Opinión | Editorial |

Los glaciares, en peligro debido al cambio climático

El efecto del cambio climático sobre los glaciares es grave, porque son clave en el ciclo hidrológico al actuar como grandes reservas en las que se acumula más del sesenta por ciento del agua dulce de la Tierra. La amenaza no apunta exclusivamente a la posible pérdida de este recurso, de por sí catastrófica, sino a la suba del nivel de los océanos con el consiguiente anegamiento de zonas costeras densamente habitadas.

Mientras el proceso de cambio climático -que según la opinión casi unánime de la comunidad científica mundial constituye una grave amenaza para el futuro de la humanidad- no da señales de ceder, tampoco lo hace la predisposición a minimizar o directamente ignorar las advertencias que se escuchan al respecto. En ese marco, el estudio según el cual la mitad de los glaciares incluidos en la lista del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) pueden desaparecer en los próximos ochenta años parece tener pocas posibilidades de escapar a esa indiferencia, pese a la importancia de lo que está en juego.



Según un informe de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), con sede en Suiza y asesora de la Organización de las Naciones Unidas en temas medioambientales, hasta 21 de los 46 glaciares en la lista de la Unesco habrán desaparecido en 2100 si se mantiene el elevado nivel de emisiones de gases que provocan el llamado “efecto invernadero”. Como se sabe, el aumento en la composición de la atmósfera de la proporción de estas sustancias, en particular el dióxido de carbono procedente de la quema de combustibles fósiles y otras actividades humanas, ha sido identificado desde hace décadas como responsable del calentamiento global.



Algunas de las consecuencias de este proceso ya se estarían viviendo: a él se atribuye el aumento en la ocurrencia de fenómenos climáticos extremos como huracanes o tifones, así como inundaciones más devastadoras o sequías más prolongadas, en diversos lugares del planeta. Con impacto inmediato menos visible, el efecto sobre los glaciares también es grave, porque son clave en el ciclo hidrológico al actuar como grandes reservas en las que se acumula más del sesenta por ciento del agua dulce de la Tierra.



La amenaza no apunta exclusivamente a la posible pérdida de este recurso, de por sí catastrófica, sino a la suba del nivel de los océanos con el consiguiente anegamiento de zonas costeras densamente habitadas. El informe advierte sobre el daño en muchos casos irreversible que se verifica en la actualidad, ya que ocho de los glaciares cuya declaración como Patrimonio de la Humanidad no parece hasta el momento estar sirviendo como protección demasiado eficaz no tendrían salvación.



No sería el caso, afortunadamente, del área comprometida en la Argentina, la que abarca el Parque Nacional llamado, precisamente, Los Glaciares, que no obstante podría ver reducido su volumen de hielo a menos de la mitad del actual si se cumplen las predicciones de la UICN. Algo que debería inspirar a nuestro país a redoblar su compromiso en materia de lucha contra el cambio climático, aun cuando su incidencia en un proceso en que los países más contaminantes, los Estados Unidos y China, son particularmente renuentes a asumir su responsabilidad.