Hoy, en el día del bioquímico, tres referentes del sector plantearon su visión de la actividad y los desafíos para adelante.
Franco Pirchio, vicepresidente del Centro de Bioquímicos, indicó que la mayor evolución en la profesión se produjo con la incorporación de la tecnología. “Lo que antiguamente se hacía de manera manual hoy en día empieza a estar automatizado. Eso no implica la ausencia del profesional; al contrario, porque el control del equipamiento implica ejercer controlar la calidad, monitorear el desempeño, correlacionarlo con la patología existente en el paciente. Y eso no lo realiza la tecnología”, indicó.
Agregó que la tecnología impacta, principalmente, en la variable tiempo. “Lo que antes tardaba entre 7 y 10 días hoy puede tenerse en 24 horas”, señaló Pirchio.
Gustavo Ferreiro, de Laboratorio Ferreiro, manifestó que la profesión se ha ido transformando. “Ha ido evolucionando de la mano del desarrollo tecnológico. Con el paso de los años dejó de ser una actividad secundaria de acompañamiento a la medicina; hoy la explosión tecnológica la ha convertido en una herramienta sumamente importante para la medicina y la salud”, manifestó Ferreiro.
Y agregó: “Hoy, los resultados de laboratorio son fundamentales. Se han creado metodologías y equipamientos con una especificidad y una precisión que hacen que los resultados sean decisorios en el diagnóstico, el tratamiento y la prevención”, manifestó.
Ferreiro señaló que, a pesar de las diferencias, el sistema de salud argentino está a la altura de los primeros países del mundo. “Y la bioquímica, en las oportunidades que nos ha dado la política cuando dejó ingresar tecnología, se ha ido jerarquizando en ese proceso. La modernización de los sistemas y los métodos nos obliga a estar a la altura de las circunstancias”, planteó.
Y puntualizó: “La automatización no es un robot que hace todo; debe haber un ser humano, un profesional preparado, capacitado para garantizar el control de calidad y la certeza de los resultados. La tecnología no viene sólo con equipamiento sino con la obligación de formación académica. Y también de adecuación del contexto; tenemos que cumplir normas internacionales y eso creó un camino a la excelencia. En la Argentina de hoy eso tiene un costo muy importante, más aún en un contexto de crisis”.
Efectos
En ese marco, el presidente del Colegio de Bioquímicos, Leonardo Bazzara, detalló cuáles son los inconvientes que la situación actual les plantea a los profesionales en términos de sostenibilidad de los laboratorios por el efecto combinado de la suba de costos y el retraso de los aranceles.
Esta semana, las clínicas de la ciudad plantearon que existe un fuerte desfasaje entre los incrementos que van autorizando obras sociales de alta relevancia, como por ejemplo el Pami, y los costos reales que tienen que afrontar tanto en insumos como en sueldos desde que la devaluación descontroló los principales índices económicos.
Esa situación se repite a grandes rasgos para los bioquímicos, cuyos costos están mayoritarimente atados a la cotización del dólar y, por lo tanto, han registrado aumentos que están varios puntos por encima del índice general de inflación.
“Esta situación económica impacta de lleno. Muchos de nuestros insumos están dolarizados y los incrementos estuvieron por encima del precio al consumidor. Por otro lado, lo que se ha logrado en ingresos en salud, tanto en mutuales como en obras sociales y prepagas, ha sido muy por debajo de la inflación. Eso crea una brecha muy grande, con ingresos por debajo de la media y con reactivos cada vez más caros. Una combinación así desfinancia a cualquier laboratorio e imposibilita la adquisición de nueva tecnología, lo que nos obligar a estar en permanente diálogo con las prepagas y las obras scoiales para ver la recomposición de los precios”, señaló el presidente del Colegio de Bioquímicos.
Y agregó que la aspiración de los profesionales es evitar que la actual crisis redunde en un atraso tecnológico: “Se trata de priorizar la calidad de los estudios pero se complica la renovación del equipamiento por los altos costos y la falta de acceso al crédito”.