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Meses duros, palos y zanahorias

El Presidente arma su estructura para 2027 en el momento más complejo de su gestión. LLA busca captar intendentes y dirigentes. El caso Abrile en Río Cuarto y las preguntas de su salto al mileísmo

Desde su cuenta en X, Javier Milei suele dedicar largas horas a desmentir e insultar a quienes aseguran, incluso con datos en la mano, que la economía, sobre todo la de las familias, está atravesando momentos complicados. Sin embargo, hace apenas unas horas, el propio Presidente reconoció, en un extenso y sanguíneo posteo, que “los últimos meses fueron duros”. Pero ¿por qué habrá afirmado que fueron meses duros si tanto él como el ministro Luis “Toto” Caputo aseguran que el consumo está en niveles históricos y la pobreza no para de caer? ¿Cuánta dureza puede encerrar una realidad que, según el Gobierno, encadena un indicador positivo tras otro?

Hay una disonancia entre las dos caras del jefe de Estado, la que admite y la que niega. A Milei lo enfurecen las críticas, tanto de los economistas como de los periodistas, pero alguna veracidad deben tener los cuestionamientos porque no hay sondeo de opinión que no refleje que la imagen positiva del gobierno ha caído porque a mucha gente le está costando horrores llegar a fin de mes. La última encuesta que se conoció, de Zuban Córdoba y Asociados, señaló que el 65% desaprueba la gestión libertaria y que los problemas que más agobian a los argentinos son los gastos y las deudas, la suba de precios y el deterioro del sueldo.

Es decir, la economía, esos meses duros que Milei admite pero a la vez niega, está teniendo efectos en la política. ¿Eso prefigura que el Presidente perdería si la elección fuera hoy?No, para nada. Porque hay otros factores que inciden, otras causas de resistencia del voto que lo hacen más competitivo de lo que podría parecer. Pero son señales. Y deben ser motivos, al menos, de preocupación.

Ese contexto coincide temporalmente con la decisión de La Libertad Avanza de acelerar el armado de cara a la elección de 2027. Córdoba es un ejemplo: con Gabriel Bornoroni a la cabeza, principal referente de Javier y Karina en la provincia, los libertarios comenzaron a anunciar incorporaciones y acuerdos, saltos de dirigentes que se ven encandilados por la perspectiva y las oportunidades que ofrece el oficialismo nacional.

La Libertad Avanza está haciendo un trabajo intenso con los intendentes, tanto peronistas como radicales, para tentarlos a la aventura de despertar leones. ¿Con qué los seducen? La política suele ser un juego en el que hay palos y zanahorias. En el estilo libertario, según relatan en esa fuerza política, por ahora no hay zanahorias -que para los intendentes, agobiados por la caída de los ingresos, serían fondos provenientes de la Nación- sino exclusivamente palos: a los que no se suman los están amenazando con plantarles un candidato libertario que podría hacerles perder la reelección.

Los intendentes están tironeados entre los números que no les cierran, las amenazas de los libertarios y las presiones del peronismo provincial, que solía ser el único que los auxiliaba cuando el agua empezaba a llegarles al cuello.

Sin embargo, es una realidad que cambió en los últimos meses. Incluso a los intendentes propios la gestión de Martín Llaryora les avisó que tienen que arreglarse con sus propios recursos para los gastos corrientes y que los fondos para el interior se destinarán exclusivamente a obras. La situación es delicada incluso en los municipios grandes: en el gobierno de Guillermo De Rivas esperaban tener un 2026 equilibrado, calmo, y ya en abril saben que aquella previsión fue ilusoria.

Aún así, Río Cuarto tiene más herramientas a las que recurrir, por ejemplo el endeudamiento. Las municipalidades de menor magnitud tienen por delante un panorama aún peor. Hay intendentes peronistas que están comenzando a plantear por lo bajo su descontento con el gobierno provincial.

La Libertad Avanza está tratando de pescar en ese mar de inquietud. Sin fondos, pero con el poder de convencimiento que suele dar el poder.

Río Cuarto vivió en los últimos días un episodio que quebró la inmovilidad en la que estuvo adormecida la política local durante los años recientes. La Libertad Avanza no captó a un intendente pero sí a un excandidato a intendente y principal figura de la oposición radical en el Concejo Deliberante. Gabriel Abrile se sacó una foto con Bornoroni y el diputado nacional posteó que el médico, junto con la concejala Ana Laura Vasquetto, se pasaban a las filas de la libertad. La imagen tuvo, lógicamente, impacto y de nada valió que Abrile saliera a explicar que, en realidad, no se pasó a LLA sino que integra un frente en el que coexisten varias fuerzas políticas y en el que ninguna resigna su identidad. Demasiado concepto para justificar una foto.

Al radicalismo no le convenció demasiado la explicación porque le reclamó inmediatamente que tanto él como Vasquetto renuncien a la banca y al partido. Y las críticas fueron impiadosas. Tanto que Abrile dijo a sus colaboradores que esperaba una reacción pero no de la magnitud que tuvo.

A Abrile también deben haberle sorprendido otras reacciones además de las del radicalismo: en las redes, el anuncio no fue precisamente bien recibido, ni siquiera por libertarios confesos.

Los traspasos como el del concejal radical no son nuevos ni sorprenden pero siguen generando, al menos en un sector del electorado, una carga de reproche. En este caso, el médico terapista, que está más expuesto y más visible que un diputado que se va de un bloque a otro, venía de establecer un contrato social con la población que no lo instalaba en el mileísmo sino en el radicalismo. Si bien antes, durante y después de la elección fue dando señales de que se sentía más cómodo con los libertarios que con los radicales, no rompió con su partido ni renegó públicamente de él sino que fue su vehículo para llegar al Concejo.

Además, hay una cuestión de representación. Un dirigente no se construye solamente a través de lo que dice y hace sino que también arrastra una historia: las afiliaciones políticas, las pertenencias, aun debilitadas como están hoy, son indicios de lo que representa no sólo un partido sino también las personas que lo integran ¿Qué va a hacer Abrile con la política que tiene Milei con las universidades públicas, que el radicalismo defiende sin medias tintas?¿Qué va a decir, por ejemplo, de lo que ocurre en el Pami, deteriorado como está y cada vez más ajustado?.

En el Palacio de Mójica anticipan que van a convertir a Abrile en la cara de la gestión mileísta y que van a adosarle cada complicación o cada consecuencia negativa del modelo nacional. La estrategia no es una genialidad: es la pelota que quedó picando.

El sentido de representación en política está, como casi todo, resquebrajado. ¿Qué corpus discursivo o conceptual identifica hoy a las fuerzas políticas?Milei, guste o no, lo tiene. Pero los demás, incluso quienes orbitan en el universo mileísta, son lábiles. Y ocurre de manera extendida. Por ejemplo, es un proceso que también vive el peronismo cordobés. Hasta no hace demasiado era claro lo que representaba el PJ provincial y lo que defendía. Hoy ya no lo es tanto. Por ejemplo, ¿está a favor o en contra de la ley de glaciares? Cuatro diputados rechazaron el proyecto pero dos dieron quórum y contribuyeron a la aprobación; uno de ellos, García Aresca, se levantó y se ausentó en el momento clave mientras que Alejandra Torres votó a favor.

Tal vez en esa dificultad para identificar qué defiende una fuerza política o, más individualmente, un dirigente haya que buscar una de las causas del malestar con la política.

Los traspasos, por lo pronto, anticiparon la carrera electoral en Río Cuarto. Abrile, claramente, pretende estar en la pelea por la intendencia. Pero entiende, y lo dijo antes los suyos, que no habrá 2028 para él si no hay 2027 para Milei.

El terapista, que seguirá en el Concejo, también le devuelve reproches al radicalismo: no sólo se siente traicionado por la última interna que perdió; además cree que la UCR se ha convertido en Río Cuarto y en Córdoba en un instrumento funcional al peronismo. “Hay que plantarle una alternativa en serio a Llaryora”, suele decir. Y sentencia que si no hubiera acordado con Bornoroni tendría que haberse sentado a esperar que los dirigentes provinciales, como Rodrigo De Loredo y Marcos Ferrer, armaran una alianza para ellos en la que todo el resto queda afuera.

No parece haber vuelta en esa relación, al menos en el corto plazo. Y, por ahora, es un hecho que el peronismo festeja.

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