pedido un kilo de vacío y dos kilos de nalga para milanesa y el ticket final superaba los $ 3 mil. El carnicero le explicó que en las últimas semanas se habían aplicado varias subas seguidas y lo que costaba unos 750 u 800 pesos, ahora pasó a valer $1.000.
El billete de mayor denominación del país equivale ya a un kilo de carne.
Y mientras desde el Gobierno preparan medidas que se darían a conocer esta semana para buscar otra vez contener la suba, en la cadena de la carne explican que hay al menos un tridente de razones que explican el motivo del encarecimiento: dos tienen que ver con la oferta y una con la demanda.
Es que el efecto que el Gobierno había logrado al restringir las exportaciones se evaporó en apenas 5 meses. Ahora tiene frenadas parcialmente las ventas al exterior y la suba retomó con fuerza.
Lo primero que advierten desde la cadena de la carne es que hay falta de oferta. Y eso en parte lo adjudican a la medida de restricción que llevó a los productores a evitar el ciclo corto de engorde a corral y hacer recría a pasto hasta tanto tener en claro qué rumbo tomaría el mercado. Eso trajo como consecuencia que se produzca un bache en la faena. A su vez, el costo del engorde en feedlot trepó de la mano del encarecimiento del maíz, lo que fue otro factor que desalentó el encierre.
Pero del otro lado, también hay variantes alcistas que impactan como es una mayor demanda estacional.
Siempre hacia fines de noviembre y especialmente diciembre son meses de alto consumo de carne vacuna en Argentina. Finalmente ese choque entre baja oferta y alta demanda está tensionando y se traduce en lo que se vio primero con el alza de la hacienda y finalmente su impacto en las carnicerías.
Frente a ese escenario hay dos alternativas que en el mercado se barajan: que haya alguna medida del Gobierno que permita cursar el último mes del año sin nuevas subas -difícilmente con bajas- o que el bolsillo de la gente sea finalmente el que le ponga un tope a los precios mediante un recorte de la demanda esperada. “Si el consumo cae es posible que el mercado se estabilice”, explican.
Juan Manuel Garzón, economista de la Fundación Mediterránea, admite que no es posible saber si se alcanzó el techo en el precio, pero indicó que “el valor de la hacienda es similar al de Uruguay, diría un valor razonable. Pero en Argentina nunca se sabe”, explicó el economista.
Dos miradas de economistas
“No es tan difícil bajar la inflación como se pinta siempre y cuando se reconozcan cuáles son los motivos. Y ahí hay que advertir que no se puede tener un atraso del 60% en las tarifas del AMBA o del 70% en el transporte; y no puede acumular 25% de atraso en el tipo de cambio porque se devaluó al 1% mensual contra una inflación del 3%.
Por otro lado, cómo van a controlar el precio de la carne con 80 mil carnicerías, es imposible. Aparte no hay carne y el precio internacional subió, el valor de la Hilton subió, lo que compran los chinos subió. El maíz está a $ 20.400 y no da la conversión para hacer encierre en feedlot para hacer novillitos y vaquillonas que es lo que comemos. Si querían tener carne barata debían subsidiar el precio del maíz”, explicó Jorge Ingaramo.
“Lo que está pasando en el mercado de la carne es lo que se advirtió desde un primer momento. Este tipo de medidas tiene el efecto buscado en el muy corto plazo, pero no más que eso porque hay otros factores detrás del problema. En los 5 meses que pasaron desde que se restringieron las exportaciones el asado había bajado 13% en términos reales con una inflación del 20,3%. Por otra parte, el Banco Central emitió un billón de pesos. Y entonces, una vez que se terminara el efecto de corto plazo el precio de la carne iba a subir. A todos nos llamó la atención lo vertiginoso de la suba. Pero siempre en la carne los saltos son pronunciados y hacen ruido. Por otro lado, bajó la producción de carne debido al encarecimiento del engorde y cuando eso empezó a corregirse, llegó la intervención”, explicó el economista de Fada, David Miazzo.
Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal

