“Es una de las principales consecuencias de la pobreza estructural. No se trata solamente de una cuestión de dinero, también tiene que ver con la pobreza en el sentido humano. Tenemos generaciones y generaciones de gente olvidada. Personas marginadas, sin educación ni salud, acostumbradas a sobrevivir a los manotazos. No se puede esperar que salgan a rezar el rosario por las calles”, indicó Felizzia.
-¿Cómo se hace pasa salir?
-Es de muy largo rango. Estoy convencido de que hay cosas que están en nuestras manos, pero muchas veces estamos desbordados por las situaciones urgentes como la miseria. Hoy, por ejemplo, no damos abasto para darle de comer a la gente. A la parroquia vienen, por lo menos, 20 personas por día a buscar comida. Es así que llega el momento en el que algunos optan por robar, porque si no se les mueren de hambre sus hijos. También hay que considerar lo que implica estar mendigando, sufriendo, pasando humillaciones, que se te cierren todas las puertas y que no sepas si llegás con algo para comer a la noche.
-¿Qué observan ustedes?
-Tenemos una copa de leche en la capilla y hay veces en las que las madres vienen a recoger las sobras y migajas que quedan para darles algo a los chicos a la noche. El problema es estructural y muy grave. Hay cuestiones que se nos escapan porque se requiere una economía más justa. En el país sobra la riqueza, pero se la acaparan unos pocos. Nosotros tratamos de contener y de acompañar. Todas nuestras iniciativas se basan en la educación. Buscamos ayudar a las personas para que nutran su cerebro de ideas. Tenemos apoyo escolar para que los chicos no abandonen la escuela, por ejemplo.
“Hay una situación grave que tiene que ver con que hay muchos chicos que no llegan (a la escuela) porque su cerebro no se desarrolló ya desde vientre materno y, después, el contexto cultural, familiar y barrial tampoco los alienta mucho. Hay que reforzar todo aquello que pueda ayudar a las personas a emprender. En ese marco, tenemos un convenio con la Universidad Barrial, donde participan personas de todas las edades, y hace 25 años que trabajamos con la Granja Siquem”, agregó el sacerdote.
-Las autoridades todavía no se han pronunciado, ¿qué opina al respecto?
-Creo que tampoco pueden decir mucho. Es tan grave la situación que excede a la Municipalidad y a la Provincia. Es una cuestión nacional. Qué puede hacer un municipio cuando hay un 40 por ciento de inflación. Son cuestiones estructurales que llevan mucho tiempo. De todas formas, es posible salir porque los recursos están. La Argentina no es un desierto, es un país rico, tiene todos los recursos. Es muy triste lo que está pasando y que nosotros no reaccionemos.
Nicolás Cheetham. Redacción Puntal