En el oficialismo circulan encuestas cualitativas que le indican que la gente valora las grandes obras estratégicas de infraestructura, como por ejemplo la Circunvalación, pero que además está exigiendo que haya una mejora de su contexto más cercano:su barrio, la calidad de los servicios que recibe, las calles por las que circula. “Antes, con una obra como la Circunvalación te sobraba. Pero ahora la gente nos corrió el arco:probablemente no alcance y, por eso, el gobierno provincial se dio cuenta de que tiene que ayudar a los intendentes. Porque, en definitiva, las elecciones se ganan en las ciudades grandes”, indicó un funcionario oficialista.
Como si estuviera en campaña, Llaryora está recorriendo la provincia. En su equipo confían en el potencial electoral del plan de obras. “Estamos en todos lados. Eso va a empezar a dar frutos porque este año vamos a ir terminando muchas obras. Y en Río Cuarto, el reconocimiento va a llegar cuando la habilitemos”, dicen en la Provincia. Como acción paralela, habrá auxilios para los intendentes y proyectos en conjunto. En Córdoba capital el esquema ya arrancó:la gestión de Llaryora está financiando el arreglo de calles. En el Palacio de Mójica, dicen que en Río Cuarto pasará algo similar porque los baches se han vuelto uno de los reclamos principales en la ciudad. El gobernador estuvo la semana pasada: recorrió obras, habló con vecinos, se mostró con el intendente y trajo a sus ministros para devolverle en los hechos a Río Cuarto su estatus de capital alterna. No fue casual ni puntual: es parte de una decisión para mejorar en el sur.
La elección de octubre provocó un shock en el oficialismo provincial, que comprendió que el fenómeno Milei es más persistente de lo que parecía en principio y que implica un peligro para su propia supervivencia. Los operadores nacionales del cordobesismo están convencidos de que el mileísmo espera construir desde 2027 una arquitectura distinta de poder, asentada en cuatro distritos fundamentales:provincia de Buenos Aires, CABA, Córdoba y Santa Fe. “No parece muy probable que acepten negociar ese objetivo”, indicó un funcionario que accede a las conversaciones con la Rosada.
Para el peronismo cordobés, como para el resto del sistema político, el dilema fundamental pasa por dos aspectos: cómo posicionarse ante Milei y, más decisivo aún, cómo enfrentarlo en las urnas. “Nosotros no podemos sentarnos a esperar que el estilo, el modelo libertario empiecen a cansar a la gente porque eso no es hacer política. Y porque puede tardar más de lo que pensamos”, indicó un dirigente del oficialismo.
En cuanto a cómo posicionarse, hay voces y sectores dentro del justicialismo cordobés que le reclaman a Llaryora que se peronice, que asegure ese voto. Eso implicaría confrontar con Milei y lo que representa en vez de, por ejemplo, pagar el costo político de haber contribuido a que fuera aprobada la reforma laboral. “No es tan simple -evaluó un funcionario-. Porque tenemos el problema de la manta corta. Si nos peronizamos, tapamos una parte pero destapamos otra. Porque nosotros ganamos Córdoba no con el voto peronista únicamente sino con el otro, con un sector que nunca antes nos había votado pero que nos viene acompañando porque somos algo distinto”.
Hay un aspecto en el que Llaryora y Schiaretti coincidieron: necesitan reconstruir su identidad como fuerza política, como proyecto de poder. Y el gobernador se inclinó por una serie de acciones de gestión y discursivas que persiguen reforzar al oficialismo de cara a la pelea por la reelección.
En parte, apeló a la historia. Al manual delasotista. A fines de 2013, el entonces gobernador vio que la continuidad peligraba porque la Policía se le había amotinado y lo había dejado debilitado. Entonces, pobló de intendentes su gabinete. La red territorial del peronismo pasó a reforzar el poder central. Algo similar está haciendo ahora Llaryora en un doble movimiento: lleva jefes comunales al Panal y, por otro lado, él sale al interior con fondos y obras para reforzar a los distritos en los que gobierna el oficialismo.
Pero, además, se percibe un intento por prestar una mayor atención a temas sensibles, que son reclamos sociales que existen desde hace años pero ante los que no había respuestas. Un ejemplo es el proyecto que Llaryora denominó “La Ley Joaquín” y que envió a la Legislatura para darles más participación en las decisiones judiciales a los familiares que han sido víctimas de delitos gravísimos, conmocionantes.
En el Panal señalan, además, que planean reforzar la atención en salud, mejorar los hospitales, y seguir invirtiendo en seguridad y educación. Es decir, apuntan a que la gestión del oficialismo en su conjunto sea el argumento electoral fundamental.
En el llaryorismo hacen mediciones permanentes para detectar cómo evoluciona la imagen del gobierno. En los últimos meses, los empleados públicos acusaron el golpe de los descuentos adicionales que la Provincia comenzó a aplicar para reducir el déficit de 800 mil millones de pesos mensuales de la Caja de Jubilaciones. Y la imagen de Llaryora se deterioró en ese nicho. Por eso, ahora que Anses duplicará la cifra y enviará 10 mil millones de pesos mensuales para el sistema previsional cordobés, el gobernador está analizando la manera de usar esos fondos para atenuar el malhumor de los estatales. En principio, comenzó con un bono extraordinario de 125 mil pesos para cubrir los gastos escolares de marzo.
Pero más allá de la gestión, Llaryora además está volviendo a introducir, por ahora tibiamente, cuestionamientos al modelo libertario. Sin confrontar con el Presidente, en los últimos días el gobernador reclamó por el estado de la industria, pidió que no haya agresiones a los sectores empresarios, y deslizó una crítica de fondo al decir que a nadie le alcanza el sueldo para llegar a fin de mes. La razón hay que buscarla en las encuestas: dos sondeos acusaron que Milei cayó entre 5 y 7 puntos durante febrero en la provincia.
Esa es la estrategia hacia los cordobeses. Por otro plano pasa la estrategia de relacionamiento con la Casa Rosada cuando haya que dialogar de elecciones. En ese punto, no hay consenso. Hay quienes sostienen que Milei ya no necesita los votos del cordobesismo en el Congreso, salvo en ocasiones puntuales, y por lo tanto no hay armas para condicionarlo. Otra vertiente opina que hay espacio para forzar una negociación. “Hoy Milei ya no gana sin balotaje. Y no tiene que olvidarse de que si Massa no ganó en primera vuelta fue porque Schiaretti fue candidato. Podemos jugar en el tablero nacional y hacerle algún daño si viene por nosotros y no quiere sondear ningún acuerdo”, indicaron en el llaryorismo. Apuestan a la posibilidad de que cada uno priorice resguardar su territorio.
Lo que Llaryora necesita en Córdoba es que la oposición vuelva a fragmentarse. Por ahora, en la constelación en la que prevalece La Libertad Avanza lo que se exterioriza es la tensión. Gabriel Bornoroni, jefe libertario en Diputados, anticipó que LLA tendrá candidato propio en Córdoba, mientras le negó a Rodrigo De Loredo, que asegura que no se bajará por nada del mundo, el estatus de socio de la liga mileísta provincial. Si esa dispersión se mantiene, será un alivio -necesario pero no suficiente- para el cordobesismo, que siempre supo aprovechar los desacoples de sus adversarios.