Las transformaciones en Río Cuarto, menos profundas que en otras ciudades
El doctor Eduardo Escudero, docente de historia de las universidades de Río Cuarto y Córdoba, analizó las características de la ciudad desde su especialidad y señaló que, en general, las transformaciones ocurridas en Río Cuarto no han sido tan profundas como las que sí se experimentaron en otros puntos del país.
“Río Cuarto es una ciudad que de ser una villa colonial pasó a ser un bastión militar de la frontera sur. Más tarde, con la independencia, se convirtió en un espacio de lucha contra los pueblos originarios. Una vez superada esa instancia, entre finales del siglo XIX y principios del XX, la ciudad se incorporó al desarrollo capitalista desde la producción agrícola-ganadera y desde la formación de un sector económico y político que podría considerarse una “burguesía comercial”, que también se encargó de comandar los destinos políticos de Río Cuarto desde principios del siglo XX hasta la actualidad. Esas son las marcas de la historia. Después, sobrevive todo lo otro que tiene que ver con la incidencia de las nuevas identidades políticas que fueron apareciendo durante el siglo pasado. Me refiero a la sociedad de masas, las discusiones sobre la democratización y, finalmente, las posibilidades de contar con posiciones y pensamientos un poco más amplios respecto a la construcción de la sociedad”, describió Escudero.
-Más allá del crecimiento demográfico que ha experimentado la ciudad a lo largo del tiempo, ¿hay aspectos que se mantienen desde sus inicios?
-En la historia de la ciudad hay hitos que marcaron ciertas rupturas.
Sin embargo, los sectores dominantes económicos y políticos lograron prevalecer frente a otras formas de encarar la construcción de la ciudad que podrían ser diferentes o más disruptivas, como los casos de la experiencia peronista y de la creación de la Universidad Nacional de Río Cuarto (1971), que incorporó un conjunto de novedades vinculadas al pensamiento científico, la cultura y el debate sobre la ideología. No obstante, no llegaron a trastocar demasiado el esquema trazado como rumbo histórico de la ciudad, que fue instaurado por los partidos políticos mayoritarios de la Argentina, que son liberales. Así, se terminó sosteniendo la arquitectura de lo social, con la defensa de los valores clásicos del Estado nacional.
“La posición de Río Cuarto en medio de la pampa húmeda, con influencia inmigratoria y el desarrollo de un modelo productivo agroexportador que no permitió la instalación definitiva de industrias, que son las que proveen a las sociedades de otras dinámicas económicas y de otras identificaciones sociales, han hecho que las transformaciones generadas en la ciudad no hayan sido tan profundas como las que sí se experimentaron en otras poblaciones del país. Es decir, lo que ha habido es una modernización a medias, sin desconocer que hubo proyectos políticos y económicos que pensaban otros rumbos. De esta manera, Río Cuarto sigue estando a medias entre una ciudad que no es ni tan grande ni tan chica. Es una sociedad que se resiste bastante a los cambios, fruto de esa matriz que responde a un apego por las formas heredadas”, agregó el especialista en historia.
-Uno de los rótulos que recibe Río Cuarto es que es una ciudad conservadora, ¿es así?
-Primero hay que definir qué es ser una ciudad conservadora. Mi percepción es que Río Cuarto es una ciudad con todas las contradicciones propias de una ciudad de la pampa húmeda argentina que fue transitando diferentes momentos históricos. Por un lado, se puede decir que hubo momentos en los que las fuerzas armadas y la Iglesia intentaron marcar con fuerza los valores y el comportamiento social, pero hubo otros momentos en los que no fue tan así. Hubo etapas en las que la Universidad posibilitó ciertas transformaciones en términos de valores y de prácticas sociales, pero también tuvimos dictaduras que actuaron de manera represiva frente a lo que podían ser discusiones de transformación social. Entonces, posiblemente, en la ciudad convivan posiciones más conservadoras y reactivas y otras que están en otro espectro del arco político. Como vivimos en una sociedad capitalista, el capitalismo se las arregla para transformar lo que le conviene transformar e impedir cambiar aquello que no debe transformarse. Lo que no debe transformarse en el marco del capitalismo es, precisamente, lo ligado a las transacciones económicas, a la mercantilización de la cultura, la defensa de la propiedad privada y la fragmentación social.
“La profundización del capitalismo nos muestra que Río Cuarto no es una sociedad integrada y que, por el contrario, está fragmentada. Primero fueron los pueblos originarios, después los inmigrantes y hoy son nuestros hermanos, es decir, nuestros cohabitantes, muchos de los cuales no acceden a la tierra, al trabajo, a la cultura y a la educación. En definitiva, hay posiciones conservadoras y otras no tanto, pero prevalece el liberalismo político y económico y eso se ha expresado a lo largo de la historia a través de los partidos políticos mayoritarios que han gobernado la ciudad durante el siglo XX y lo que va del XXI. Son partidos que, más allá de sus matices y sus diferentes orígenes, no están dispuestos a llevar adelante acciones tendientes a trastocar de manera profunda el perfil socioeconómico y la cultura de la ciudad”, remarcó Escudero.
-¿Es una ciudad radical, reticente al peronismo?
-Dentro de la historia contemporánea, en Río Cuarto ha habido intendentes peronistas y radicales. Yo no puedo decir que sea una ciudad mayoritariamente radical o mayoritariamente peronista. Me parece que ambos partidos políticos, en diferentes coyunturas, han comprendido muy bien cómo debían adecuarse a la realidad socioeconómica de Río Cuarto para ejercer el poder. Lo que yo veo es que hubo una alternancia y no observo una preminencia. Esa alternancia dejó afuera a otras propuestas más conservadoras y más de izquierda, las que prácticamente no tuvieron acceso a participar del gobierno de la ciudad.
-¿No hay un mayor rechazo al peronismo?
-Hay un rechazo cultural e ideológico de los valores y de los símbolos del justicialismo. Esa es una realidad que tiene un anclaje fáctico concreto en 1955 cuando, adelantándose a lo que fue el golpe de Estado del 16 de septiembre, desde Río Cuarto se inició un movimiento militar en contra de Perón. Si bien fue un acto fallido, al poco tiempo se concretó el derrocamiento. Entonces, desde el punto de vista político, se vota radicalismo y peronismo, pero en la sensibilidad de la cultura política uno puede decir que hay un antiperonismo que permanece. Me refiero a un antiperonismo que no rechaza al partido, sino que rechaza a los símbolos del movimiento, la discursividad peronista y el acto redistributivo de la justicia social y económica que conlleva el peronismo.