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¿Una anécdota o un síntoma?

La renuncia de Paulizzi al ente de control no fue por motivos personales sino políticos, en un intento por variar el manejo del poder y de la caja. Un capítulo que podría indicar que los tiempos de disputas internas en el peronismo se precipitaron.

Hay infinitas maneras de sorprender. Una de ellas es hacer lo que no se espera de nosotros, contradecir los pronósticos. No es, precisamente, la que eligió Leticia Paulizzi en su paso por el Ente de Prevención Ciudadana y Gestión Ambiental, ex-Edecom, que fue rebautizado por la exconcejala para que ya desde el nombre abarcara la totalidad de su proyecto y el perfil de su gestión.

Paulizzi no sorprendió por la forma sino por el tiempo. Por su fugacidad. En los pasillos de la política riocuartense, principalmente en el peronismo, cuando se conoció que ocuparía la sensible área de control, casi todos vaticinaron el desenlace que finalmente ocurrió. Lo que no adivinaron ni por asomo fue que se produciría apenas 12 días después de la asunción.

Sus años como jefa de bloque en el Concejo Deliberante presagiaban la posible conflictividad. Sin embargo, la posibilidad de daño es considerablemente menor en el Legislativo que en un ente clave como el Edecom. En ese punto, en su incapacidad por determinar el perfil adecuado para ocupar el cargo, el gobierno debería encarar, al menos, una autocrítica interna.

La funcionaria breve, que no habló hasta ahora públicamente para ensayar una explicación, alegó en su renuncia -al menos eso trascendió- que dejaba el cargo por razones personales. Algo debe haber pasado entre ese 11 de diciembre en que juró por la memoria de José Manuel de la Sota y el 22, día en que dio un portazo en el ente y nunca más volvió.

Pero, por más que alegue cuestiones particulares, Paulizzi llegó a ese puesto en representación de un espacio político, La Militante, y de una referente, Adriana Nazario. Y cuando renunció, el legislador Franco Miranda, uno de los líderes de la agrupación, salió a defender la postura de la exconcejala.

En realidad, la renuncia fue política y en esos términos hay que leerla. Se trató de una pelea de poder que puede haber empezado ahí pero que está lejos de terminar y que posiblemente esté marcando un adelantamiento vertiginoso de los tiempos dentro del oficialismo.

Hasta la fecha elegida para la renuncia es sintomática. En el gobierno municipal más de uno la calificó de “bajeza política”. Porque abandonó el Edecom 24 horas antes de que comenzaran los controles para las fiestas. Y si hay una ocasión en que el ente no puede fallar, menos aún en pandemia y con los eventos y reuniones prohibidos, es a fin de año.

Paulizzi buscó que la presentación de su renuncia contuviera el mayor potencial posible de daño político. Imaginó que el 22 de diciembre Juan Manuel Llamosas se vería forzado a aceptar sus condiciones.

¿Cuáles eran? Que el ente de control pasara a ser independiente, que no estuviera bajo la órbita de ninguna secretaría y menos aún de la de Servicios Públicos, comandada por el schiarettista Marcelo Bressan. El “nazarismo” o La Militante arrastran un encono especial con el grupo que responde al gobernador después de que Schiaretti le retaceara a Adriana el puesto de ministra de Ambiente que, según su versión, había sido acordado y para el que se había preparado a conciencia. Desde ese día, la exdiputada, que tiene una alta consideración de sí misma, se predispuso negativamente con el gobierno provincial y terminó al lado de Carlos Caserio, senador nacional y uno de los representantes de Alberto Fernández en Córdoba.

Paulizzi y La Militante sabían desde el primer momento que el ente dependería de Servicios Públicos. Pero se eligió la ocasión más sensible para tratar de cambiar el rumbo de la situación. Públicamente, lo que argumentaron desde el nazarismo es que era imposible aplicar las profundas y transformadoras reformas que Paulizzi había preparado para el ente de control si tenía que reportar permanentemente a un superior. En privado, lo que sostienen los funcionarios del gobierno es que la pelea era por la caja, por el manejo de los fondos y el reparto de los cargos. Hoy, la lapicera está en manos de Bressan; Paulizzi la quería para ella.

La exigencia carecía de razonabilidad política. ¿Por qué debería haberle dado el intendente otra vez autonomía al Edecom? Uno de los principales dolores de cabeza de su primera gestión se produjo precisamente en ese ente, cuando era autárquico y aplicaba un sistema contable de una verdulería del siglo XIX. El escándalo de los cheques, con una empleada administrativa que duplicaba pagos y algunos se los quedaba para ella, se produjo en ese contexto. Cuando el Edecom pasó a estar controlado y bajo la órbita de una secretaría, las complicaciones desaparecieron, al menos de la esfera pública. Pedirle a Llamosas que volviera a un estado de cosas anterior era reclamarle que dejara de lado una fórmula que le dio resultados e insistiera con una que expuso a su gobierno y le provocó daño político.

El intendente debatió esa tarde, el martes, qué debía hacer. Si aceptaba la renuncia, incurría en un traspié político, una improlijidad y un riesgo: no tener conducción política del Edecom para las Fiestas. Si no la aceptaba y cedía a las exigencias de la funcionaria, La Militante le torcería el brazo y su autoridad quedaría sensiblemente disminuida a menos de dos semanas de asumir.

Eligió la primera opción porque la consideró la menos nociva. Y si bien es cierto que el episodio Paulizzi se apagará rápidamente, todavía quedará pendiente la definición de la relación con La Militante, que no se agota en la exconcejala.

Porque ese sector tiene nada más y nada menos que dos concejales; es decir, posee la capacidad, si la tirantez es llevada al límite, de dejar al oficialismo en minoría. Tal vez no lo haga abiertamente, pero sí puede forzar al intendente a negociar el acompañamiento en cada proyecto importante que pase por el Legislativo.

¿Respetará Llamosas el acuerdo con La Militante y le dará a otra mujer u otro hombre del mismo espacio el ente de control? “Mirá, el Edecom ya dio muchos problemas. Por ahora va a seguir Javier de Olmos”, dijeron en el Palacio. Más adelante habrá un nuevo presidente aunque no sería de La Militante.

Pero, más allá de esa decisión, todavía queda flotando la pregunta sobre si en el oficialismo no se precipitaron los tiempos y las peleas internas, que se prefiguraban y se darán inevitablemente porque Llamosas ya no dispone de otro período. Actualmente, esa misma unidad de la que el llamosismo hizo alarde y le permitió el triunfo electoral, puede haberse convertido en un obstáculo para la gestión. La incógnita es si los grupos que conviven en el Ejecutivo comparten un proyecto en común o si cada uno está jugando su propio juego de posicionamientos para acomodarse en el peronismo que viene.

El propio intendente podría haber acelerado el proceso. Porque la disposición del equipo de gobierno dejó en claro que su objetivo político pasa por salir hacia arriba, es decir, que el actual mandato sirva como trampolín hacia el escenario provincial. Lo hizo desde el primer día y, tal vez, en ese mismo acto, en vez de retrasarla lo más posible, disparó la disputa por la sucesión.

Quizás, el capítulo Paulizzi no se agote en sí mismo ni sea el relato de una funcionaria que batió récords de brevedad. Tal vez no se trate sólo de una anécdota, sino de un síntoma.