Estudió Ciencias Políticas, pero hoy lidera un equipo que busca darle sustentabilidad al campo utilizando recursos de la Antártida

La startup Nunatak comenzó con investigadores estudiando cómo determinadas plantas sobrevivían a las inclemencias del continente blanco. Se juntaron con Julia Mensa, licenciada en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, que dejó esa formación de lado y se puso a liderar un equipo que desarrolló insumos para aumentar la productividad de los cultivos tomando las enseñanzas del clima extremo

 

Julia Mensa estudió Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, pero hoy junto a un grupo de investigadores que recorrieron la Antártida para conocer cómo era el comportamiento de las plantas que sobrevivían a unos de los climas más hostiles del mundo, conformaron la startup Nunatak que produce insumos para mejorar la productividad en lotes de soja, trigo o maíz trasladando las enseñanzas tomadas del continente blanco. Montaron su planta de producción en Río Cuarto y desde aquí buscan escalar a todo el mundo con Yamana, su primer producto ya comercial, mientras avanzan con tres nuevos desarrollos.

“Nunatak desarrolla insumos que aumentan la productividad del agricultor, el rendimiento de los cultivos, con productos competitivos en términos de precio”, comienza relatando Julia, en diálogo con I+I CBA, en el marco de la AgTech Week, donde expuso su iniciativa en una competición de startups.

¿Cómo lo hacen?

Desarrollamos insumos aprendiendo de la naturaleza, en los lugares más difíciles donde las plantas pueden sobrevivir, como es la Antártida. Nosotros vamos a lugares extremos, entendemos cómo las plantas logran sobrevivir, estudiamos su microbioma, después estudiamos microbiomas de los cultivos target, como soja, trigo y a partir de ahí desarrollamos productos. Hoy ya tenemos un primer producto en el mercado que se aplica en tratamiento de semillas, que puede aumentar el rendimiento y nuestros clientes son distribuidoras y empresas que quieran comercializarlo.

¿El producto entra con la semilla al suelo?

Sí, exacto, así es. Porque nuestra visión es desarrollar soluciones que sean muy fáciles de integrar al productor y a la maquinaria existente, que sea compatible con los productos que ya utiliza el productor, ya sean químicos o biológicos, y que sean productos muy competitivos en términos de precio. Entonces el retorno de inversión, o el riesgo que tiene que asumir el productor, es bajo. Nosotros, para generar una transición hacia una agricultura más sustentable, tenemos que ir bajando las barreras de adopción de nuevas tecnologías y eso es lo que hacemos. Desarrollamos productos compatibles, fáciles de usar y competitivos en el mercado.

¿Cómo surgió la idea de la Antártida?

Bueno, yo tuve la oportunidad de conocer a mi equipo en 2023 y ellos venían trabajando en la Antártida justamente estos microorganismos raros que están en el suelo: hongos y bacterias. Tienen 20 años de experiencia trabajando en esos sitios, y de hecho ya parte del equipo fue a Antártida a seguir estudiando esos microorganismos que se encuentran allí. El equipo viene desarrollando en sus propios postdoctorados y demás investigaciones la asociación planta – microorganismos. Por ejemplo, para recuperar suelos contaminados, fitorremediar, o sea, nosotros ya veníamos con una trayectoria y una experiencia bastante grande, así que cuando encontramos el mercado, la oportunidad, el negocio, fue bastante simple en el sentido que teníamos el equipo necesario para lograrlo.

Ahí dieron el salto…

Ahí dimos el salto.

¿Y en qué momento están hoy?

Después de dos años, lanzamos el producto al mercado, se llama Yamana. Y estamos buscando distribuidores, productores o empresas que quieran comercializarlo. Hemos levantado capital, alrededor de 800 mil dólares en estos años. Esto nos ha permitido patentar la formulación del producto, registrar ya un producto y hay tres nuevos en camino. Estamos en un momento de crecimiento y de expansión, de posicionamiento comercial, fundamentalmente, y también levantando capital ya sea de productores o inversores vinculados al sector que nos puedan agregar valor.

Esos tres productos que vienen en camino, ¿qué vienen a solucionar?

Vienen a solucionar el estrés, algunos vinculados a la salinidad, también vienen a solucionar también el control de patógenos en los cultivos, y aumentar el rendimiento. Siempre buscamos construir una cartera de productos para después también poder ofrecerle más soluciones a las empresas. Y la verdad que la velocidad con la que lo estamos haciendo es interesante y nos entusiasma un montón.

¿Y el equipo de Nunatak cómo es?

El equipo está formado por investigadores científicos que vienen, ya sea de CONICET o de Instituto Antártico Argentino. O sea, doctores en microbiología, en biotecnología. Tenemos también un líder comercial con muchísima experiencia, que hoy es el que está de alguna manera liderando todo el posicionamiento y lanzamiento de Yamana. Tenemos una persona en finanzas, una persona que coordina todas las operaciones también a nivel general, y en particular del laboratorio. Y tenemos una planta de producción en Río Cuarto donde escalamos nuestro producto, y ahí también tenemos una doctora en microbiología que hace el seguimiento del lanzamiento de nuestro producto y todo el seguimiento del escalado en base de nuestras soluciones. Entonces, el producto se escala, se envasa en Río Cuarto.

¿Y desde Río Cuarto pretenden llegar a dónde?

A todo el mundo. Esperamos llegar a todo el mundo. Ya hemos empezado a enviar el producto a algunas zonas del país, listo para ser comercializado. Y estamos lanzando fuerte ahora en la campaña de soja. Mientras, estamos buscando aliados que también se sumen a nuestra historia desde el comienzo, que hoy tiene un producto registrado, pero hay tres nuevos que esperamos que se lancen en los próximos 12. Empezamos a construir un portfolio interesante que le sea un negocios tanto a las agronomías, a los distribuidores, y fundamentalmente al productor; que veamos una recuperación en la salud de los suelos y a su vez alineado con un aumento de productividad. Y yo creo que con ciencia, con tecnología, eso es posible. Ese es nuestro objetivo.

¿Por qué en Río Cuarto? ¿Por qué montaron la planta acá?

Porque acá está Gustavo González Anta, una de las personas que fue gerente de desarrollo de Rizobacter durante 20 años, con muchísima experiencia. Y nosotros, ni bien comenzamos, empezamos a articular con él. Y tanto se enamoraron mis científicos, mi equipo científico, con Gustavo, porque son personas muy curiosas, que les encanta la innovación, que nos dimos cuenta que había feeling. Y así empezó una relación, te diría, por admiración científica mutua. Y hoy ya tenemos un equipo, personas trabajando acá. Y ojalá que podamos seguir sumando, si la empresa sigue creciendo, que es a lo que vemos, para seguir sumando talento local.

A todo esto, tu formación de las humanas, ¿cómo fue el vínculo con este mundo?

Claro. Yo estudié Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Pero soy una persona muy mandada, y creo que estudiar no te define. Nada te define en la vida. O sea, sé que tengo una vida y en esa vida voy a hacer lo que tenga gana o lo que se me ocurra siempre que sea razonable. Mi papá es emprendedor, vengo de esto, de la articulación público-privada, ayudando desde el sector público a empresas a vender. Siempre tuve una visión de que el desarrollo productivo mejora a los países y al mundo. A mí me pasó hace como 5 años, que me di cuenta que me quería dedicar a cuidar las plantas, la naturaleza, el océano. Dije “yo me quiero dedicar a esto”. Empecé, hice un postgrado en inteligencia artificial en 2020 y lo apliqué a predecir incendios forestales con datos de IDECOR en la provincia. Armé un proyecto que era como el trabajo de tesis del postgrado y ahí me empezaron a decir “¿por qué no te armás una startup?” Y yo no sabía ni qué era eso.

¿Todo esto hace 5 años? Muy poco tiempo…

Sí, nada. Y ahí la gente me empezó a decir que me postule a una beca, a otra. En la beca empecé a conocer gente que me sugirieron postularme a un programa en el que finalmente conocí a mis socios. Era un fondo de inversión de biotecnología, uno de los fondos de biotecnología más relevantes de Sudamérica, que combina, que buscan proyectos científicos de mucho potencial que se conecten con emprendedores de negocio. Y yo ya estaba en una empresa de tecnología en Córdoba; ya había dado el salto a empezar a liderar equipos técnicos en el sector privado más vinculado a innovación. Y ahí empecé a armar, y cuando arranqué fue la primera vez como emprendedora, primera vez como CEO. Pero bueno, creo que uno va trabajando la confianza en uno, en el equipo, y sobre todo estar rodeado de talento. Siempre busco estar rodeada de gente que sabe más que yo. Yo aprendo a coordinarlos, a liderarlos, pero los que saben, generalmente son otros. Ese es un poco mi rol. Creo que es posible, y no siempre necesitas tener o hacer un caminito determinado para ser emprendedor. Realmente no hay receta, no hay receta de cómo levantar capital, cómo liderar, cómo construir una empresa, qué hacer cuando estás súper estresado; no hay receta. Hay muchos comentarios, pero después vos tenés que encontrar tu manera, tu estilo, alineado a tu forma.