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Detectan hepatitis E de ratas en aguas residuales de la ciudad de Córdoba y advierten sobre un nuevo desafío para la salud pública

Un equipo del Instituto de Virología “Dr. José María Vanella” confirmó la circulación del virus en aguas residuales de la capital provincial, con una tasa de detección elevada y sostenida durante dos años consecutivos

La ciencia cordobesa acaba de encender una señal de alerta que, sin generar alarma inmediata, obliga a mirar debajo de la superficie urbana. Un equipo del Instituto de Virología “Dr. José María Vanella” confirmó la circulación del virus de la hepatitis E murina (R-HEV) en aguas residuales de la ciudad de Córdoba, con una tasa de detección elevada y sostenida durante dos años consecutivos.

El hallazgo —difundido a principios de febrero en el Reporte Epidemiológico Córdoba y difundido en la revista científica Emerging Infectious Diseases— constituye la primera evidencia de circulación ambiental de este virus en Argentina y posiciona a la provincia en la agenda internacional de vigilancia de patógenos emergentes.

El estudio fue desarrollado por la licenciada en Biotecnología y estudiante de doctorado, Bianca Filoni, bajo la dirección de la doctora María Belén Pisano y la codirección de la doctora Viviana Ré, actual directora del instituto, junto con la estudiante de biología, María Emilia Lucero, y un equipo de trabajo que incluyó a profesionales del Instituto, miembros de la planta de tratamiento de aguas residuales de la ciudad de Córdoba y del Laboratorio Central de la provincia de Córdoba.

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Un hallazgo con cifras contundentes

El virus detectado pertenece a la familia Hepeviridae, la misma del virus de la hepatitis E, causal de hepatitis en humanos a nivel mundial. Durante años se creyó que su variante murina era exclusiva de roedores.

Sin embargo, desde 2018 —cuando se reportó el primer caso humano en Hong Kong— comenzaron a documentarse infecciones en distintos países de Asia, Europa y América del Norte. Hoy se lo considera un patógeno con potencial zoonótico emergente.

Entre enero de 2023 y diciembre de 2024, el equipo analizó 99 muestras recolectadas semanalmente en la Estación Depuradora de Aguas Residuales “Bajo Grande”, que procesa efluentes de aproximadamente el 57% de la población de la capital cordobesa.

Los resultados fueron contundentes: el 67,7% de las muestras dio positivo para R-HEV mediante técnicas de biología molecular (RT-PCR), que detectan el material genético del virus.

En 2023 la positividad alcanzó el 77,6%, mientras que en 2024 fue del 58%. Según el reporte, el análisis del genoma viral confirmó que las cepas correspondían a Rocahepevirus ratti (hepatitis E murina), genotipo C1, con similitudes a cepas detectadas en Europa y Canadá.

La elevada tasa de detección sugiere una circulación ambiental sostenida en el entorno urbano. Aunque no se ha confirmado hasta el momento ningún caso humano en Argentina, la magnitud del hallazgo obliga a ampliar la vigilancia.

“Lo que encontramos es evidencia de circulación viral en el ambiente”, explica Filoni, para explicar a continuación: “No podemos afirmar que haya casos humanos, pero los datos indican que el virus está presente de manera persistente en el entorno urbano, probablemente asociado a la interacción de roedores con las redes cloacales”.

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¿Qué es la hepatitis E murina?

Las profesionales explicaron a Salud & Ciencia que la hepatitis E murina es una infección causada por un virus de la misma familia que el virus de hepatitis E, y que tiene como reservorio principal a las ratas.

Se cree que se transmite por vía fecal-oral, es decir, a través de agua o alimentos contaminados con orina o material fecal de roedores infectados. En humanos, los casos reportados hasta ahora muestran un espectro clínico variable y puede comportarse como una hepatitis aguda convencional —con fiebre, dolor abdominal, ictericia, vómitos y alteraciones hepáticas— o evolucionar hacia formas crónicas, especialmente en personas inmunocomprometidas.

“En el diagnóstico de hepatitis aguda existen cinco virus clásicos: A, B, C, D y E. Hoy no se busca de rutina el virus de hepatitis E de rata e incorporarlo podría ayudarnos a esclarecer casos que actualmente quedan como hepatitis de causa desconocida”, señala la doctora Viviana Ré.

Por su parte, la doctora María Belén Pisano agrega que la experiencia internacional demostró que el virus puede producir enfermedad sintomática tanto en pacientes inmunodeprimidos como inmunocompetentes.

“A partir de 2018 comenzó a buscarse activamente en humanos y se detectaron casos crónicos, donde el virus persiste más de tres o seis meses”, sostuvo Pisano.

“Una Salud”

Las ratas son consideradas el reservorio natural del R-HEV. Su presencia en sistemas cloacales convierte a las aguas residuales en un punto estratégico para la detección temprana. “El rol de los roedores es clave. El contacto directo o indirecto con excretas contaminadas podría ser una vía potencial de transmisión”, indica Filoni, para considerar que en este punto cobra relevancia el enfoque “One Health” o “Una Salud”, que integra la salud humana, animal y ambiental.

En ese sentido, entiende que la detección ambiental no es un punto final sino un punto de partida: implica ahora investigar la circulación en roedores locales, evaluar otros posibles reservorios como cerdos —donde también se ha descrito el virus— y comenzar estudios en humanos.

La vigilancia de aguas residuales se consolidó en Argentina durante la pandemia de COVID-19, cuando permitió monitorear la circulación comunitaria del SARS-CoV-2 incluso antes de que aumentaran los casos clínicos.

“El sistema tiene experiencia y capacidad técnica”, explica Pisano, para señalar más adelante: “Las aguas residuales funcionan como un resumen de lo que circula en la población. Permiten estudiar virus conocidos y detectar nuevos”.

Este tipo de vigilancia -consideran- no reemplaza al diagnóstico clínico, pero lo complementa. Detectar un virus en el ambiente brinda información anticipada sobre su presencia y posible diseminación.

¿Está preparado el sistema sanitario?

Para las investigadoras, Argentina cuenta con infraestructura y recursos humanos capacitados para enfrentar este tipo de desafíos.

El principal obstáculo es la sostenibilidad financiera y logística de las investigaciones. “En términos de capacidades, el país está preparado. La limitación suele estar en el financiamiento y en sostener estas líneas de trabajo en el tiempo”, expresó Filoni.

El equipo ya proyecta los próximos pasos: estudios serológicos para detectar anticuerpos contra el R-HEV en población humana, análisis de muestras clínicas en pacientes con hepatitis sin diagnóstico y muestreos en roedores urbanos. También se fortalecerán colaboraciones internacionales, incluyendo grupos de investigación en China y España.

El hallazgo posiciona a Córdoba como un nodo regional en la vigilancia de patógenos emergentes en América del Sur, donde la evidencia previa sobre R-HEV era prácticamente inexistente.

Las investigadoras resaltan que no se trata de generar alarma social, sino de ampliar el conocimiento y anticiparse. La historia reciente demostró que los virus emergentes pueden cruzar fronteras con rapidez. Detectarlos temprano es una ventaja estratégica.

En un contexto global marcado por brotes de enfermedades infecciosas y expansión de zoonosis, la investigación cordobesa reafirma el valor de la vigilancia integrada. Bajo la ciudad, en sus redes cloacales, la ciencia encontró un indicador temprano. El desafío ahora es traducir ese hallazgo en políticas sostenidas de monitoreo, saneamiento y diagnóstico ampliado.

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