El culto del dolor
Por Silvina Ambrosini (*) para Salud & Ciencia
Con esto, no nos referimos a aceptar que el dolor es algo que a todos nos sucede y a lo que debemos intentar darle sentido. Nos referimos a que, a muchas generaciones, nos han inculcado que el dolor es el unico camino para dar valor a nuestros actos.
Para entender un poco mejor lo que queremos decir con este “culto al dolor”, vamos a recordar una frase bíblica que, muchas veces, ha sido interpretada en este sentido. En el Génesis, se cuenta cómo Adan y Eva, los primeros seres humanos, desobedecieron a Dios. Al darse cuenta, Dios le dice a la mujer: ...con dolor parirás los hijos… (Génesis 3, 16).
Esta idea permanece aun hoy. Nos han formado en un culto al esfuerzo y al suplicio, donde para que algo sirva o de frutos (“hijos”), el sufrimiento parece ser una condición indispensable. Nuestro planteo busca alejarse de esta idea tan difundida.
Lo que proponemos aquí es entender el dolor como una posibilidad de completar la identidad, de desterrar el reinado de nuestra omnipotencia y de nuestra capacidad de control. En la actualidad vivimos en un mundo donde pareciera que, si tenemos los medios económicos, conseguimos estar rodeados de garantías y seguridades, logramos así controlarlo todo: asegurar nuestra atención médica, la educación de nuestros hijos, la manutención de nuestra familia cuando nosotros ya no estemos. En este contexto, el dolor, el intruso, como lo llama el filósofo y escritor Santiago Kovadloff, nos vuelve realistas, vulnerables. Patea el tablero de lo previsible. Irrumpe… invade… Y al obligarnos a bajar del pedestal desde el que pretendiamos manejar nuestra vida, nos da la posibilidad de crecer como personas.
Por eso, afirmamos que el dolor viene a completarnos.
Del dolor al sufrimiento
Ahora estamos en condiciones plantear la diferencia entre el dolor y el sufrimiento. Podemos afirmar que el sufrimiento es el dolor personalizado. Es el dolor cuando nos traspasa, cuando deja de ser un invasor para convertirse en una experiencia.
El sufrimiento es eso que hacemos nosotros, cada uno, con nuestro dolor. Es el fruto de la negociacion entre lo que creimos ser y lo que sentimos que nos invadió de tal manera que intentó hacernos desaparecer. Es el equilibrio entre nuestra omnipotencia y esa invasión. Es la aceptación de un gobierno compartido: ni somos invulnerables, ni somos el dolor. Somos la elaboracion del diálogo entre ambos.
Santiago Kovadloff expresa bellamente este paso del dolor al sufrimiento:
“En el sufrimiento, el latido del dolor no cesa, pero, amortiguado, ya no impera […]. El sufrimiento es la instancia superior de la conciencia, porque, con él, el dolor que nos desmiente se convierte en el padecer que nos confirma”.
El dolor nos puede enseñar, si lo procesamos y le damos sentido. Pero no siempre el dolor enseña. Ni solo se aprende a través del dolor. Darle al dolor el mérito de enseñar, borra las diferencias entre las personas. Las experiencias son únicas y personales. Nada está escrito ni determinado de antemano.
Vivir es tratar de crecer caminando. Con o sin dolor, mirar hacia adelante, desafiar al tiempo, patear los tableros de la comodidad, madurar, amar y sentirse vivo el mayor tiempo posible!
(*) Lic. en Trabajo Social MN 2425 y Psicooncóloga