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"El verdadero héroe olímpico es el individuo masculino adulto"

El deporte, reservorio de conceptos binarios y heteronormativos, tiene todavía deudas pendientes con la problemática del género

La frase que encabeza este artículo corresponde a Pierre de Coubertin, máximo promotor de los Juegos Olímpicos modernos. La dijo hace casi 80 años, pero hoy sigue siendo una marca de la que el deporte no puede librarse.

Coubertin fue criado en la eurocentrista sociedad occidental del siglo XIX. Una época en la cual la heteronormatividad y el pensamiento binario del género estaban en todos lados. Los seres humanos se dividían en dos géneros (hombres y mujeres) y cada uno tenía su lugar. A los hombres le gustaban las mujeres y a las mujeres los hombres. Cualquier cosa que no coincidiera con esos cánones socioculturales, eran considerados anormales.

Los deportes eran un ámbito pura y exclusivamente masculinos. Se habían instalado como un componente de la educación de los va-rones de clase media y media alta. Los hombres necesitaban ser fuertes para reflejar el honor y la tradición occidental. Formateaban sus cuerpos a través de algunos de los valores de la Antigua Grecia. Las mujeres no entraban en ese espacio, salvo para admirar las proezas de sus atléticos hombres.

Han pasado varias décadas de la frase de Coubertin y si bien la sociedad ha evolucionado, el de-porte aparece como uno de los últimos bastiones de esa sociedad machista y patriarcal. Un reservorio en el que hablar de igualdad de género o de la comunidad LGBTQ+ sigue siendo un tabú.

Unos días antes de que se des-atara la pandemia, el basquetbolista Sebastián Vega posteo en las redes un mensaje que decía: "La verdad nos hace libres". Adjuntada, estaba la carta en la que le contaba al mundo que le gustan los hombres. Se convirtió así en el segundo deportista profesional argentino en "salir del closet", después de que lo hiciera el voleybolista Facundo Imhoff. Vega cuenta que el peso emocional que implica no poder mostrarse como uno es, resulta en una presión difícil de sobrellevar. Incluso plantea que muchas de sus lesiones pudieron deberse a ese nivel de estrés.

El miedo a la exclusión y a ver afectadas sus carreras son algunos de los problemas que acarrea el ser gay en el mundo del deporte. La desgarradora autobiografía de Gareth Thomas da cuenta de eso. El ex rugbier galés hizo pública su homosexualidad luego de retirado. En el libro relata el terrible recorrido que le implicó ocultar que se sentía atraído por los hombres. El impacto de su confesión fue tre-mendo. Símbolo de la rudeza obrera británica, el calvo musculoso expresó cómo lo destrozaba por dentro no poder vivir libre-mente. Cuando lo convocaron a la selección, lloró porque sintió que cada paso en su carrera era un candado más al armario.

Hay ejemplos de atletas que perdieron mucho por declararse homosexuales. El clavadista Greg Luganis terminó en la banca rota debido a la perdida de sponsors luego de "confesar" que era gay. El futbolista Justin Fashanu terminó quitándose la vida luego de años de hostigamiento. El nigeriano le dijo a la prensa que era homosexual en 1990 y su carrera se fue a pique.

Daniel Pasarella, siendo técnico de la selección, dijo que no convocaría a ningún jugador que se declarará homosexual. A raíz de esa declaración, la revista El Gráfico hizo una encuesta. 18 de los 20 entrenadores de Primera División coincidían con el Kaiser. El ex mandatario Mauricio Macri -en 1997 siendo presidente de Boca-dijo que sería complicado tener a un jugador gay en el equipo por-que se trata de una persona "enferma".

En el fútbol profesional no hay registro de un jugador en actividad que se haya declarado homosexual. En la Liga de Río Cuarto tampoco hay casos, aunque cabe preguntarse cuál sería la reacción.

La cuestión del género para las mujeres es aún más compleja. Desde la concepción de los deportes modernos han estado excluidas. Como se dijo más arriba, los promotores de las disciplinas actuales tomaron como ejemplo los antiguos juegos que se realizaban en Grecia. Parece ser que se "olvidaron" de aquellas actividades en las que participaban las mujeres, por ejemplo, en honor de la diosa Hera.

Las mujeres son vistas como invasoras de un territorio que es netamente masculino. Para algún sector conservador, nunca debieron abandonar la tribuna.

La división de categorías femeninas y masculinas del deporte tiene su origen en la mirada binaria de la sociedad. Las mujeres pudieron acceder al deporte, pero siempre con límites. Los géneros no se cruzan casi nunca en las competencias y son muy pocas las disciplinas mixtas.

Esa separación, anclada en lo sociocultural, muchas veces se justificó desde lo científico o lo genético. La mujer no puede competir con el hombre por cuestiones biológicas. Es el "sexo débil", por lo que corre con desventaja.

A lo largo de la historia, cuando las mujeres han alcanzado registros o marcas cercanas a las de los hombres se las ha mirado con sospecha. El Comité Olímpico Internacional (COI) y la Federación Internacional de Atletismo han sido muy criticados por sus pruebas de "verificación de sexo". Se trate de análisis genéticos a los que se somete a las atletas para demostrar que hormonalmente son mujeres. Bajo el argumento de supuestas ventajas antideportivas genéticas, la sudafricana Caster Semenya fue víctima de persecuciones y burlas. Para poder seguir compitiendo en la categoría femenina tuvo que demostrar que biológicamente era mujer.

Numerosas investigaciones han puesto blanco sobre negro res-pecto de como son de excluyentes estos exámenes. Los hombres no deben demostrar que son hombres. Además, no las mediciones no se hacen con la misma vara. En términos simples, se excluye a una atleta por exceso de testosterona, pero si un nadador tiene las extremidades más largas o mayor capa-cidad respiratoria, producto de algún tipo de desajuste genético, se lo considera un atributo particular.

El argumento tiene un origen binario y patriarcal. Tiene la fuerza necesaria para hacerse pasar por justo. Muchas atletas mujeres hablan de la desventaja deportiva para protestar ante casos como el de Semenya.

Así como la homosexualidad y el feminismo recién empiezan a golpear la puerta del "deporte tradicional", el transexualismo todavía no terminó de llegar al zaguán. Si las mujeres con exceso de testosterona son un problema porque rompen la idea binaria, la llegada de atletas transexuales quiebra cualquiera de las viejas y oxidadas categorías.

En los Juegos de Río 2016 el COI cambió sus políticas y determinó que ya no es necesario que los de-portistas transgénero atraviesen una operación para competir en la rama correspondiente a la identi-dad de género que expresan. De todos modos, mantuvo sus recomendaciones respecto a la medición de la testosterona en el caso de las competencias femeninas.

Argentina fue noticia en estos días debido a que Mara Gómez podría convertirse en la primera jugadora trans en la división mayor de AFA. Si bien todavía falta la oficialización, si no ocurre nada ex-traño, quedaría habilitada para jugar con Villa San Carlos.

Lejos de especular con el argumento de la ventaja deportiva, el fútbol femenino argentino recibió con aplausos la noticia. Será un paso más en la discusión de género dentro del deporte.

En Río Cuarto el debate todavía no llegó. No ha habido por ahora pedidos de jugadoras trans que quieran sumarse a los equipos de la liga. El caso más cercano es el de María Victoria Neira, quien juega en el equipo Defensoras del Sur de Ucacha y compite en un campeo-nato comercial de Bengolea.

Aquella frase de Coubertin que ubicaba al deporte en un ámbito pura y exclusivamente masculino, todavía parece tener mucha fuerza. El muro construido en aquellos tiempos parece empezar a mostrar grietas. Algunas más amplias como las del rol de la mujer y otras todavía pequeñas, como el de la homosexualidad.