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El gesto de pescadores de Elena: ayudan a una familia que vive en la indigencia

El grupo de amigos se encontró con una mamá y sus 5 hijos habitando una "choza" muy cerca de Amboy. El fin de semana fueron a mejorarles la precaria vivienda. Apelan a que el Estado intervenga y asista a estas personas

Lo que iba a ser una de las habituales salidas a pescar de un grupo de amigos de Elena, una vez que la flexibilización por la pandemia lo permitió, se convirtió en el inicio de una cruzada solidaria para ayudar a una mamá que con 5 hijos vive en una precaria construcción en proximidades de la villa serrana de Amboy y de la comuna de San Ignacio (en el Valle de Calamuchita), sobre las costas del lago Rumipal.

La situación de extrema vulnerabilidad de estas personas conmovió a estos fanáticos de la pesca, que ante esta dura realidad no sólo decidieron preocuparse, sino también ocuparse. Así fue que, juntando voluntades, donaciones y ganas de ayudar a otros, trabajaron el fin de semana para mejorar, aunque sea en lo mínimo, la precaria construcción de esta familia y llevarle, además, elementos para su subsistencia.

Agustín Mainardi relató a Puntal cómo dieron con esta mujer que con 5 chicos (4 menores y un adolescente) sobrevive en una “choza”, sin servicio alguno y soportando las bajas temperaturas.

Tras habilitarse la pesca, en el marco de las flexibilizaciones por la cuarentena, el grupo de amigos acudió a las costas de lago Villa Rumipal y allí se encontró con niños y una mujer.

“Esta familia se encuentra en un terreno que pertenece a la Comuna de San Ignacio pero, al estar contra el lago, como que dicen que no tienen jurisdicción”, precisó sobre la ubicación geográfica.

“Nosotros fuimos a esa costa del lago y había otros chicos de Elena que se percataron de esa situación. Al otro día me contaron lo que habían visto. Que había chicos con hambre y frío”, describió. Así nació la cruzada solidaria.

Según pudieron saber, la familia habría llegado de Misiones a esta zona a principios de año en busca de una mejor oportunidad de vida. Los chicos, aunque anotados en la escuela de Amancay, no estarían escolarizados, ya que para llegar hasta ese pueblo tienen unos 10 kilómetros de distancia. Sumado a ello, la cuarentena, que ahora hace que las clases sean virtuales, y sin acceso a la tecnología, la situación es de suma precariedad.

“Estaban en una choza, con piso de tierra, sin techo. Lo que hicimos fue mejorarles la choza, le hicimos piso”, detalló. La familia subsiste con alguna ayuda esporádica de la Comuna de San Ignacio, en cuanto a alimentos y algo de ropa.

Manos a la obra

Mainardi dijo que se cansaron de plantear la situación ante la Senaf (por haber chicos en riesgo), como así también con el jefe comunal de San Ignacio y asistentes sociales. “Pero nadie nos dio una solución. Entonces decidimos por nuestra cuenta hacer algo para mejorarles temporariamente la vida. Porque en ese lugar y en esas condiciones con el frío que hace es terrible. Pero no es una solución”, reconoció con algo de frustración.

“Nos pusimos en campaña, hasta conseguimos medicamentos porque mi señora es farmacéutica; la esposa de una de mis amigos es psicóloga, para asistir a uno de los chicos; y, bueno, las donaciones, que en pueblos como Elena la gente es solidaria”, recalcó.

Antes de los trabajos del pasado fin de semana, Mainardi había realizado otro viaje para llevarles una pantalla, a los fines de que pudieran tener luz. “Ahí no tienen agua ni baño. Yo les llevé una luz con pantalla solar y mercadería, después fue otra familia. Y el domingo (pasado) fuimos con otro chico de Santa Rosa y se sumó a la movida”, manifestó.

Sorprende a este grupo de jóvenes solidarios que en medio de una zona turística, donde hay gran cantidad de viviendas de veraneo y movimiento permanente, no se haya brindado asistencia a esta familia.

Mainardi apela ahora a que a partir del gesto de este grupo de amigos la situación de esta familia se visibilice y sean los órganos estatales pertinentes los que brinden la ayuda.

“Los chicos deben ser escolarizados y necesitan una casa en condiciones donde vivir. Que tenga agua, baño, luz. Recién ahora la mujer, con una asignación que recibe, se pudo comprar un generador. Si no se alumbraban con la lámpara que le acerqué yo o con antorchas”, puntualizó.

Tras conocerse el gesto de este grupo de pescadores, nuevas donaciones se sumaron. “La idea nuestra es que, más allá de estas ayudas, les den una solución definitiva, porque ahí no se pueden quedar, no tienen servicios”, enfatizó.

Quienes quieran colaborar pueden comunicarse al teléfono de Agustín, 358-4302451, o con Mauricio Magni, al 358-6028760.