Imagine la siguiente situación: usted se levanta, desayuna, se coloca el uniforme de trabajo -si así lo requiere- y se dirige hacia la parada del colectivo. Viaja sentado junto a la ventanilla entre una multitud que se abarrota a lo largo del pasillo, hasta que llega a la parada correspondiente. Entonces desciende y se dispone a cruzar la calle mientras revisa la hora en el celular: “Llego a tiempo”, piensa para sí, cuando de golpe siente el bocinazo.
En ese instante, y de repente, aumenta el ritmo cardíaco, la presión sanguínea se incrementa, la respiración se acelera, los músculos se tensan y, en un instinto de huida animal, el cuerpo sale disparado en una corrida fugaz que le salva la vida. Esa manifestación de estrés agudo, instinto vital, cuasi animal, de preparación, atención, protección y alerta frente al peligro, es una condición esencial de la naturaleza humana.
Ahora bien, cuando esa situación de estrés y ansiedad se manifiesta de manera crónica y persistente o, todavía más, cuando se presenta en forma crítica e irruptiva acompañada por la sensación subjetiva de muerte inminente -sin que ni siquiera exista una amenaza externa-, lejos de ser una situación protectiva y vital se convierte en una situación nociva. Estamos allí frente a padecimientos subjetivos -antes denominados trastornos mentales- tales como trastornos por ansiedad, en el primer caso, y ataques de pánico, en el segundo.
Al respecto, y en términos cuantitativos, las cifras no pasan desapercibidas: uno de cada tres argentinos sufre algún tipo de padecimiento psicológico. Según el primer Estudio Argentino de Epidemiología en Salud Mental, cuyas conclusiones iniciales fueron publicadas en la revista científica Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, el 29,1 por ciento de los argentinos sufre algún tipo de trastorno de salud mental, entre los que prevalecen, con un 16 por ciento, los trastornos por ansiedad.
En diálogo con Puntal, Jorge Berlaffa, médico especialista en Psiquiatría y doctor en Ciencias Sociales, señaló que existe un crecimiento significativo y constante en el número de personas que padecen este tipo de padecimientos psicológicos, lo cual se hace manifiesto en un incremento sostenido en la cantidad de consultas a profesionales del ámbito de la salud mental, que supera el 50 por ciento en los últimos 20 años.
A la hora de abordar la problemática, lejos de reducirlo al mundo individual e intersubjetivo del sujeto, Berlaffa propone la ampliación del marco de referencia y la sitúa en medio de un entramado sociocultural dominante en que prima el individualismo, la competitividad, el empobrecimiento y la fragmentación social, valores dominantes de la sociedad del consumo en la que vivimos.
- ¿Existe una íntima relación entre los trastornos por ansiedad y el entorno sociocultural en el que vivimos?
- Efectivamente. En general, podríamos decir que nada de lo que nos pasa como sujetos es ajeno al modo de vida y a la cultura en que se vive. Y considerar esto es particularmente importante cuando nos referimos a los padecimientos subjetivos. Ninguno de nosotros, en tanto sujetos, podemos padecer un trastorno psíquico por fuera de nuestra historia personal, por un lado, y del encadenamiento social y cultural de pertenencia, por el otro.
- ¿Cómo se caracteriza ese contexto sociocultural al que hace referencia?
- Hay una condición general que afecta a los países de nuestra región –Latinoamérica y el Caribe- y es que somos países colonizados: económica, política y culturalmente. Existe un capitalismo neoliberal que impone con fuerza su impronta y va generando un modo de vida condicionado por un creciente empobrecimiento de la población y la ruptura de ciertas dinámicas colectivas de asociativismo y cooperación, que confluyen en una progresiva fragmentación social. Paralelamente, se imponen los valores del individualismo y la competencia, entonces el otro se instituye en un enemigo en potencia y las relaciones entre sujetos se convierten en relaciones con objetos, lo cual, en conjunto con lo anterior, produce una situación de estrés permanente que condiciona significativamente la vida de las personas.
- ¿Así la persona tiene constantes y numerosos estímulos y escasas posibilidades de satisfacción?
- Sí, porque en realidad esos estímulos están fuertemente vinculados a las condiciones del mercado. Todo está diseñado para que la gente consuma independientemente de cualquier necesidad; la táctica es que por más que vos consumas nunca llegás a consumir todo lo que se te ofrece en una promesa de felicidad y completud absoluta que es siempre una ilusión. Como eso nunca se logra, queda la idea de siempre ir por más y más, lo que genera un estado de ansiedad permanente. A la vez, disminuye enormemente la tolerancia a la frustración y a la espera; hoy ya no se tolera que algo no salga ni tampoco que algo demore.
Trastornos por ansiedad y ataques de pánico
- ¿Las altas cuotas de estrés devienen en la proliferación de los trastornos por ansiedad?
- El estrés es la condición primaria esencial para la ansiedad. Y los seres humanos no estamos preparados para el estrés crónico y permanente. Naturalmente estamos preparados para el estrés agudo, el cual es una cuestión saludable que, es más, por ahí nos salva la vida. Es un instinto básico de defensa. El estrés crónico, en cambio, lejos de ser una situación protectiva y vital, termina siendo nocivo. Es el caso de los trastornos por ansiedad, que se caracterizan por un estado de ansiedad basal mucho más elevado de lo que normalmente se esperaría en una persona.
- ¿En los casos más extremos pueden desencadenar un ataque de pánico?
- Bueno, los trastornos por ansiedad reconocen diferentes formas, entre ellas los ataques de pánico. Es decir, el ataque de pánico suele ser una de las manifestaciones críticas agudas del trastorno por ansiedad. Es una crisis intensa de ansiedad, que puede tener uno o varios disparadores siempre vinculados a la historia de la persona y se presenta con un componente físico importante en donde lo más característico es la sensación subjetiva de muerte inminente.
- La persona suele representarse que está en presencia de un ataque cardíaco…
- Primero hay una sensación de que algo inexplicable, pero grave, va a pasar. Luego, cuando los síntomas físicos son muy intensos, con presencia de taquicardia, agitación, sudoración, sensación de mareo, visión borrosa, sensación de aturdimiento en la cabeza, se aflojan las piernas, la persona experimenta una sensación de desesperación y desasosiego que, en su punto más crítico, se convierte en una sensación de muerte inminente. En ese momento, la persona experimenta una sensación de ahogo u opresión en el pecho que, al no tener referencia de qué se trata, lo asocia a un ataque cardíaco.
- ¿El momento de crisis suele ser un período relativamente breve o más bien largo?
- Es un lapso temporal breve, pero la persona lo vive con una intensidad tal que parece que fuera mucho más largo. El paciente lo relata como si fuera una vivencia eterna, que no se termina nunca y, tal vez, fueron unos pocos minutos y, en algunos casos, hasta segundos. Luego de un breve lapso temporal, la persona vuelve a la calma.
- Es una situación que condiciona fuertemente la vida posterior de la persona…
- Efectivamente, para quien experimentó una vez el ataque de pánico el recuerdo es imborrable y traumático, y eso de algún modo inhibe su comportamiento social y desarrollo social. Suele ocurrir que la persona imagine que en cualquier momento le va a volver a pasar y entonces empieza a condicionar sus movimientos a estar cerca de la maniobra, situación, recurso o persona que sabe que la calma. Realmente es bastante invalidante y condicionante de la vida social.
- ¿Qué se debe hacer ante un ataque de pánico?
- En primer lugar hay que subrayar que la crisis de pánico siempre constituye una emergencia. El paciente tiene que ser asistido en forma inmediata por un servicio especializado, es decir, por una guardia de psiquiatría o de salud mental. Luego de superado ese momento crítico, seguramente el profesional que interviene en la asistencia de la crisis va a recomendar el inicio o la continuidad de un tratamiento, si es que ya estuviese iniciado. En ese caso, hay que atender a esa indicación, que es la más importante.
- ¿Cómo es el tratamiento?
- En salud mental no se pueden universalizar los tratamientos porque cada situación es una singularidad y requiere el diseño particular de las herramientas terapéuticas para ese caso. No obstante, en términos generales, disponemos de dos grandes grupos de recursos: el psicofarmacológico y el psicoterapéutico, los cuales pueden aplicarse conjuntamente o por separado. Generalmente, siempre recomendamos los espacios psicoterapéuticos o psicoanalíticos ya que ofrecen la posibilidad de revisión de lo que está pasando y el abordaje de aquello que constituye el disparador de la crisis de ansiedad.
- ¿Y el farmacológico?
En todo caso, el soporte farmacológico debe usarse como un apoyo que nos ayuda a paliar síntomas que de otra manera serían muy molestos. Pero insisto, ningún psicofármaco le cambia la vida a la gente ni soluciona los problemas humanos. La vida humana es tan compleja que creer que una molécula química puede modificar las condiciones complejas de la vida humana no sólo que es algo improbable sino que, diríamos, es hasta ingenuo.
Amir Coleff
Redacción Puntal
Ahora bien, cuando esa situación de estrés y ansiedad se manifiesta de manera crónica y persistente o, todavía más, cuando se presenta en forma crítica e irruptiva acompañada por la sensación subjetiva de muerte inminente -sin que ni siquiera exista una amenaza externa-, lejos de ser una situación protectiva y vital se convierte en una situación nociva. Estamos allí frente a padecimientos subjetivos -antes denominados trastornos mentales- tales como trastornos por ansiedad, en el primer caso, y ataques de pánico, en el segundo.
Al respecto, y en términos cuantitativos, las cifras no pasan desapercibidas: uno de cada tres argentinos sufre algún tipo de padecimiento psicológico. Según el primer Estudio Argentino de Epidemiología en Salud Mental, cuyas conclusiones iniciales fueron publicadas en la revista científica Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, el 29,1 por ciento de los argentinos sufre algún tipo de trastorno de salud mental, entre los que prevalecen, con un 16 por ciento, los trastornos por ansiedad.
En diálogo con Puntal, Jorge Berlaffa, médico especialista en Psiquiatría y doctor en Ciencias Sociales, señaló que existe un crecimiento significativo y constante en el número de personas que padecen este tipo de padecimientos psicológicos, lo cual se hace manifiesto en un incremento sostenido en la cantidad de consultas a profesionales del ámbito de la salud mental, que supera el 50 por ciento en los últimos 20 años.
A la hora de abordar la problemática, lejos de reducirlo al mundo individual e intersubjetivo del sujeto, Berlaffa propone la ampliación del marco de referencia y la sitúa en medio de un entramado sociocultural dominante en que prima el individualismo, la competitividad, el empobrecimiento y la fragmentación social, valores dominantes de la sociedad del consumo en la que vivimos.
- ¿Existe una íntima relación entre los trastornos por ansiedad y el entorno sociocultural en el que vivimos?
- Efectivamente. En general, podríamos decir que nada de lo que nos pasa como sujetos es ajeno al modo de vida y a la cultura en que se vive. Y considerar esto es particularmente importante cuando nos referimos a los padecimientos subjetivos. Ninguno de nosotros, en tanto sujetos, podemos padecer un trastorno psíquico por fuera de nuestra historia personal, por un lado, y del encadenamiento social y cultural de pertenencia, por el otro.
- ¿Cómo se caracteriza ese contexto sociocultural al que hace referencia?
- Hay una condición general que afecta a los países de nuestra región –Latinoamérica y el Caribe- y es que somos países colonizados: económica, política y culturalmente. Existe un capitalismo neoliberal que impone con fuerza su impronta y va generando un modo de vida condicionado por un creciente empobrecimiento de la población y la ruptura de ciertas dinámicas colectivas de asociativismo y cooperación, que confluyen en una progresiva fragmentación social. Paralelamente, se imponen los valores del individualismo y la competencia, entonces el otro se instituye en un enemigo en potencia y las relaciones entre sujetos se convierten en relaciones con objetos, lo cual, en conjunto con lo anterior, produce una situación de estrés permanente que condiciona significativamente la vida de las personas.
- ¿Así la persona tiene constantes y numerosos estímulos y escasas posibilidades de satisfacción?
- Sí, porque en realidad esos estímulos están fuertemente vinculados a las condiciones del mercado. Todo está diseñado para que la gente consuma independientemente de cualquier necesidad; la táctica es que por más que vos consumas nunca llegás a consumir todo lo que se te ofrece en una promesa de felicidad y completud absoluta que es siempre una ilusión. Como eso nunca se logra, queda la idea de siempre ir por más y más, lo que genera un estado de ansiedad permanente. A la vez, disminuye enormemente la tolerancia a la frustración y a la espera; hoy ya no se tolera que algo no salga ni tampoco que algo demore.
Trastornos por ansiedad y ataques de pánico
- ¿Las altas cuotas de estrés devienen en la proliferación de los trastornos por ansiedad?
- El estrés es la condición primaria esencial para la ansiedad. Y los seres humanos no estamos preparados para el estrés crónico y permanente. Naturalmente estamos preparados para el estrés agudo, el cual es una cuestión saludable que, es más, por ahí nos salva la vida. Es un instinto básico de defensa. El estrés crónico, en cambio, lejos de ser una situación protectiva y vital, termina siendo nocivo. Es el caso de los trastornos por ansiedad, que se caracterizan por un estado de ansiedad basal mucho más elevado de lo que normalmente se esperaría en una persona.
- ¿En los casos más extremos pueden desencadenar un ataque de pánico?
- Bueno, los trastornos por ansiedad reconocen diferentes formas, entre ellas los ataques de pánico. Es decir, el ataque de pánico suele ser una de las manifestaciones críticas agudas del trastorno por ansiedad. Es una crisis intensa de ansiedad, que puede tener uno o varios disparadores siempre vinculados a la historia de la persona y se presenta con un componente físico importante en donde lo más característico es la sensación subjetiva de muerte inminente.
- La persona suele representarse que está en presencia de un ataque cardíaco…
- Primero hay una sensación de que algo inexplicable, pero grave, va a pasar. Luego, cuando los síntomas físicos son muy intensos, con presencia de taquicardia, agitación, sudoración, sensación de mareo, visión borrosa, sensación de aturdimiento en la cabeza, se aflojan las piernas, la persona experimenta una sensación de desesperación y desasosiego que, en su punto más crítico, se convierte en una sensación de muerte inminente. En ese momento, la persona experimenta una sensación de ahogo u opresión en el pecho que, al no tener referencia de qué se trata, lo asocia a un ataque cardíaco.
- ¿El momento de crisis suele ser un período relativamente breve o más bien largo?
- Es un lapso temporal breve, pero la persona lo vive con una intensidad tal que parece que fuera mucho más largo. El paciente lo relata como si fuera una vivencia eterna, que no se termina nunca y, tal vez, fueron unos pocos minutos y, en algunos casos, hasta segundos. Luego de un breve lapso temporal, la persona vuelve a la calma.
- Es una situación que condiciona fuertemente la vida posterior de la persona…
- Efectivamente, para quien experimentó una vez el ataque de pánico el recuerdo es imborrable y traumático, y eso de algún modo inhibe su comportamiento social y desarrollo social. Suele ocurrir que la persona imagine que en cualquier momento le va a volver a pasar y entonces empieza a condicionar sus movimientos a estar cerca de la maniobra, situación, recurso o persona que sabe que la calma. Realmente es bastante invalidante y condicionante de la vida social.
- ¿Qué se debe hacer ante un ataque de pánico?
- En primer lugar hay que subrayar que la crisis de pánico siempre constituye una emergencia. El paciente tiene que ser asistido en forma inmediata por un servicio especializado, es decir, por una guardia de psiquiatría o de salud mental. Luego de superado ese momento crítico, seguramente el profesional que interviene en la asistencia de la crisis va a recomendar el inicio o la continuidad de un tratamiento, si es que ya estuviese iniciado. En ese caso, hay que atender a esa indicación, que es la más importante.
- ¿Cómo es el tratamiento?
- En salud mental no se pueden universalizar los tratamientos porque cada situación es una singularidad y requiere el diseño particular de las herramientas terapéuticas para ese caso. No obstante, en términos generales, disponemos de dos grandes grupos de recursos: el psicofarmacológico y el psicoterapéutico, los cuales pueden aplicarse conjuntamente o por separado. Generalmente, siempre recomendamos los espacios psicoterapéuticos o psicoanalíticos ya que ofrecen la posibilidad de revisión de lo que está pasando y el abordaje de aquello que constituye el disparador de la crisis de ansiedad.
- ¿Y el farmacológico?
En todo caso, el soporte farmacológico debe usarse como un apoyo que nos ayuda a paliar síntomas que de otra manera serían muy molestos. Pero insisto, ningún psicofármaco le cambia la vida a la gente ni soluciona los problemas humanos. La vida humana es tan compleja que creer que una molécula química puede modificar las condiciones complejas de la vida humana no sólo que es algo improbable sino que, diríamos, es hasta ingenuo.
Amir Coleff
Redacción Puntal

