El incidente desatado a partir del hallazgo de una valija considerada sospechosa en un hotel de Córdoba, que generó la detención y posterior liberación de una pareja de artistas chilenos, parece ir diluyéndose hacia la intrascendencia sin que haya quedado en claro si la reacción de las autoridades estuvo a la altura de las circunstancias o estuvo fuera de toda proporción. Mientras tanto, la coincidencia con otros episodios que involucraron a extranjeros expuestos a algún tipo de vicisitud aparentemente injustificada ha abierto interrogantes sobre un posible endurecimiento de la política migratoria a partir de criterios inconsistentes y erráticos.
La coincidencia de varios episodios que involucraron a extranjeros expuestos a algún tipo de vicisitud aparentemente injustificada, como los artistas chilenos tomados por terroristas, los ciclistas colombianos retenidos en Ezeiza o los deportados futbolistas pakistaníes, ha abierto interrogantes sobre un posible endurecimiento de la política migratoria a partir de criterios inconsistentes y erráticos.
Aun cuando los chilenos que participaron del evento propuesto como “contracumbre” del Congreso de la Lengua fueron beneficiados con una “falta de mérito” en lugar de ser sobreseídos, no parecen quedar ya dudas de que han sido víctimas de una sucesión de malentendidos, respecto de los cuales, no obstante, la responsabilidad de las autoridades sigue siendo objeto de debate. Pudo ser un montaje destinado a mostrar diligencia y compromiso en el cuidado de la población, un desborde paranoico injustificado, o el resultado del cumplimiento estricto y eficaz de protocolos similares a los que se aplican en cualquier lugar del mundo frente a eventos similares, según el posicionamiento de quien definiera lo ocurrido.
El tema es que, de manera casi simultánea, se produjo la deportación por motivos de “seguridad nacional” de un grupo de pakistaníes que pretendían ingresar al país para jugar el certamen de fútbol de salón que se disputó en Misiones. En este caso, se señaló que un error en los procedimientos consulares previos llevó a que la Cancillería les denegara las visas, por lo que algunos de los integrantes del plantel fueron retenidos en una escala intermedia del vuelo en Dubai, mientras otros fueron enviados de regreso a su país desde Ezeiza.
Finalmente, también la selección colombiana de la categoría de ciclismo competitivo conocida como BMX fue retenida durante varias horas en el aeropuerto de Mendoza para "verificar su pasado judicial". Aunque en este caso las consecuencias fueron más leves, también hubo un cortocircuito diplomático a partir de la difusión por las redes sociales del mal momento que estaba pasando la delegación visitante, cuyos integrantes ironizaron sobre un supuesto temor de los funcionarios aduaneros argentinos de que estuvieran planeando vender clandestinamente sus bicicletas.
Es probable que si se analizara cada uno de estos episodios de naturaleza tan diferente por separado se hallarían en cada caso excusas y explicaciones que volverían el comportamiento de las autoridades justificado o, cuanto menos, merecedor de obtener el beneficio de la duda. Presentados en conjunto, sin embargo, contradicen la imagen de la Argentina como un país hospitalario y de puertas abiertas, de un modo que ni siquiera quienes sostienen la necesidad de fronteras más seguras pueden considerar como parte de una estrategia seria.
El tema es que, de manera casi simultánea, se produjo la deportación por motivos de “seguridad nacional” de un grupo de pakistaníes que pretendían ingresar al país para jugar el certamen de fútbol de salón que se disputó en Misiones. En este caso, se señaló que un error en los procedimientos consulares previos llevó a que la Cancillería les denegara las visas, por lo que algunos de los integrantes del plantel fueron retenidos en una escala intermedia del vuelo en Dubai, mientras otros fueron enviados de regreso a su país desde Ezeiza.
Finalmente, también la selección colombiana de la categoría de ciclismo competitivo conocida como BMX fue retenida durante varias horas en el aeropuerto de Mendoza para "verificar su pasado judicial". Aunque en este caso las consecuencias fueron más leves, también hubo un cortocircuito diplomático a partir de la difusión por las redes sociales del mal momento que estaba pasando la delegación visitante, cuyos integrantes ironizaron sobre un supuesto temor de los funcionarios aduaneros argentinos de que estuvieran planeando vender clandestinamente sus bicicletas.
Es probable que si se analizara cada uno de estos episodios de naturaleza tan diferente por separado se hallarían en cada caso excusas y explicaciones que volverían el comportamiento de las autoridades justificado o, cuanto menos, merecedor de obtener el beneficio de la duda. Presentados en conjunto, sin embargo, contradicen la imagen de la Argentina como un país hospitalario y de puertas abiertas, de un modo que ni siquiera quienes sostienen la necesidad de fronteras más seguras pueden considerar como parte de una estrategia seria.

