En 1983 las distintas juventudes políticas realizaron actividades en conjunto por el retorno de la democracia. Si bien había profundas diferencias, las desavenencias quedaron siempre en un segundo plano. Uno de los líderes de la Juventud Peronista de principios de los años 80, Jorge Méndez, aseguró a Puntal que aquella etapa se vivió con una gran intensidad. Además, se refirió a las dificultades actuales para llegar a un entendimiento.
“Los jóvenes estaban todos unidos, pese a las diferencias, porque había un objetivo común que era la democracia. El año 1983 fue vivido con mucha intensidad, pasión y mística. Yo había empezado a militar en 1982, sobre el final de la última dictadura militar. Con las juventudes de otras expresiones políticas trabajamos sobre dos facetas. Por un lado, nos ocupamos de formarnos. Por el otro, avanzamos con la organización del trabajo territorial. Con el paso de los meses, se conformó el Movimiento de Juventudes Políticas. Fue una experiencia interesantísima que nos permitió canalizar el trabajo solidario por los vecinos que menos tenían y también luchar por la recuperación de la democracia. Eso era lo que nos unía”, recordó Méndez.
“En ese marco, hubo varios hechos importantes, pero recuerdo especialmente lo que sucedió en la marcha por las calles de la ciudad con la presencia de Hebe de Bonafini. Fue un momento muy tenso porque había una gran cantidad de servicios de inteligencia que daban vueltas alrededor nuestro, en cercanías a la Catedral”, agregó el exfuncionario municipal.
-Hoy parece que esa unión entre los jóvenes detrás de un objetivo común es casi imposible…
-En principio sí. La mal denominada grieta, que en realidad son dos modelos de país distintos, produce este tipo de consecuencias. De todas maneras, creo que hay temas que deberían unir a los jóvenes porque son banderas indiscutidas. Me refiero a la educación pública y a la defensa de los que menos tienen.
-Volviendo al retorno de la democracia, ¿cómo vivió la elección del domingo 30 de octubre de 1983?
-En esa época había un trabajo muy importante en los barrios. Lo común era que hubiera unidades básicas en distintos puntos de la ciudad. Fue una campaña muy intensa. Estábamos muy observados. Más allá de los resultados, era un momento para festejar porque se había recuperado la democracia. Por supuesto que fue un golpe muy duro el haber perdido a nivel nacional, provincial y local. Eso nos llevó a hacer una gran autocrítica. Se juntaron todos los sectores, desde los más progresistas hasta los más ortodoxos. En aquel momento se discutía mucho sobre ideología. Hoy eso no ocurre, hoy se busca ganar como sea, como si fuera un River-Boca. En ese sentido, por ejemplo, no veo que haya diferencias entre los modelos económicos de la Provincia y de la Nación, pese a que los gobiernos son de distintos tintes políticos.
-La pregunta común a todos los entrevistados es: ¿qué es lo mejor de la democracia y cuál es la mayor deuda en la Argentina?
-La democracia es un estilo de vida. La democracia es un derecho que nosotros tenemos, con los defectos y errores que pueden cometer los políticos. No obstante, es la mejor manera de vivir. En cuanto a las deudas, creo que tienen que ver con las respuestas no dadas a la ciudadanía. Los habitantes merecen vivir en un país mejor, donde seamos libres y reine la justicia social.
“En ese marco, hubo varios hechos importantes, pero recuerdo especialmente lo que sucedió en la marcha por las calles de la ciudad con la presencia de Hebe de Bonafini. Fue un momento muy tenso porque había una gran cantidad de servicios de inteligencia que daban vueltas alrededor nuestro, en cercanías a la Catedral”, agregó el exfuncionario municipal.
-Hoy parece que esa unión entre los jóvenes detrás de un objetivo común es casi imposible…
-En principio sí. La mal denominada grieta, que en realidad son dos modelos de país distintos, produce este tipo de consecuencias. De todas maneras, creo que hay temas que deberían unir a los jóvenes porque son banderas indiscutidas. Me refiero a la educación pública y a la defensa de los que menos tienen.
-Volviendo al retorno de la democracia, ¿cómo vivió la elección del domingo 30 de octubre de 1983?
-En esa época había un trabajo muy importante en los barrios. Lo común era que hubiera unidades básicas en distintos puntos de la ciudad. Fue una campaña muy intensa. Estábamos muy observados. Más allá de los resultados, era un momento para festejar porque se había recuperado la democracia. Por supuesto que fue un golpe muy duro el haber perdido a nivel nacional, provincial y local. Eso nos llevó a hacer una gran autocrítica. Se juntaron todos los sectores, desde los más progresistas hasta los más ortodoxos. En aquel momento se discutía mucho sobre ideología. Hoy eso no ocurre, hoy se busca ganar como sea, como si fuera un River-Boca. En ese sentido, por ejemplo, no veo que haya diferencias entre los modelos económicos de la Provincia y de la Nación, pese a que los gobiernos son de distintos tintes políticos.
-La pregunta común a todos los entrevistados es: ¿qué es lo mejor de la democracia y cuál es la mayor deuda en la Argentina?
-La democracia es un estilo de vida. La democracia es un derecho que nosotros tenemos, con los defectos y errores que pueden cometer los políticos. No obstante, es la mejor manera de vivir. En cuanto a las deudas, creo que tienen que ver con las respuestas no dadas a la ciudadanía. Los habitantes merecen vivir en un país mejor, donde seamos libres y reine la justicia social.
Nicolás Cheetham. Redacción Puntal

