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En consumo problemático "cambia aquel que quiere cambiar"

El psicólogo Juan C. Mansilla explica cómo cambió la nomenclatura para definir lo que primero era 'droga-dependencia', luego 'adicciones', y ahora 'consumo problemático'. Lo que no cambia es ese 'clic' motivacional necesario para salir

“Si no aparece una motivación interna, no hay nada mágico en la posibilidad de resolución”, dice Juan Carlos Mansilla (MP 1257) psicólogo especialista en adicciones, o bien dicho, en consumos problemáticos. Trabaja en la materia desde 1989, un episodio familiar lo llevó en parte a adentrarse cada vez más en esto. Se vinculó con expertos y recuerda aquellos primeros años con poca literatura y casi nada escrito al respecto. Más tarde formó la ONG Programa CAMBIO con mucha repercusión en Córdoba. “Con el paso de los años pase al ámbito académico, luego al ámbito de la política pública, formando parte del gobierno provincial, nacional y en la OEA”, señala. Su formación sucedió en Córdoba, Buenos Aires, Italia, España y Estados Unidos, también participó en foros internacionales.

¿Cómo cambió su trabajo a lo largo de los años?

- Fue cambiando porque también fue cambiando el perfil de los pacientes. La respuesta que da la psicología a cualquier tipo de problema se va actualizando de acuerdo a la manera en la que se manifiesta el problema. Hace muchos años el problema de drogas era más marginal, más fácil de identificar, respondía a cierto tipo de estereotipos y con el paso de los años el consumo de drogas y alcohol se fue democratizando, filtrando cualquier tipo de capa social y socioeconómica.

¿Cómo eran las terapias antes?

- Al comienzo los modelos de intervención eran los clásicos, las llamadas granjas terapéuticas, lugares de internación donde se sacaba a la persona de la sociedad para llevarla a una micro-cultura y eso cambió, ya es casi una antigüedad. No así los grupos de autoayuda coordinados por profesionales, esa es una herramienta muy potente, yo sigo trabajando con grupos y también de manera individual. También se suma la intervención familiar, a medida que fue pasando el tiempo se vio que la familia era clave a la hora de evitar las internaciones y bajar los tiempos de tratamiento de un paciente. Cuando la familia se involucra, el pronóstico es mejor. Cuando la persona menos está aislada de la sociedad, y como pasa ahora, conserva su trabajo, su estudio y hace el tratamiento a la vez, el pronóstico mejora. Las internaciones son intervenciones excepcionales, la mayoría de las personas no necesita internación por consumo de droga.

- Lo que no ha cambiado es que cambia el que quiere, eso sigue siendo igual, la persona que quiere cambiar y da ese paso motivacional es aquella que lo va a poder hacer, nadie cambia por presión judicial, por presión externa, presión institucional, presión familiar; puede ser un elemento que ‘gatille’ el surgimiento de la motivación interna, pero no hay nada mágico en la posibilidad de resolución.

Y desde lo público, ¿cuáles son las herramientas?

- Generalmente se pretende que la respuesta venga desde los espacios nacionales como puede ser la Sedronar, pero si no hay una mirada hoy del formato que el problema toma en cada municipio, no se entiende el problema. Las respuestas masivas y generalizadas se desentienden de la manera en que el problema de las drogas se instala en cada ciudad. En el norte cordobés hay un tipo de alcoholismo más latino, de aquella persona que consume diariamente y manifiesta su problema a los 40 o 50 años pareciendo una persona de 60 o 70; por otro lado el consumos de alcohol en las grandes ciudades, más modernizadas, el consumo de alcohol es rápido y esporádico sobre todo en jóvenes, un modelo que no consumo ni lunes, ni martes, ni miércoles, peor cuando consumió el jueves no paró hasta el sábado, entonces es un modelo muy distinto. Ese es un ejemplo para ver como en lo local también se manifiesta la problemática de los consumos.

¿Los medios nos expresamos mal sobre estos temas?

El medio tiene sus tiempos y a veces puede darse algún error, pero también cambian las nomenclaturas. Antes se les decía ‘droga-dependencia’, luego ‘adicciones’, ahora se les llama ‘consumos problemáticos’. El concepto de ‘adicto’ a veces se lo aplica a personas que consumen, el adicto hace referencia al último escalón de una escalera, pero antes hay una seria de problemas que no necesariamente responden al problema de la adicción y sí a lo que hoy llamamos ‘abuso de sustancia’, o ‘consumo problemático’. Por eso necesitamos ampliar la idea de los consumos y no restringirlos solo a la adicción. La epidemiologia nos dice que cada vez hay más consumidores de drogas, pero menos adictos, crece el universo de personas que traen droga a su vida pero no necesariamente responden al rótulo de adictos.

Ese mundo de consumidores que se incrementa, ¿esta alentado por el ‘todos la consumen, no pasa nada’?

- Es cierto, hay una banalización del consumo. Hay una mirada ingenua de las consecuencias que el abuso de este tipo de sustancias genera o de los riesgos que genera todo uso. Porque todo consumo de drogas implica riesgos, el riesgo no está dado solo por el abuso (un vaso de vino y salir a manejar es un riesgo y no es un abuso).

Juan Carlos Mansilla | Psicólogo especialista en adicciones

Por ejemplo la marihuana…

- La marihuana hoy tiene el comportamiento de las drogas legales como es el tabaco, el alcohol o los psicofármacos haciendo un uso indebido. Por más que este en el campo de la legalidad en su estatus jurídico, en su comportamiento social tienen casi el mismo peso que las drogas legalizadas. Hay una mirada minimizadora del consumo o extremadamente demonizadora; el mundo adulto la ha demonizado y el mundo juvenil la ha minimizado. Han perdido ambos grupos sociales perspectiva real sobre el problema de la marihuana. Hoy es una sustancia de alta incidencia, nadie muere por sobredosis, es cierto, no es igual al cocaína o el paco, pero genera un deterioro vinculado al aprendizaje y la motivación de la persona, como una especie de anestesia general en la que ingresa aquel que tiene cierto nivel de consumo.

- También está el alcohol que sigue siendo la droga madre, que funciona como puerta de entrada hacia las otras drogas, por su alto poder ‘desinhibitorio’.

¿Cómo se maneja la reincidencia de un paciente para no frustrarse como terapeuta?

- Uno ya conoce distintos tipos de pacientes, algunos que ya manifiestan cierta cronicidad, logran cierto autocontrol pero no dejan de exponerse a ciertos riesgos y hay recaídas. La misma OMS define las adicciones como una enfermedad crónica y recidivante. Hay pacientes que le pusieron un corte, y han tomado la decisión de cuidarse de ciertos contextos porque admiten que no lo van a poder manejar y son pacientes que la cortaron. Obviamente que cuando vuelven a caer, como terapeutas nos genera mucha frustración, que uno tiene que manejar con su propio proceso, si uno tiene un alto nivel de frustración que se dedique a otra especialidad en psicología y no a adicciones. Pero también tenemos un nivel de gratificación en aquellos que consiguen superar el problema o lograr una mejor calidad de vida. Tener un problema con las drogas es como andar en bicicleta, uno no se olvida más de eso, vos podes no subirte a una bicicleta por 20 años pero cuando te pongan una bicicleta enfrente, si querés subirte, ya sabes cómo se hace.

¿Cómo percibe su carrera a futuro?

Estoy centrado en la clínica y también en asesoramiento en política pública. En lo académico estoy dictando una diplomatura en la Universidad del Museo Social Argentino. Estos últimos años descubrí el poder de las nuevas tecnologías con videos en las redes sociales que han tenido mucha repercusión, y me di cuenta que la gente necesita que se le hable de esto en un idioma entendible. Escribí el libro ‘Aquí tenés tus drogas’, que está disponible para descarga gratuita en mi web juancarlosmansilla.com y estoy en la escritura de un segundo libro, parecido, destinado no solo a quien consume sino a sus familiares. Si algo deja claro el tema de las drogas es que no afecta solo a quien consume sino al entorno afectivo que tienen.

Por Fernanda Bireni