Los datos surgen del informe “Educación y trabajo: expectativa y realidad de jóvenes en Argentina”, del Observatorio de Argentinos por la Educación, con autoría de Flavia Ferrari Inchauspe y Eugenia Orlicki. El documento indaga en las expectativas y en las trayectorias educativas y laborales de los jóvenes en Argentina tras finalizar la escuela.
Para dimensionar las expectativas, se utilizaron las respuestas de los alumnos del último año de secundaria a los cuestionarios complementarios de las pruebas Aprender 2022. Para relevar las trayectorias educativas y laborales de los jóvenes de 19 a 25 años, se tomaron los datos de la Encuesta Permanente de Hogares de 2023.
En Argentina, los jóvenes que se encuentran en el último año de secundaria expresan altas expectativas de continuar sus estudios. El 33% del total de los alumnos del último año de secundaria tiene el objetivo de solamente estudiar, el 52% estudiar y trabajar, el 12% solo trabajar y el 3% tiene otros proyectos: en total, el 85% planea estudiar y el 65% trabajar.
Sin embargo, entre los jóvenes de 19 a 25 años, solo 3 de cada 4 (74%) terminaron la escuela secundaria.
En esa franja etaria, hay un 25% de jóvenes que se dedica solo a estudiar, un 13% que trabaja y estudia, un 25% que solo trabaja y un 12% que no trabaja ni estudia. Esto implica que solo 4 de cada 10 jóvenes (38%) de 19 a 25 años continúan sus estudios tras finalizar la escuela secundaria.
Las oportunidades educativas y laborales se ven marcadas por los recursos económicos. Entre los jóvenes del decil más alto, son más los que logran concretar sus expectativas: el 51% se dedica a estudiar (el 27% solo estudia y el 24% también trabaja), mientras que el 68% trabaja (41% solo trabaja, y 27% trabaja y estudia en el nivel superior).
En cambio, en los sectores más bajos, son menos los que siguen estudiando: 21%, del cual 19% solo estudia y 2% también trabaja, mientras que un 12% solo trabaja.
“El dato de que en Argentina los jóvenes que se encuentran en el último año de secundario tienen altas expectativas de continuar sus estudios debe ser una base para trabajar en la educación media sobre expectativas vocacionales, imaginarios de futuros de vida, mucha información sobre alternativas de educación postsecundaria y generar conocimientos que fomenten el entusiasmo. También hay que tener muy en cuenta las condiciones materiales concretas necesarias para que los jóvenes puedan concretar esas expectativas de continuidad en sus estudios”, indicó Mario Oporto, exministro de Educación de la Provincia de Buenos Aires y académico asociado de Argentinos por la Educación.
En el mismo sentido, el especialista sostuvo que el sistema educativo tiene que “pensar profundamente en dispositivos y organizaciones institucionales que contemplen a quienes trabajan mientras cursan el nivel medio y superior. Una formación profesional de alta calidad postsecundaria, como alternativa a la educación universitaria o terciaria no universitaria, es un proyecto a seguir desarrollando”.
“A pesar de las dificultades, en el decil más pobre, el 72% de los estudiantes de último año de secundaria aspira a seguir estudios superiores. Comparado con el decil más rico, un porcentaje similar busca combinar estudios con trabajo, acorde con la tendencia global. Sin embargo, la realidad de los jóvenes de 19 a 25 años con secundario completo en ambos extremos de la distribución es muy diferente. Dado que la combinación de trabajo y estudio a nivel superior es cada vez más prevalente, resulta lógico reconsiderar el papel de la integración de pasantías y prácticas laborales remuneradas en los programas académicos para mitigar estas desigualdades y satisfacer las expectativas de todos”, analiza Soledad Giardili, profesora e investigadora de la Universidad de Edimburgo.
La clase social es determinante en el futuro laboral de los jóvenes
La probabilidad de que los jóvenes accedan a trabajos de calidad es mayor entre quienes terminaron el nivel secundario, y en los deciles más altos.
El 13% de los jóvenes de 19 a 25 años tiene un empleo de calidad -trabajo de más de 30 horas semanales y con descuento jubilatorio- si terminó la secundaria.
En tanto, los ocupados en empleos de calidad con secundario incompleto son sólo el 2% en la franja de 19 a 25 años.
Entre los jóvenes del decil más alto, el 42% tiene empleos de calidad, mientras que la cifra desciende al 2% en el decil más bajo.
Gustavo Gándara, director Ejecutivo de la Fundación Uocra, asegura: “Nuestras propias encuestas muestran la coexistencia de un incremento de la terminalidad educativa con serios problemas de empleo como desocupación abierta y oculta, no registrado asalariado, informales independientes, subocupación y empleo formal ar debajo de la línea de pobreza”.
Y agregó: “Por otro lado, hay una alta valoración de los cursos de formación profesional. Esto se debe en gran parte a que el enfoque en oficios sectoriales (instalaciones eléctricas, albañilería, soldadura) genera posibilidades de mejora en su inserción laboral y brindan herramientas de conexión con el mundo de trabajo que a veces no se encuentran en los estudios tradicionales”.
Guillermina Laguzzi, especialista en Educación y Trabajo de la Organización de Estados Iberoamericanos, asegura: “La inserción laboral es un problema, pero este estudio suma una variable más: se potencia entre los jóvenes de sectores socioeconómicos bajos. ¿Cómo se explican estas diferencias? Hay que prestar atención al peso diferencial que tiene la secundaria a la hora de acceder a empleos de calidad en jóvenes”, dijo.
Por otro lado, Laguzzi destacó que incluso entre los jóvenes del decil más rico, menos de la mitad consiguen empleo de calidad.
“Este escenario invita a pensar: ¿cuáles fueron las experiencias educativas de unos y otros?, ¿cómo alojaron estas trayectorias la vinculación con el mundo del trabajo y las oportunidades de construcción de un proyecto a futuro? Intentar encontrar algunas respuestas a los interrogantes que se abren en este informe permitirá evaluar aspectos como la inclusión y la equidad en el sistema educativo para proponer políticas de mejora, que deben brindar respuestas específicas para los jóvenes y no replicar las que se abordan para los adultos”.
Finalmente, Laguzzi sostuvo que el desafío es lograr “que la condición de origen de los jóvenes no resulte una condena; hay que trabajar en convertir las expectativas de estudiar y trabajar en una realidad”.