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"La situación es desesperante", alertó una médica que atiende pacientes a domicilio

La especialista en alergia e inmunología Mónica Sanabria aseguró que hay que evitar todo tipo de encuentros para darles un respiro a los trabajadores de la salud. Valoró la importancia de las vacunas

Mónica Sanabria es una de las médicas que desde agosto del 2020 visitan los domicilios de los vecinos diagnosticados con Covid-19 (o que son contactos estrechos de los casos confirmados) con el objetivo de brindarles una atención temprana para evitar que los pacientes lleguen a ocupar una cama de internación en las clínicas. Es una tarea que se desarrolla de lunes a lunes y que por estas semanas, en el peor momento de la pandemia, ha crecido significativamente. Es que, además de haber más personas por controlar, hay pocas plazas hospitalarias disponibles.

En diálogo con Puntal, la especialista en alergia e inmunología señaló que estamos atravesando una situación desesperante y planteó la necesidad de evitar todo tipo de reuniones para darles un respiro a los trabajadores de la salud.

-¿Cómo fue que empezaron a realizar consultas a domicilio por Covid-19?

-La Municipalidad dio un paso fundamental en el control de la pandemia al crear un grupo ajeno al COE (Centro de Operaciones de Emergencias) para organizar los controles domiciliarios. Algunos de los médicos que formamos parte de este grupo fuimos convocados por el Municipio, algunos a través del Colegio Médico y otros de manera independiente (Iris Fuentes, Hernán López Ocampo, Sergio Garraza, Federico Palacios, Pablo Negri, Gabriela Yammal, Roberto Rodríguez, Federico Roth, Liz Sanabria, Nancy Díaz, Fabio Citta y Mauricio Eceiza). De ese grupo que se formó el año pasado, actualmente quedamos seis profesionales que trabajamos voluntariamente, aunque recibimos una pequeña remuneración. Desde agosto hacemos visitas a domicilio con remises sanitarios, ambulancias o vehículos de la Municipalidad. Vamos a las casas de los pacientes con Covid-19 de 60 años en adelante y de mayores de 18 años con comorbilidades. A la vez, también visitamos a los contactos estrechos. A todos se les hace un seguimiento exhaustivo. Con la detección temprana de las complicaciones, medicando o internando en forma precoz, la mortalidad disminuyó. Nunca dejamos de hacer los recorridos, aunque en diciembre, cuando bajaron los casos, cayó la intensidad de las visitas. Hoy es distinto. La situación es alarmante, preocupante, angustiante, desesperante…

-¿Qué implicó aceptar el desafío de trabajar en la pandemia?

-Inicialmente, nos enfrentábamos a algo que no conocíamos bien. Al comienzo, sentía mucho temor a contagiarme o contagiar a mi familia, pero por otro lado existe una gran vocación de ayudar y servir. Desde el Municipio nos dieron todos los equipos de protección personal y salimos. El objetivo es contener a las personas. Tratar de que la gente reciba atención lo más rápido posible para evitar la internación. En ese sentido, la situación ha cambiado. El año pasado veíamos mucha gente adulta enferma e internada. Ahora se está viendo mucha gente joven y sana que rápidamente empeora y necesita internación.

-¿Cómo son las jornadas de trabajo?

-De 8 a 20 horas. Mi turno es de 14 a 20 horas. Vemos unos 20 o 30 pacientes por día cada uno, pero a veces llegamos a los 50, por los convivientes. Además, con nuestro grupo del centro en el que trabajo, cuando se detecta un positivo se les ofrece el control a domicilio. Queremos evitar las complicaciones para que esa persona no termine internada.

-¿La vacuna es la luz al final del túnel?

-Estábamos esperanzados en tener a la mayoría de la población vacunada en febrero, pero eso no ocurrió. De todas maneras, la vacuna está demostrando ser la única luz en todo este proceso. Es la única solución. Si bien no hace que la persona no se enferme, disminuye la mortalidad de los que han sido vacunados. En Chile, donde se ha vacunado muy bien, aunque hay problemas por el alto nivel de ocupación de camas críticas, la gente vacunada con dos dosis tiene una mortalidad mucho menor a la no vacunada. Es importante que el ritmo de vacunación aumente en todo el país. En Río Cuarto hay muchos profesionales que están en condiciones de colaborar cuando lleguen más dosis. Ojalá lleguen muchas más. Por otro lado, es necesario que la gente ayude a los que no se han podido anotar todavía para que sean convocados cuando les corresponda.

-Hace unos meses, cuando le realizamos otra entrevista, usted aseguró que había que ponerse cualquier vacuna que llegara al país, ¿todas las que tiene Argentina funcionan bien?

-Sí, la gente ha cambiado. Cuando llegaron las primeras vacunas rusas había gente que dudaba y ahora están los que no quieren las de AstraZeneca por los casos de trombosis que se han detectado en algunas partes del mundo. Los efectos indeseables de las vacunas son ciertos, pero tienen una incidencia muy baja en comparación con los beneficios. Es decir, son más los beneficios que los riesgos. Entonces, hay que vacunarse. Tenemos que recibir las dos dosis.

-Hay especialistas que dicen que con una única dosis ya alcanza…

-Depende del tipo de vacuna. En general, se necesitan las dos dosis para lograr una inmunidad alta.

-Más allá de que las vacunas demoraron más de lo que se esperaba inicialmente, ¿en qué se falló desde el punto de vista de la sociedad?

-Hay una gran irresponsabilidad en la sociedad. Hay muchas personas que todavía descreen de la enfermedad y que después terminan mal. Quizá los mensajes que se dieron no han sido claros o no han llegado. Las propagandas sobre cómo usar el barbijo, cómo lavarse las manos o cómo respetar la distancia social se repiten a cada rato. Sin embargo, muchos hacen caso omiso. Una de las cuestiones fundamentales a tener en cuenta es el hecho de usar barbijos de calidad y no un simple tapaboca de tela. Los que se usan mayoritariamente deberían ser prohibidos. Hay que usar el quirúrgico, el N95 o el del Conicet. Nosotros, con los elementos indicados, salimos 5 o 6 horas por día a hacer visitas domiciliarias y no nos hemos contagiado. Entonces, lo del barbijo se tiene que reforzar porque, más allá de las medidas, la gente se sigue juntando. No hablo exclusivamente de las fiestas clandestinas, me refiero a las reuniones sociales y familiares donde la gente también se contagia. En ese sentido, el mensaje que tengo para dar es que no se junten. No te juntes por uno o dos meses o hasta que bajen los casos. Que nos des una mano, porque el próximo que entre en terapia podes ser vos. En este tiempo me ha pasado de no tener a dónde derivar a los pacientes que necesitan internación. Hay que tener empatía y responsabilidad. No te juntes, usa un buen barbijo y bien colocado.

Nicolás Cheetham. Redacción Puntal