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La larga espera de la economía real

El Gobierno se entusiasma con que en los próximos meses la actividad acelerará y definirá incluso el escenario político a favor de la reelección del Presidente. La industria, la construcción y el comercio tienen otra sensación.

"La clave del éxito en esta etapa radica en lograr una mejora genuina de la economía real”. La definición no debería resultar sorpresiva, ya que hay sectores centrales de la actividad económica que siguen mostrando serias dificultades para abandonar una marcha negativa y representan la tarea aún pendiente de la actual gestión, especialmente cuando comienza a transitar un terreno próximo al inicio del calendario electoral. El presidente Javier Milei no oculta su intención de ir por la reelección, pero no son pocos los que le señalan la necesidad de acelerar políticas que apunten a una mejora en las condiciones para una amplia porción de la población. Sin embargo, no hay un camino simple para eso porque persiste la amenaza de un proceso inflacionario aún irresuelto. Intentar viejas recetas para inyectar pesos que lubriquen el circuito económico es un arma de doble filo. La decisión puede poner en jaque la principal promesa del Presidente: erradicar el alza generalizada de precios.

Más allá de las proyecciones optimistas que hace a menudo el Gobierno, los datos del Indec mostraron que el IPC se mantuvo en alza desde junio del 2025 hasta marzo de este año. Fueron 10 meses en que el indicador avanzó a contramano de los pronósticos oficiales. Y el proceso se dio, además, en medio de una marcada quietud del tipo de cambio. Hubo entonces suba de precios con un dólar quieto, lo que fue limando competitividad a muchos sectores que hoy son parte del platillo que también reclama alguna solución, como el industrial.

Lo cierto es que la observación sobre la necesidad de poner el foco en la economía real sí debería ser un campañazo cuando se observa que el emisor fue Ricardo Arriazu, un economista muy escuchado en la Casa Rosada y en el Ministerio de Economía. Arriazu es tucumano y más allá de ser un protagonista habitual del círculo rojo y sus escenarios, no abandona la base en su provincia. Eso le permite tener un pulso próximo a sectores productivos, del comercio y la construcción.

Pero Arriazu no fue el único de sus características que hizo un llamado de atención. Claudio Zuchovicki, un actor afín a las políticas del Gobierno, deslizó en una entrevista que sin la construcción no habrá crecimiento. No es menor la observación cuando el Gobierno cumplió 30 meses de freno absoluto de la obra pública bajo un doble argumento: erradicar los hechos de corrupción y equilibrar las cuentas fiscales. Como toda decisión, esa tampoco puede escapar a las consecuencias. El primer punto expone la incapacidad de elaborar un esquema de controles, auditorías y procesos licitatorios transparentes. El argumento podría dejar abierta la posibilidad de no contar nunca más con obra pública nacional; algo que no se ve en ningún país del mundo.

Pero además, el remedio que enunció la gestión de Milei fue que esas obras las iba a realizar el sector privado, como en el caso de las rutas nacionales. Sin embargo, no tuvo la pericia para resolver ese esquema rápidamente. Recién en las últimas semanas pudo mostrar la adjudicación de algunas de ellas. Se trata mayormente de las rutas centrales, que requieren una respuesta inmediata de parte de las empresas adjudicatarias para revertir el marcado deterioro. El resto de las rutas nacionales deberán esperar, con el riesgo de que necesiten una reconstrucción total.

Sin trenes y con una vía navegable troncal que también acaba de ser adjudicada, mantener una infraestructura de rutas en óptimas condiciones no debería ser considerado un gasto. Porque además, el deterioro tiene una traducción en costos de transporte, por mayores roturas y accidentes que se reflejan hasta en las pólizas de seguro. Naturalmente eso se carga en la mercadería transportada.

En el comercio la situación también es contractiva, aunque no al nivel de la construcción. No hace falta demasiado trabajo para advertir en las zonas urbanas centrales los locales vacíos, sin clientes. También los vacíos, sin alquilar.

Finalmente la industria tampoco logra dar vuelta la página. Tuvo una mejora en marzo; pero fue una excepción. Y los empresarios parecen tener en claro por dónde pasa la mayor dificultad hoy: la demanda interna. La mitad de los consultados por la UIA identificaron a la escasa demanda como su principal problema. Es lo que viene alertando el comercio, con la Came como abanderada. Las ventas minoristas siguen en baja, una contracara del deterioro en los bolsillos. Aquel proceso inflacionario de 10 meses en alza terminó con la incipiente recuperación de algunos salarios que había logrado ponerse en marcha. A su vez, el ingreso disponible, que es el dinero que le queda a una familia luego de pagar los servicios, perdió terreno frente a facturas de gas y electricidad.

En ese contexto en el que la economía real espera, el Gobierno se entusiasma y promete que la actividad empujará con fuerza en los próximos meses y definirá así el escenario político. Un vaticinio que por ahora contrasta con datos del consumo y la producción, a los que se agrega ahora un coro de voces afines que mantienen cautela sobre la evolución de las variables.