El empleo, sin agenda: nunca hubo tantos riocuartenses que no trabajan
El último informe del Indec no sólo mostró que se perdieron 5 mil puestos de trabajo que directamente salieron del mercado, porque los nuevos desocupados decidieron no buscar una nueva fuente laboral. Sino que además reveló que sólo hay 79 mil trabajadores sobre una población estimada de 185 mil
Hay voces que se encargan de destacar que el Gobierno nacional carece de políticas productivas, que intenten tender puentes en la transición de modelos para que la mayor parte de las empresas y trabajadores puedan llegar a la orilla de enfrente. Y se apoyan en las cifras que, casi de manera mensual, van relatando la cantidad de firmas que quedan en el camino y el deterioro constante de los empleos privados registrados. De hecho, tomando la estadística oficial del Ministerio de Capital Humano, por primera vez se registraron 13 meses consecutivos de caída en las fuentes laborales en empresas.
Esa última estadística mostró que en junio, el empleo asalariado se redujo 1,5%, equivalente a 147,9 mil trabajadores menos con respecto a igual período de 2025.
Pero en esta última semana, fue el Indec el encargado de publicar sus estadísticas laborales correspondientes al segundo trimestre del año y allí se observó un crecimiento del desempleo a nivel nacional (de 7,6% a 7,9%). Pero en el caso de Río Cuarto hubo un dato particular: se perdieron 5 mil puestos de trabajo en el segundo trimestre del año respecto al mismo período del año anterior, pero esas personas decidieron no volcarse al mercado a buscar otra ocupación; se fueron a sus casas. Los especialistas aseguran que esos comportamientos son propios de mercados que no ofrecen alternativas atractivas.
Lo cierto es que, por ese comportamiento, el nivel de desocupación siguió siendo de 5 mil personas. Lo que implica que, si los que perdieron el empleo se volcaban al mercado, la tasa de desocupación se podría haber duplicado en el Gran Río Cuarto. Eso es debido al criterio estadístico de considerar desocupado sólo al que no tiene trabajo pero lo busca activamente. El desempleado pasivo no es considerado desocupado.
Esto motivó que se configure un escenario novedoso para el Gran Río Cuarto conformado por un récord de personas que no trabajaban en el segundo trimestre. Sobre una población de 185 mil habitantes, hubo 79 mil con ocupación laboral y 5 mil que buscaban, pero no conseguían trabajo. Es decir, el mercado laboral riocuartense fue de 84 mil personas. Hace un año era de 89 mil. Hay que ir hasta 2021 para encontrar un mercado más pequeño: de 82 mil, pero con una población total de 179 mil riocuartenses, siempre según la estadística oficial del Indec.
Lo cierto es que este año hubo 106 mil personas, sobre 185 mil, que no trabajaban en el segundo trimestre. Allí, claro, están los jubilados, los niños y los estudiantes que no trabajan. También los 5 mil desocupados y los otros 5 mil que perdieron su empleo y se fueron a su casa; entre otros. El único período que superó esa cifra en el Gran Río Cuarto fue excepcional, porque correspondió al segundo trimestre de 2020, cuando estalló la pandemia y todo se cerró como primera medida preventiva. Allí hubo 110 mil personas que no trabajaban. Para evitar esa distorsión, se puede observar que en el mismo período de 2019 había 97 mil riocuartenses por fuera de los “ocupados”.
Pero en el complejo mercado laboral actual vale la pena sumar un elemento, especialmente a la hora de valorar el nivel de desempleo que registra el Indec: la uberización. Si la actividad de las plataformas no estuviese disponible seguramente el volumen de desocupación sería bastante mayor al que toma la estadística.
Pero más allá de ese asterisco, el empleo parece estar hoy por fuera de la agenda del Gobierno y de buena parte de la oposición. Aun cuando resulta de una complejidad tal vez como nunca se haya observado, en medio de una revolución tecnológica y cuando la inteligencia artificial avanza fuerte en reemplazo de muchas actividades. ¿En qué oficina se está pensando en esto?
Pero además, la Argentina vive particularmente un proceso de deterioro agudo, con constante pérdida de puestos de trabajo formales y aumento de informales. Eso no sólo genera una desprotección de quienes cambian de una categoría a otra sino que especialmente acelera la posibilidad de un colapso sistémico del sistema previsional. Hay cada vez más personas por fuera del mercado laboral y cada vez son más los que, aún adentro, no están registrados y por lo tanto están con aportes nulos. En el mientras tanto hay quienes subsisten con alguna ocupación que le aporta ingresos, pero es imperioso cambiar esa tendencia porque el tiempo sólo agrava la situación.
A su vez, este esquema, sumado al deterioro de los ingresos, son elementos centrales que dificultan la reacción del mercado interno; el motor averiado que muestra la economía y que el Gobierno no logra encender. Porque además, incluso las actividades más dinámicas, como las de Vaca Muerta o la minería, perdieron puestos de trabajo en el último año. Por supuesto que peor aún son las estadísticas de la industria, la construcción o el comercio. Sólo el agro cierra un balance laboral positivo. Todos son registros oficiales que desafían al Gobierno a poco de cumplir 3 años de gestión y que abren el interrogante sobre qué decidirá hacer. ¿Abandonará el manual como insinuó en las últimas semanas o esperará que el mercado todo lo arregle?