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"El 18", uno de los últimos bastiones del Caldenal en el Roca

Situado en zona de Villa Valeria, el establecimiento rural contiene uno de los pocos relictos de bosque espinal que aún sobrevive en el departamento del sur-sur cordobés

Ubicado a unos 38 kilómetros al noreste de Villa Valeria, el establecimiento rural “El 18” es una perla del ecosistema del Espinal que, pese a todo, aún sobrevive en su estado natural con una producción orientada a integrar el sistema ambiental autóctono.

Perteneciente a la familia Vinelli – Lorenzo, quienes son oriundos de Buenos Aires, el campo comprende unas 820 hectáreas de monte, más 40 hectáreas agrícolas repartidas en distintos lotes. El lugar es una subdivisión del establecimiento La Pradera, que se ubica a unos dos mil metros al sur del río Quinto y allí se encuentran majestuosos caldenes; árbol protagonista de esta biodiversidad que solo crece y florece en esta parte del mundo.

Camino al 18, si se presta atención, se observa claramente esa diferencia en el paisaje, que de pronto y en poco recorrido, muta del monocultivo a monte de especies nativas. De repente allí nada está en orden, las vainas de las chauchas sobre la huella difícil de los caminos corcoveantes, y siempre, pero siempre, algún animal autóctono da la bienvenida como invitando a vivir una experiencia única, maravillosa.

Llegando a la puerta de ingreso, a los lejos se divisa la polvareda que viene dejando por el camino el auto de Marisa Lorenzo, la propietaria del lugar. A la par de la tranquera que se abre se destaca un caldén añoso e imponente que hace diminuto todo lo demás. A medida que nos internamos en el monte el clima es cada vez más agradable, allí el calor se soporta debajo de las plantas y no dentro de la casa, asegura la productora. “¡Ah! y a la noche no se necesita aire acondicionado, las plantas cumplen muy bien esa función”, admite.

Marisa es una mujer agradable, de una sonrisa siempre presente, su historia definitivamente tiene que ver con el campo, lleva al monte en la sangre.

Una lluvia reciente de más de 100 milímetros contrarrestaron meses de sequía, lo que trajo aparejado mortandad de animales. La principal actividad es la ganadería regenerativa, por años la familia impulsó una producción sustentable, y allí no es una palabra vacía, sino llena de contenido. Sin embargo, en el actual sistema de producción, las políticas actuales raramente contemplan una vía de conexión con estos lugares. Es lo que sucede en “El 18”, donde todo se hace a fuerza de pulmón y los reiterados intentos quedan en eso. Hoy una parte importante del campo se encuentra alquilado para hacienda. Igualmente, pase lo que pase, sequía o años lluviosos, allí siempre hay chauchas.

La propietaria deja en claro que hacen falta propuestas que incentiven realmente a proteger y producir en forma sostenible en estos lugares naturales y que se cumpla al menos con el “no cobro de impuestos territoriales”.

Marisa tiene cuatro hijos, de los cuales dos, Francisco e Ignacio, están muy relacionados al campo, allí vivieron su niñez yendo y viniendo desde Buenos Aires y el monte los supo atrapar con su magia. Ambos vivieron y produjeron en el campo por años con actividades como apicultura y ganadería regenerativa. Ignacio, durante su estadía en el campo, impulsó la estructuración de un modelo aplicable y funcional para la integración del monte mediante la agroecología y diseñó la proyección de un turismo sostenible como medio de expresión y observación de la naturaleza. Él admite que actualmente se carece de políticas que incentiven este tipo de iniciativas en lugares como este dentro de un área protegida.

En una recorrida a caballo por el ambiente natural, Francisco (48) muestra con pasión cada especie, las conoce como la palma de su mano, allí el primer actor es el caldén, pero como protagonistas secundarios se encuentran algarrobos, talas, chañares, molles, pejes o sombra de toro y un amplio espectro arbustivo propio del lugar, también duraznillo negro; una especie muy temida en la zona porque puede causar mortandad de hacienda. Para encontrar agua buena deben hacerse muchos pozos, por lo general contiene sulfato y algo de arsénico, al hombre le dijeron más de una vez que producir en ese campo era imposible, pero él y su hermano redoblaron la apuesta, no sin un gran esfuerzo previo y mucha insistencia, demostraron lo contrario. La hacienda se fue adaptando al agua del lugar y hoy prolifera.

El monte en esa zona resguarda una multiplicidad de especies autóctonas con un potencial inexplorado, entre ellas una gran variedad de aves que hacen que las mañanas y las tardes sean un verdadero concierto, ya un lujo para estas épocas de parlantes ruidosos.

Los suelos son de textura variable de franco arcilloso a franco-arenoso. Hay zonas de tierra negra y zonas más medanosas, sin accidentes en general, salvo vestigios de un brazo del río Quinto durante una gran crecida en los 90.

Durante el trayecto a caballo, Francisco no puede evitar emocionarse mientras relata las anécdotas que vivió en este monte a las cuales guarda como tesoros y recuerda una muy propia cuando debió tomar la decisión personal de dejar el campo luego de seis años de estadía en la producción. Salió a caminar para meditar qué hacer y detrás se le apareció un puma de gran tamaño caminando por algunos metros y en la copa de un gran caldén se encontraba un cachorro al que se le pudo acercar; nunca había tenido esa experiencia pese a haber recorrido el lugar miles de veces. “Fue una señal, en aquel entonces lo tome como una despedida”, rememora. Pero lo cierto es que nunca terminó de irse del todo.

Dice que en el campo hay un sector sin monte, unas pocas hectáreas que deben cuidarse mucho para cultivar algo, como por ejemplo alfalfa, ya que el suelo de característica frágil depende casi directamente del bosque para conservar su vitalidad, como pasa en gran parte de la zona del Área provincial protegida del Corredor Biogeográfico del Caldén que ocupa unas 675.000 hectáreas en el Departamento Roca y actualmente solo el 9% se encuentra con cobertura de área natural, el 85% es área agrícola y el 5% es área medanosa.

“El 18” pertenece a Zona Roja (según la clasificación de la ley Nacional de bosques), y al “Corredor Biogeográfico del Caldén”, según la Secretaría Córdoba Ambiente.

En el monte pasan las horas sin contarlas, porque el tiempo allá es otra cosa, pero el aroma a asado lleva al galope en medio del recorrido casi por inercia, de regreso a la casa del campo donde espera una larga sobremesa.

Cae la tarde sobre los caldenes, llueve y es hora del regreso, ya con el sol entre sombras se percibe con más fuerza esa transición brutal del desorden al llamado “orden”, cuesta irse. De repente surge el por qué la denominación del establecimiento “El 18”, un número parece que ilógico para tan imponente lugar pero no al asociarlo con el significado de la quiniela, la sangre.

Una tierra y un monte lleno de historia

Flavia Danielle, escritora e investigadora local, consultada sobre aspectos territoriales de históricos de la zona, señala que las referencias acerca del actual noroeste del departamento General Roca acumularon una variabilidad de presencias así como cambios en la organización y reproducción del poder político estatal.

“Concretamente entre las últimas décadas del siglo XIX y primeros años del siglo XX aquellas tierras interétnicas fronterizas pasaron de ser territorios nacionales a porciones del departamento Río Cuarto para finalmente formalizar la creación del departamento General Roca”, detalla y añade: “La llanura seca medanosa abundante contrastó con sectores caracterizados por extensos bosques y el curso de agua del bajante río Quinto. Lejos de ser un sector más de tierras, la distinción de su paisaje y recursos convocaron a especialistas en operatorias inmobiliarias en conjunto con exitosas familias comerciales e incluso nobiliarias, emprendiéndose en la región el arribo socio- económico y cultural de personas. La inmensidad de los establecimientos rurales inaugurados por aquellas nuevas presencias poco a poco se entrelazaron con el avance del ferrocarril, destacándose aún hoy las decenas de estaciones y paradas que rodeaban a los campos”.

Además subraya que, por medio de compra y venta de estas tierras, mayormente entre operadores privadas sin prácticamente intervención del sector público, fueron trasladándose dominios de generación tras generación, desmembramientos, fraccionamientos y renovadas firmas dominales mediando el siglo XX. “En la trama ecosocioambiental citada, el establecimiento La Pradera se acopló como explotación rural enclavada en miles de hectáreas, destacándose la extensión de bosques nativos en sus dominios. La estancia, vinculada desde el principio con agendas comerciales internacionales, involucraron a familias de la realeza como la de Franco Belga dando lugar posteriormente a dominios porteño-bonaerense, siendo estos últimos un origen preponderante en esta región surcordobesa”, puntualiza la escritora.