Desde las organizaciones de Derechos Humanos pronostican que las marchas que se verán hoy serán multitudinarias, no sólo por conmemorarse 50 años sino también por “la amenaza permanente de este gobierno (de Javier Milei) al proceso de Memoria, Verdad y Justicia”.
Así, lo enuncia Martín Fresneda en diálogo con Puntal. El miembro fundador de la agrupación Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S) cree que, si fuera por Milei, éste indultaría a los militares, pero esto no ocurre porque el presidente traza “buenos diagnósticos políticos como para advertir que si llegan a tocar el proceso de Memoria, Verdad y Justicia con un dispositivo de impunidad, la respuesta social va a ser contundente”.
Otra parte de la sociedad, en cambio, se siente satisfecha y hasta representada con la posición adoptada por el actual gobierno nacional denominada ‘Memoria completa’. Uno de los participantes del video oficial lanzado a las 9 horas de esta mañana, Arturo Larrabure, sostiene que “a la historia argentina le estaban faltando partes y que había que narrarlas para los más jóvenes que no vivieron eso y fueron adoctrinados en los colegios luego de que el gobierno kirchnerista bajara una orden muy clara de segregar y segmentar la historia”.
Consultado por Puntal sobre si va a salir a marchar esta tarde, el hijo del militar Argentino del Valle Larrabure responde que nunca ha marchado “ni por una cosa ni por la otra; es algo que no acostumbro”, e insiste en que “la gente está cansada de una memoria que no representa a todos, de una memoria parcial”.
En un sentido similar, el ex militar José D’Angelo piensa que los años 70 “no pasan y se siguen debatiendo porque está mal que sea la izquierda revolucionaria de los 70 la que nos explique qué son los derechos humanos a los argentinos y tenga en su poder el patrimonio exclusivo del capital simbólico de los derechos humanos y la explicación de la historia reciente”. Y entrevistado por este diario, el ex carapintada retruca: “La desaparición de personas empezó durante el gobierno peronista”.
Debate 1: el contexto
El prólogo del informe Nunca Más comienza diciendo: “Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países”. Con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia se modificó el texto original por considerar que allí Ernesto Sabato defendía la "teoría de los dos demonios".
La romantización de la lucha armada y de esos “jóvenes idealistas” tuvo su antítesis luego en los intentos de desprestigio a esa laboriosa tarea de reconstrucción de la identidad que ha sido reconocida con distinciones internacionales. Mientras que para gran parte de la población Estela de Carlotto es uno de los máximos símbolos de los Derechos Humanos, Victoria Villarruel la define como “la madre de una combatiente de Montoneros, es la madre de una terrorista”.
La pregunta que podríamos hacernos es: en la narrativa histórica, ¿qué ha tenido mayor visibilización? ¿Madres y Abuelas de Plaza de Mayo o los familiares de víctimas de la guerrilla? ¿Qué historias conocemos más?
Para Martín Fresneda, “es una responsabilidad de Milei o del gobierno si les dan visibilidad o no” a las víctimas de las organizaciones armadas. “Eso no sería un conflicto. Nadie niega la existencia de esas víctimas. Lo que se discute es la equiparación de responsabilidades entendiendo que el pasado se dirimía por dos bandos y que uno de los bandos provocó y justificó el accionar del terrorismo de Estado”, argumenta.
José D’Angelo confirma la suposición de Fresneda: “Hemos tenido una guerra de baja intensidad. Lo dicen los jefes montoneros”. Y añade: “Las organizaciones guerrilleras violaron todos los artículos del código penal. Cuando se habla del Estado hay que saber que el Estado cubano apoyó la guerrilla. En definitiva, lo que hay que condenar es cómo se hizo la represión (de la dictadura), pero no la represión porque la enorme mayoría del pueblo argentino estuvo de acuerdo con que salgan los militares”.
¿Qué significa para usted el 24 de marzo?
Arturo Larrabure: A mí el Golpe me encontró con la familia totalmente destruida porque a mi padre lo secuestraron el 11 de agosto de 1974 y lo tuvieron cautivo 372 días; tiraron su cuerpo ya asesinado el 23 de agosto de 1975. A partir de ahí tuvimos que reconstruir nuestra familia lo mejor que pudimos porque mi madre no quería comer, no quería vivir. Junto a mi hermana decidimos dedicar nuestra vida a que ella no se nos fuera como se nos había ido nuestro padre. El 24 de marzo de 1976 no es que pasó desapercibido, pero no le dimos la importancia que tenía y que después fuimos analizando. Esos años para nosotros fueron una tragedia.
El Gobierno busca reinstalar la versión de ‘memoria completa’, ¿eso es negacionista?
Fresneda: No. Eso es tensar la idea de una historia atravesada por los juicios por la Verdad. Sería tensar la decisión política en 43 años de democracia que construyó una visión y una resolución sobre el pasado. Buscar la memoria completa es un debate que dialoga más con la búsqueda de impunidad a partir de la equiparación de responsabilidades. ¿Qué es lo que le faltaría a la historia para que esté completa?
Debate 2: lesa humanidad
Lo que para muchos hay detrás del legítimo reclamo de justicia para las víctimas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) o Montoneros es la pretensión de que los delitos cometidos por las organizaciones armadas sean considerados crímenes de lesa humanidad.
Preguntado sobre si son equiparables los crímenes de la guerrilla con el plan sistemático de quienes tenían a su disposición todos las herramientas del Estado, Larrabure, actual asesor en Derechos Humanos del Ministerio de Defensa de la Nación, contesta: “Cuando vos tenés un padre que te lo asesinan, la violencia de los dos lados es terrible y es equiparable porque es un familiar que te asesinan. No importa después si la Justicia considera delito de lesa humanidad o no. En el caso de mi padre, Claudio Palacín (fiscal general de la Cámara Federal de Rosario) ha determinado en 2008 que estábamos ante un delito de lesa humanidad y un crimen de guerra. Cuando la violencia te arranca un familiar, no mirás de dónde viene la violencia ni quién lo hizo. Vos sabés que tu familiar ya no existe más y a partir de ahí tu vida va a tener que ser sin esa persona. Desde ese punto de vista es equiparable el dolor”.
Vale agregar que, luego de Palacín, Esteban Righi, en su calidad de procurador general de la Nación, adhirió a un informe elaborado por la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad que concluyó que estos hechos “no pueden considerarse crímenes contra la humanidad, en tanto esa categoría de delitos, a la fecha de comisión de los acontecimientos del caso, estaba formulada sólo para ilícitos cometidos por el Estado o por organizaciones vinculadas a él”
Es fácil empatizar con el elemento emocional (y cierto) de que en ambos relatos hubo víctimas y que cuando un familiar es asesinado poco importa la calificación legal e incluso política. Pero lo que sí importa, importa y mucho, es que vivimos en un Estado de Derecho, el cual debe propender, entre otros objetivos, a la búsqueda de Justicia. Y según nos recuerda Domicio Ulpiano, “justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo”, dar a cada uno lo que corresponde. En este revisionismo, las características de unos y otros hechos nos marcan que, desde lo jurídico, correspondan respuestas diferentes. Ya lo dijo la Corte Suprema de Justicia: los crímenes de lesa humanidad que impiden la prescripción sólo se pueden cometer desde el Estado.
Debate 3: la cifra
Hace unos años Luis Labraña, ex militante de Montoneros, se adjudicó la autoría de la cifra de 30 mil y justificó que fue “una mentira necesaria para conseguir dinero para las madres de los desaparecidos”.
Más potente es la voz de Raúl Alfonsín que resuena y se sigue viralizando en redes sociales a través de una entrevista a la televisión española en 1990. En el minuto 12.50 se reproduce el siguiente diálogo:
- Entrevistadora: No es común encontrar un país con 30 mil desaparecidos…
- Alfonsín: “No, no, 30.000 no, 10.000. Pero de todos modos, que sean mil, que sean diez, que sean cinco”.
- Entrevistadora: Señor Alfonsín, ¿no reconoce usted 30 mil desaparecidos?
- Alfonsín: No, señor. De ninguna manera. Yo quiero decir las cosas como son.
El cuestionamiento a la exactitud de la cifra ubica inmediatamente a quien formula ese planteo en la vereda “negacionista” y se desacredita de manera automática la visión por una recopilación objetiva de los datos por sobre lo “simbólico”.
¿Qué te genera cuando se dice que no son 30 mil?
Fresneda: Una cosa son 30 mil detenidos desaparecidos y otra cosa son 30 mil desapariciones forzadas. Es como que quisieran constantemente buscar cuál es la falacia en la narrativa de las víctimas. Si querés realmente dirimir un número, andá a la CONADEP. El avance de las investigaciones gracias a los juicios de lesa humanidad determina una cifra que se va modificando en función de las apariciones. Y si quieren ir reduciendo el número de desaparecidos les sugiero qué digan dónde están entonces. Ahí los vamos a ir considerando muertos y se va a ir reduciendo la cifra. Por lo tanto, la pregunta es: ¿ese es el debate para completar la verdad? Pues, entonces, dispuesto a debatir. No es un problema debatir cifra por cifra. Pongámonos a ver número por número la cantidad de personas que pasaron por centros clandestinos. Si quieren construir una memoria completa, a nosotros nos faltan los cuerpos de nuestros padres, nos faltan las 300 identidades de familiares, esas son las verdades que nosotros nos faltan. Me gustaría saber cuáles son las verdades que a ellos les faltan porque me parece más un relato que una discusión seria para construir un punto de avance en el debate a 50 años de dictadura.
Los tres entrevistados de esta nota tienen un punto en común: todos afirmaron que están dispuestos a revisar y rediscutir la historia, las distintas líneas interpretativas. Sobre lo que no hay discusión es sobre lo fáctico, sobre los hechos enumerados en la primera línea de este texto y a los que no queremos volver NUNCA MÁS.