¿Y si el desierto es circular?
La semana pasada dejó la visita de la titular del FMI a la Argentina. Luego de destacar la estabilidad y el orden macro, pidió atender cuestiones micro como la elevada mora y que los resultados lleguen a más sectores de la economía para darle sustentabilidad al programa, a un año de las elecciones presidenciales
Para la consultora Mora Jozami, de Casa Tres, el desafío ya no es sólo que los números cierren sino que más argentinos digan: “Ahora sí, a mí también me está yendo mejor”. Esa es, hasta acá, la pata floja del programa económico del Gobierno, que no sólo abarca a personas, sino también a miles de comercios, pymes, industrias y empresas en general.
El mensaje del presidente Javier Milei desde un comienzo fue en dos direcciones: ordenar el desaguisado económico demandará un importante costo que lo pagará la casta, pero remarcó también que el esfuerzo que implicaría cruzar el desierto sería recompensado con décadas de prosperidad. De hecho, la hoja de ruta muestra que “en 10 años seremos como España, en 20 años como Alemania y en 30 años como Estados Unidos”.
Hoy no hay discusión posible sobre que el primer enunciado fue más un eslogan de campaña que una realidad. Como el de dolarizar la economía o cerrar el Banco Central. Fueron excelentes recursos de comunicación.
Pero hasta aquí, el programa económico tuvo como eje central y casi exclusivo el del equilibrio fiscal y el combate de la inflación. De fondo, retumban las palabras del ministro Luis Caputo cuando explicó que su preocupación era el orden de la macro porque la micro se ordenaría sola.
Lo cierto es que el orden de las cuentas fiscales tuvo mejores resultados que el control de los precios, pero los dos terminaron atentando contra la actividad, que fue en definitiva la que terminó pagando el costo.
La mora de las familias, una señal que inquieta
La evidencia llevó incluso a la directora general del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, de visita en Argentina, a remarcar algunas correcciones necesarias para lograr que el plan sea sustentable y le permita al Gobierno transitar mejor el próximo escenario electoral.
Por ejemplo, la titular del FMI destacó la necesidad de mirar el alto nivel de mora de las familias. Y sugirió “la creación de mejores condiciones financieras para aquellos que toman préstamos para poder utilizar los recursos financieros de los bancos argentinos; es que algunos bancos han acumulado préstamos en mora y hay que gestionarlos”, apuntó la búlgara, algo que no encontró por ahora eco en el Ministerio de Economía. El ministro insistió en las últimas horas que el nivel de mora es un problema entre privados y el Gobierno no tiene por qué meterse ahí. Claro que más allá de la definición del funcionario lo relevante allí es la magnitud: cuándo deja de ser un problema focalizado y se transforma en un riesgo sistémico.
Vale recordar que la tasa de mora en Argentina para las familias alcanzó el 12,8% en mayo, según el Banco Central. Allí adentro se destaca lo que ocurre con préstamos personales en los que la tasa de morosidad saltó de 3,3% en octubre 2024 a 15,9% en mayo de este año. Por su parte, el incumplimiento con las tarjetas de crédito replicó esa tendencia, despegando de un piso de 1,6% en octubre de 2024 hasta alcanzar 13,1%. En algunas billeteras virtuales y las Fintech las cifras superan el 30%.
Infraestructura, construcción y competitividad
Georgieva también mencionó la infraestructura, un capítulo que comienza a ser advertido cada vez con mayor fuerza, especialmente por los efectos económicos del deterioro. Transporte y seguros tienen cargada una alta incidencia de los riesgos de transitar en las rutas argentinas. Eso impacta de lleno en los costos. Pero además, es inocultable los efectos en el mundo de la construcción, que sigue con niveles bajísimos de actividad y con un empleo que se desgrana sin pausa.
El Gobierno decidió paralizar la inversión en infraestructura bajo la excusa de la corrupción; algo innegable que se abona con múltiples causas judiciales en los juzgados federales. Pero la solución de los problemas no puede pasar por barrerlos abajo de la alfombra. No hacer obra pública no puede ser la salida ante un sistema corrupto porque se condena al país y a sus sectores productivos a una pérdida de competitividad creciente, con un costo futuro de magnitud incalculable.
Mientras tanto, al Gobierno le sirvió para lograr aquel primer objetivo de equilibrar las cuentas. Eliminar las erogaciones en obra pública y recortar fuerte el gasto en salarios públicos (eliminación de 70 mil empleos y recorte salarial promedio real del 36%) fueron dos piezas claves para alcanzar la meta.
La recuperación todavía no llega a todos los sectores
Concretamente, luego de destacar la mayor estabilidad alcanzada y repasar los sectores que traccionan y lideran el crecimiento en el país, la titular del FMI remarcó que “la siguiente fase consiste en garantizar que estas oportunidades se extiendan a toda la economía”.
Y agregó: “Ese mensaje quedó claramente reflejado en mis conversaciones con líderes empresariales. Celebraron la renovada estabilidad del país y la creciente confianza de los inversores, al tiempo que destacaron la importancia de reducir las barreras a la inversión y extender la recuperación a más sectores”.
Allí se podría incluir a la construcción, la industria y el comercio. Pero especialmente a buena parte de la población que, como lo remarcó Mora Jozami, necesita sin más demoras observar en el horizonte que el desierto llega a su fin y no que permaneció todo este tiempo caminando en círculo.