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Una campaña que no se priva de nada

Los principales partidos están poniendo todo lo que tienen. En Hacemos Unidos, De Rivas mostró el apoyo de Llaryora y de Schiaretti. La oposición habla de clientelismo y se queja de las fake news

Heriberto Muraro, el consultor que durante años asesoró a José Manuel de la Sota, dijo alguna vez:“La verdad es que a medida que se acerca el día de la elección sabemos cada vez menos. Aunque, por supuesto, los encuestadores no podemos decirle eso ni a la gente ni a los clientes”.

Río Cuarto está a una semana de elegir a su nuevo intendente y vive un proceso atravesado por la incertidumbre. No sólo por la imposibilidad de aventurar hoy un ganador sino, además, porque hay una serie de componentes que están presentes pero cuya gravitación final no puede todavía dimensionarse:¿cómo operará la división del peronismo?, ¿cómo influirá la figura del gobernador Martín Llaryora?, ¿persistirá en el centro de la ciudad la predisposición a votar en contra del oficialismo o habrá un cambio de tendencia?, ¿cuánta gente irá a votar ese fin de semana extralargo en una ciudad que viene de apenas un 49% de participación en su anterior elección municipal?

Esas preguntas no sólo están presentes en quienes analizan la campaña desde afuera sino que atraviesan también a los comandos de campaña de los candidatos que, en algunos momentos, parecen caminar a ciegas.

Entre las dos principales fuerzas políticas, Hacemos Unidos por Córdoba y Primero Río Cuarto, aparecen por estas horas sensaciones contrapuestas: los dos están convencidos de que pueden ganar, pero también de que el mínimo detalle puede hacerlos perder. Por eso, hay episodios en los que tienden a la sobreactuación:por ejemplo, en la polémica por los 100 pesos que se aplicarán de multa a quienes no vayan a votar. De un lado y de otro trataron el tema como si fuera una cruzada de vida o muerte.

El oficialismo cree que puede tener un último envión definitorio. Por eso, puso en la cancha todo lo que tiene. En los últimos días, el gobernador Martín Llaryora apareció en un spot con GuillermoDe Rivas en el que se hace hincapié en la idea de que trabajarán en equipo. Las encuestas venían señalándole a HacemosUnidos que la mayoría de los riocuartenses ve positivamente que siga habiendo una línea de continuidad entre la Provincia y el Municipio.

En los próximos días también aparecerán en la ciudad carteles de Llaryora junto a De Rivas. Y ayer empezó a difundirse en todas las plataformas un spot en el que se ve a Juan Schiaretti con el candidato y en el que el exgobernador le pide a la gente continuar con el trabajo en equipo.

La entrada en escena de Schiaretti apunta principalmente a dos objetivos:por un lado, a consolidar el voto peronista, que aparece tironeado entre De Rivas y Adriana Nazario, y por otro lado, a darle argumentos al electorado independiente. Schiaretti es hoy, aseguran en el peronismo, el político de mejor imagen en Río Cuarto, incluso por encima del Javier Milei. Además, el cordobés y el Presidente comparten una porción de su electorado.

La campaña tuvo hasta ahora algunas características diferenciales. La más obvia, y no por eso menos importante, fue la fractura del peronismo, una situación inédita que nadie consigue explicarse todavía cabalmente. Pero además hubo otros dos elementos que también configuraron el escenario. Uno fue visible; el otro, tácito.

Milei no apareció de manera directa en el proceso pero, en parte, lo determinó. Porque su discurso en la escena nacional estableció algunos parámetros conceptuales que se impusieron entre los candidatos. La vieja política, la casta, la necesidad de ajustar los gastos, de achicar el Estado, conformaron el diccionario de la actual elección riocuartense.

Ninguno de los candidatos se refirió en términos críticos al Presidente y, además, cada uno de ellos buscó adjudicarles a sus rivales los defectos que configuran el ideario Milei. Así, el peronismo machacó para endosarle a Gonzalo Parodi la categoría de “casta” por su trayectoria en la función pública y, por eso mismo, el candidato radical viene insistiendo con que el peronismo representa la vieja política del clientelismo y la dádiva.

Ayer por la tarde, Parodi ofreció una conferencia por YouTube en la que mostró un video en el que se observa a un candidato a concejal del peronismo, Leonardo Ferrario, cargar chapas en una camioneta estacionada en el Centro Cívico. En el costado derecho, el vehículo, un viejo Rastrojero, tiene pegado un afiche de De Rivas.

Parodi, flanqueado por Gabriel Abrile, se mostró indignado por las imágenes y dijo que son una muestra de las prácticas del peronismo.

¿Es algo nuevo lo que se vio en el video? ¿Constituye una acción exclusiva de la actual campaña? Claramente no. Ha habido ocasiones, como por ejemplo en la elección municipal de 2012, en que el reparto llegó a niveles obscenos. La acción no es nueva, lo nuevo es el contexto. Y en ese punto vuelve a entrar en cuestión la situación nacional, la irrupción del mileísmo y el discurso de la antipolítica: hay que ver el nivel de tolerancia que existe actualmente ante videos como el de las chapas del Centro Cívico u otros similares.

Lo que está en juego es una pulseada para determinar quién tiene más éxito en adjudicarle a su adversario alguno de los términos que integran el universo Milei.

El segundo elemento que apareció en esta elección, que se vio pero que no tuvo dueño, es una práctica antigua como la política pero novedosa en su modalidad de ejecución:la campaña sucia.

La primera en denunciar hostigamiento en las redes y la construcción de una agenda de fake news fue Adriana Nazario, quien destinó tiempo y recursos a tratar de desmontar cada operación en su contra:tuvo que salir a aclarar que no es kirchnerista y que su contador no es Hernán Escudero, detenido en una causa por evasión impositiva y lavado de activos.

La actitud de sembrar rumores, noticias falsas o de orquestar maniobras en medio de una campaña no nació en 2024. Incluso el grupo político de Nazario, La Militante, tuvo a algunos de sus principales exponentes detenidos porque una madrugada de 2010 fueron atrapados por la Policía con panfletos en contra del entonces intendente. “Jure ladrón”, decían los volantes que aparecían “firmados” por la Juventud Radical.

Sin embargo, lo que sí es diferente es el alcance que actualmente puede tener una fake news. Con un video editado con estilo periodístico para darle verosimilitud y una promoción en las principales redes se puede llegar a un público masivo y no al acotado mundo que podía ver un panfleto tirado en la calle o pegado en una pared. Es decir, la capacidad de daño es considerablemente mayor.

También Parodi se quejó en las últimas horas de que se orquestaron jugadas en su contra destinadas a desprestigiarlo.

La actual campaña no se privó de nada. Hubo propuestas interesantes, pero también se usó una dosis considerable de juego sucio para tratar de menoscabar a alguno o algunos de los rivales. La exacerbación que se vio en los últimos días de esa faceta de la campaña puede deberse a la indefinición que todavía atraviesa al escenario político riocuartense. Cuando no se sabe qué va a ocurrir, cuando las siempre cuestionadas encuestas oscilan entre un vaticinio y otro, parece imponerse una doble actitud de construir y a la vez destruir.

La intensificación de la campaña parece contradecirse con una incógnita que está instalada en el actual proceso electoral:¿cuánta gente irá a votar? No es un dato anecdótico. En Hacemos Unidos y en Primero Río Cuarto, en el oficialismo y en la oposición, entienden que una concurrencia menguada favorece a De Rivas y que un mayor caudal de votantes eleva las posibilidades de Parodi.

Queda por delante una semana. Una semana plagada de feriados, en la que habrá también una disputa por la atención. Los candidatos preparan sus cierres de campaña, disponen de sus últimas estrategias para tratar de mejorar sus potencialidades para el domingo. No es un período para relajarse, ni mucho menos. Los encuestadores suelen decir que desde hace un tiempo cada vez más personas definen su voto en las recta final, en esas últimas horas decisivas.