La declaración del titular del Indec, Jorge Todesca, sobre su desconfianza en la mantención de las condiciones actuales de funcionamiento del organismo en caso de que el kirchnerismo regrese al poder en diciembre, parece introducir en la campaña electoral un tema que hasta el momento había permanecido ajeno ante la falta de discrepancias entre las fuerzas políticas con más chances de imponerse en las elecciones de octubre. Más allá de la intencionalidad política que se vislumbra en un pronunciamiento inusual en un funcionario de perfil marcadamente técnico, la prevención no deja de tener sentido frente a la dimensión de un estropicio demasiado grave como para ser pasado al archivo sin más con unas pocas palabras de arrepentimiento.
En diversas oportunidades el candidato a presidente del Frente de Todos, Alberto Fernández, ha expresado su reconocimiento por la tarea actual del Indec, a punto tal de definir el área de las estadísticas oficiales como la única en que la gestión del gobierno actual deja un balance positivo. En inequívoca alusión a esas declaraciones, Todesca dice sentirse “reconfortado con el reconocimiento a nivel político de la tarea que todo el equipo del instituto ha realizado”, pero le “cuesta tener confianza en que la independencia con que se desarrolló este proceso eventualmente pudiera ser respaldada en el futuro cuando esas manifestaciones provienen de quienes, desde las más altas funciones de gobierno, han sido testigos pasivos o actores directos del profundo avasallamiento institucional que tuvo lugar entre 2006 y 2015".
La mención de las fechas no es inocente, porque Fernández era jefe de Gabinete de Néstor Kirchner en 2006, cuando la manipulación del Indec digitada por el entonces secretario de Comercio Guillermo Moreno se puso en marcha, y lo seguiría siendo hasta julio de 2008, incluyendo los primeros meses de la gestión de Cristina Kirchner. Hoy dice que “lo último que haría sería copiar medidas” de aquel emblemático funcionario kirchnerista, porque “le hizo mucho mal a la Argentina", pero lo cierto es que en su momento el proyecto político del que formaba parte prefirió quedarse con Moreno y no con Fernández.
En esos años Todesca, cuya consultora privada estaba entre las proveedoras de datos de inflación alternativos ante la falta de credibilidad de los que suministraba el Indec, fue uno de los economistas sancionados con multas millonarias de obvios propósitos intimidatorios. Es que la política oficial, instrumentada pero no decidida por Moreno, no se conformaba con mentir descaradamente sobre la evolución de los precios o del número de pobres, sino que incluía la persecución feroz y sistemática de quienes se atrevieran a decir la verdad.
En ese marco, y aun cuando seguramente Todesca ha emitido este mensaje con la intención de respaldar al oficialismo, se entiende su renuencia a escuchar el pedido de Fernández de dejar de lado ciertos aspectos de la experiencia del período 2003-2015 para “enfocarse en el futuro”. En rigor, es más que bienvenido el hecho de que ahora el ganador de las Paso proclame que tener estadísticas confiables es un instrumento imprescindible para gobernar, pero eso no lo exime de hacerse cargo de un pasado que, como todo, también merece colocarse sobre la mesa durante una campaña mediante la cual aspira a llegar a la Casa Rosada.
La mención de las fechas no es inocente, porque Fernández era jefe de Gabinete de Néstor Kirchner en 2006, cuando la manipulación del Indec digitada por el entonces secretario de Comercio Guillermo Moreno se puso en marcha, y lo seguiría siendo hasta julio de 2008, incluyendo los primeros meses de la gestión de Cristina Kirchner. Hoy dice que “lo último que haría sería copiar medidas” de aquel emblemático funcionario kirchnerista, porque “le hizo mucho mal a la Argentina", pero lo cierto es que en su momento el proyecto político del que formaba parte prefirió quedarse con Moreno y no con Fernández.
En esos años Todesca, cuya consultora privada estaba entre las proveedoras de datos de inflación alternativos ante la falta de credibilidad de los que suministraba el Indec, fue uno de los economistas sancionados con multas millonarias de obvios propósitos intimidatorios. Es que la política oficial, instrumentada pero no decidida por Moreno, no se conformaba con mentir descaradamente sobre la evolución de los precios o del número de pobres, sino que incluía la persecución feroz y sistemática de quienes se atrevieran a decir la verdad.
En ese marco, y aun cuando seguramente Todesca ha emitido este mensaje con la intención de respaldar al oficialismo, se entiende su renuencia a escuchar el pedido de Fernández de dejar de lado ciertos aspectos de la experiencia del período 2003-2015 para “enfocarse en el futuro”. En rigor, es más que bienvenido el hecho de que ahora el ganador de las Paso proclame que tener estadísticas confiables es un instrumento imprescindible para gobernar, pero eso no lo exime de hacerse cargo de un pasado que, como todo, también merece colocarse sobre la mesa durante una campaña mediante la cual aspira a llegar a la Casa Rosada.

