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El combustible cordobés que genera inversión y ahorro de dólares

En el esquema de ahorro de divisas el etanol de maíz puede ser otro aliado clave de las autoridades nacionales -actuales y futuras- debido a que el país no alcanza a producir la nafta que consume. En 2022 compró por US$ 1.000 millones. Con un mayor corte evitaría ese drenaje e incentivaría fuertes inversiones

Desde 2006 en que se dio el marco normativo de la ley de biocombustibles en la Argentina, y que tuvo vigencia durante 15 años, la industria avanzó a paso firme desde el Norte al centro del país de la mano de la caña de azúcar en Jujuy, Salta y Tucumán, sumando fuerte al maíz en Córdoba, Santa Fe y San Luis. Esa sola descripción geográfica muestra claramente el desarrollo federal que brinda una producción que complementa a los combustibles para llegar a los tanques de nafta de todo el país con un corte que actualmente está en el 12%. Es decir, por cada 100 litros que se cargan en una estación de servicio, 12 son de etanol y 88 de nafta. Los 12 deberían estar repartidos en partes iguales entre caña y maíz, pero este segundo es el que garantiza el cumplimiento de la normativa antes los vaivenes de la caña.

En 2021 hubo un extenso debate en torno a cómo continuar con un proceso claramente virtuoso porque no sólo desde lo ambiental aporta un valor relevante por reducir drásticamente su huella, sino pensando en una restricción cambiaria severa como la que vive el país, el etanol reemplaza la importación de naftas. Hoy la producción que tienen las petroleras no alcanza a cubrir la demanda interna, por lo cual ese 12% sería importado. Aún así, Argentina sigue importando nafta. ¿Se puede producir más etanol para evitarlo? Claramente la respuesta es que sí, pero falta la decisión de avanzar con políticas favorables para el sector. Eso implica aumentar el corte en al menos tres puntos, aunque en realidad hoy la discusión de las empresas con la Secretaría de Energía, que depende del Ministerio de Economía, es llevarlo a 18%. Eso implicaría un salto significativo que además tendría una sola respuesta posible: el maíz. No hay chances hoy de que la caña mejore su producción. En cambio las etanoleras que utilizan el grano del cereal para moler tienen un potencial enorme porque lo que sobra en el país, incluso en esta campaña que fue paupérrima, es maíz. En los años cuya producción ronda valores normales por arriba de los 50 millones de toneladas, se exporta más del 65% en grano. Al 35% se le agrega valor en carnes, leche o etanol, entre otros muchos usos. Sólo es necesario pensar que con unas 3 millones de toneladas más que se procesen, se duplicaría el porcentaje actual de producción. Además, las etanoleras de maíz están ubicadas estratégicamente sobre el cordón maicero nacional que se ubica en la región de Río Cuarto. Esto a su vez permite a muchos productores, que antes cobraban el valor de pizarra menos flete por su cosecha, que ahora reciban la totalidad cuando le entregan a las etanoleras. También hay un beneficio hacia abajo de la cadena.

Por supuesto que al tratarse de una industria estas empresas hoy generan agregado de valor, empleo de calidad y compras de manera federal, en el interior productivo. No están ubicadas en las grandes urbes. Las tres etanoleras de maíz más grandes están en Villa María (AcaBio), Alejandro Roca (Promaíz) y Río Cuarto (Bio4).

Hay una cuenta que al interior de la cadena del etanol de maíz se realiza: por cada punto de corte que decida ampliar la Secretaría de Energía, hace falta construir una planta como la de Bio4 o la de Diaser (San Luis). Si la discusión con las autoridades hoy es pasar del 12 al 18 por ciento, eso implicaría unas 6 plantas más.

Hasta acá, la industria invirtió casi 800 millones de dólares, desde que decidió enterrar los primeros fierros en Río Cuarto para comenzar a producir a partir de 2012, seis años después de sancionar el marco normativo. Pero en las últimas horas las novedades de inversión continuaron porque luego de que AcaBio y Bio4 realizaran importantes ampliaciones en su producción, ahora hizo lo propio Promaíz. Las autoridades de esa empresa, que es una sociedad de AGD y Bunge, se reunieron con el ministro Sergio Massa y la secretaria de Energía, Flavia Royón, para explicarles la ampliación que harán en la planta de Alejandro con una inversión de 54 millones de dólares que llevará los 200 millones de metros cúbicos actuales de producción anual a 300 millones. Esperan tenerla lista en julio o agosto de 2024. Para eso necesitan que Economía les habilite las importaciones de bienes de capital necesarios de origen europeo sin las demoras habituales que está teniendo el Sira. Ese fue una parte central de la charla de los empresarios y Massa.

¿Por qué tanta inversión en un sector que no se salvó de los nubarrones en los últimos años? La respuesta obvia es que el escenario inmediato anuncia condiciones favorables. La Argentina el año pasado importó naftas por 1.000 millones de dólares; un escándalo para un país que padece de la escasez de divisas y que por otro lado tiene todo para sustituir ese gasto. Pero además, la proyección de consumo de combustible, sólo teniendo en cuenta el crecimiento vegetativo del parque vehicular, hace que esa cifra invariablemente crezca porque la capacidad de refinación está agotada en el país Para 2030 las importaciones crecerían 40% si no se hace nada.

O se aumenta el corte de etanol o se importan más naftas: no parece haber otra salida. Como dólares no hay, las etanoleras comenzaron a invertir para prepararse ante el próximo escenario, teniendo un guiño de las autoridades que finalmente parecen entender la relevancia de una producción que además pone a Córdoba en la mesa principal de los combustibles a nivel nacional, aun sin tener un solo pozo petrolero.