En ese contexto, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) emitió un documento elaborado conjuntamente por sus Comités de Estudios Fetoneonatales (CEFEN) y de Lactancia en el que advierte que las estimaciones actuales muestran tasas de cesáreas muy superiores a las recomendadas internacionalmente y remarca la necesidad de fortalecer un modelo de atención basado en la evidencia científica, la seguridad clínica y el respeto por los derechos de las personas gestantes y los recién nacidos.
El documento recuerda que la Organización Mundial de la Salud estima que solo entre el 10 y el 15% de los embarazos requiere una cesárea por indicación médica. Sin embargo, en Argentina las estimaciones indican que la tasa ronda entre el 40 y el 50% del total de nacimientos, es decir, más de tres veces el umbral recomendado. La SAP aclara que se trata de datos estimativos debido a la ausencia de relevamientos sistemáticos específicos sobre parto respetado y modalidades de atención perinatal, aunque sostiene que la magnitud de las cifras constituye una señal de alerta sanitaria.
“La evidencia científica es clara: es fundamental promover prácticas seguras que respeten los tiempos fisiológicos del nacimiento y la autonomía de las personas gestantes”, señaló la doctora María Inés Espelt, médica pediatra y neonatóloga, Prosecretaria del CEFEN de la SAP.
Desde la entidad remarcaron que el concepto de parto respetado no implica rechazar las intervenciones médicas ni poner en riesgo la seguridad clínica. Por el contrario, supone garantizar que cada práctica esté respaldada por evidencia y responda a una necesidad concreta. El documento enfatiza que “el enfoque del parto respetado no se opone a la intervención médica: se opone a la intervención innecesaria. Seguridad clínica y respeto al binomio son complementarios, no excluyentes”.
“El parto respetado no es una moda ni una postura ideológica. Es un modelo de atención sustentado en evidencia científica robusta y respaldado por marcos normativos nacionales e internacionales. Implica reconocer a la persona gestante como protagonista de su proceso y garantizar condiciones de cuidado seguras, humanizadas y libres”, explicó la doctora Paula Saddi, médica pediatra, secretaria del Comité de Lactancia de la SAP (Córdoba). “La humanización del nacimiento no reemplaza la seguridad clínica, sino que la integra dentro de un modelo centrado en la persona y basado en evidencia”, insistió.
Legislación
En Argentina, la legislación vinculada a este tema se consolidó progresivamente hasta llegar a la Ley Nacional 25.929 de Parto Humanizado, reglamentada en 2015, que garantiza derechos fundamentales de las personas gestantes y de los recién nacidos. Entre ellos, el derecho a recibir información clara y comprensible, a participar de las decisiones sobre el nacimiento, a ser tratadas con respeto y privacidad, a estar acompañadas durante el trabajo de parto, parto y posparto, y a permanecer junto a sus hijos luego del nacimiento siempre que las condiciones clínicas lo permitan.
El documento elaborado por la SAP advierte además que América Latina continúa mostrando dificultades importantes en relación con la humanización de la atención perinatal. Cita estudios regionales que muestran bajos niveles de satisfacción con la experiencia de parto y altas tasas de percepción de maltrato institucional. En Brasil, por ejemplo, apenas el 14% de las mujeres encuestadas consideró haber atravesado un parto humanizado, mientras que en Chile el 63,2% refirió haber sufrido algún tipo de maltrato por parte del personal de salud.
Otro de los aspectos centrales desarrollados por la SAP es el impacto biológico y emocional de las prácticas perinatales durante las primeras horas de vida. El documento señala que el nacimiento constituye un período de enorme sensibilidad para el desarrollo humano y que las experiencias ocurridas durante ese momento pueden tener efectos duraderos sobre la salud física y emocional.
“El modo en que nacemos y somos recibidos tiene impacto biológico. Hoy sabemos que las experiencias perinatales tempranas influyen en procesos de regulación inmunológica, neurológica y emocional. Por eso es tan importante reducir las intervenciones innecesarias y favorecer el contacto temprano e ininterrumpido entre la madre y el recién nacido”, sostuvo la doctora Roxana Conti, médica pediatra y neonatóloga, integrante del Comité de Lactancia Materna de la SAP.
Entre las prácticas consideradas fundamentales, el documento destaca el ‘contacto piel a piel’ inmediato e ininterrumpido luego del nacimiento, también conocido como CoPAP. La SAP lo define como una “intervención biológica crítica” que favorece la estabilidad respiratoria y cardiovascular del recién nacido, mejora la regulación térmica y metabólica, disminuye el estrés neonatal y fortalece el establecimiento de la lactancia materna.
La entidad remarca además que este contacto precoz favorece la colonización del microbioma materno, promueve el apego y actúa como organizador temprano del sistema nervioso. También advierte que la separación innecesaria entre madre e hijo inmediatamente después del parto representa una amenaza biológica que puede incrementar el riesgo de hipotermia, hipoglucemia y alteraciones en la adaptación neonatal.
El documento subraya que el contacto piel a piel, el inicio precoz de la lactancia materna y el pinzamiento oportuno del cordón umbilical constituyen intervenciones sensibles y que representa una ventana de oportunidad que no puede recuperarse completamente si se posterga. Por ese motivo, la SAP sostiene que estas prácticas deben considerarse derechos del binomio madre-hijo y obligaciones del equipo de salud, aclarando que esta premisa está supeditada a que las condiciones clínicas lo permitan ya que en algunos casos puede presentarse un riesgo específico para la salud del bebé que justifique interrumpirlo.
“El comienzo de la lactancia en la primera hora de vida tiene beneficios comprobados tanto para el bebé como para la persona que amamanta. Reduce infecciones, mejora el vínculo, disminuye el estrés y favorece la adaptación fisiológica neonatal. No se trata solo de alimentación: es una intervención integral de salud pública”, indicó por su parte la doctora Marcela Viviana D’Agostino, médica pediatra, vocal titular del Comité de Lactancia de la SAP.
Decisiones informadas
El trabajo también plantea que el parto respetado debe garantizar la toma de decisiones informadas. En ese sentido, sostiene que el consentimiento informado no puede limitarse a la firma de formularios administrativos, sino que debe entenderse como un proceso continuo de diálogo entre el equipo de salud y la persona gestante. Esto implica brindar información clara sobre las intervenciones posibles, los riesgos y beneficios de cada práctica y las alternativas disponibles durante el trabajo de parto y el nacimiento.
En relación con las cesáreas, el documento aclara que cuando estas son necesarias deben realizarse también bajo criterios de humanización. Esto incluye permitir el acompañamiento de una persona de confianza durante el procedimiento y favorecer el contacto precoz con el recién nacido siempre que las condiciones clínicas sean adecuadas. La SAP insiste en que la cesárea respetada forma parte del mismo paradigma de atención centrada en derechos y evidencia científica.
“La información es una herramienta fundamental para transformar la atención perinatal. Conocer los derechos permite participar activamente de las decisiones y favorece experiencias de nacimiento más seguras y respetuosas. El desafío es que estos principios se traduzcan en prácticas concretas en todos los niveles del sistema de salud”, concluyó el doctor Agustín Bernatzky, médico neonatólogo, Vocal Titular del CEFEN.
Participaron en la elaboración de documento de la Sociedad Argentina de Pediatría los doctores María Inés Espelt (prosecretaria), María Noelia Nieves (secretaria) y Agustín Bernatzky (vocal) por el CEFEN y Roxana Conti (exsecretaria), Marcela Viviana D’Agostino (vocal), Paula Saddi (secretaria Córdoba), Antonio Morilla (prosecretario) y Luis Azula (secretario) por el Comité de Lactancia.