"En Estudiantes encontré la felicidad, hace mucho no me sentía tan feliz y tan cómodo"
Hoy Brian Olivera es indispensable en el arco de Estudiantes. Por más que quien tenga atrás sea un fenómeno como Joaquín Bigo, de quien habla maravillas y que lo obliga a dar su mejor versión día a día para no perder su lugar.
La historia de Brian es de agradecimiento total a donde estuvo y donde está, con la humildad de una persona sincera y que dice las cosas como son.
Agradecido a Instituo, su casa futbolística, a Defensores de Belgrano de Villa Ramallo por darle la oportunidad y lo propio con Estudiantes.
Pasen y vean, lean lo que dice el cordobés, desde su tiempo como compañero de Paulo Dybala a los elogios a todo el mundo celeste, en especial a José Mancinelli y Joaquín Bigo, entre otros.
La amena charla comienza con el transcurrir de la semana previa a Nueva Chicago.
“La semana fue un poco amarga por el resultado con Chacarita, creo que merecíamos un poco más, nos quedó ese gusto amargo. Ahora ya pensamos en Nueva Chicago para buscar un buen resultado”, señala.
-Quedó la impresión de que contra Atlanta era un empate y contra Chacarita, un triunfo ¿lo piensan igual?
-La verdad es que de todos los partidos que venimos jugando merecíamos un poco más; contra Atlanta se hizo un buen partido, nos llegaron dos veces y nos hicieron un gol. Nosotros tuvimos situaciones en el segundo tiempo, ellos no propusieron nada, se metieron atrás y nosotros no supimos entrar. La verdad es que era muy importante llevar un punto a casa. Contra Chacharita tampoco pudimos sacar los tres puntos, pero lo importante es que el juego del equipo se está viendo, de a poco se ve la mano del técnico.
-Son claramente otro equipo desde Alvarado a la fecha, ¿era lógico atravesar un período así?
-Era obvio, se nos fueron jugadores muy importantes a Primera División, era obvio y todos lo sentíamos. Cualquiera que preguntara se iba a dar cuenta, se fue un técnico con cinco años de trabajo en el club, con su idea, después vino otro con su nuevo juego, con jugadores nuevos, y era previsible que iba a costar un poco más. Se nos escapó el triunfo en el primer partido con Maipú; si hubiéramos ganado los tres puntos, capaz que hubiese sido diferente.
-En lo personal, se te ve realmente muy bien, de los mejores del club y de la categoría, ¿cómo lo sentís vos?
-Yo te digo la verdad: encontré la felicidad, hace mucho que no me sentía tan feliz y tan cómodo. Tuve un paso por Instituto que no fue tan bueno, después me fui a Villa Ramallo a jugar el Federal A en un equipo muy humilde, me sentí feliz y quería probarme para qué estaba. A mí me costó mucho irme de Instituto, uno se siente menos y acá me dieron la oportunidad, estoy muy agradecido y por eso tengo este nivel, para agradecerle y con muchas ganas de mejorar día a día, de ser alguien y dejar una huella en Estudiantes. Se nos escapó el ascenso en el torneo pasado; me duele mucho todavía, pero la verdad es que estoy muy conforme con mi trabajo y siempre voy por más.
-Estás en un puesto en el que la paciencia es un valor imprescindible: primero fuiste suplente de Peralta, luego de Ardente hasta hoy, ¿cómo jugó todo eso en tu cabeza?
-Cuando estaba el Chupa, era muy difícil sacarle el puesto por todo lo que significa él en el club, por todo lo que le dio y el rendimiento que tuvo. Después, cuando se va, entra un arquero con veinte años de experiencia, habiendo jugado en Primera. Así y todo, yo nunca me siento menos que nadie, en mi cabeza siempre estuvo que yo estando bien podía jugar. Antes de que se reanude el torneo me desgarro el aductor y por eso no empecé jugando, después me puse muy contento cuando Marcelo me comunicó que iba a jugar una semifinal; no te voy a mentir, también me puse renervioso. Uno siempre tiene que estar preparado y esperar la chance, pero me tomó de sorpresa. Mis compañeros me apoyaron y me sentí rebien. Cuando terminó el partido me saqué un peso de encima. Me sentí que estaba a la altura de Estudiantes y de una final.
-Naciste en Instituto y Marcelo Vázquez está allí, ¿cuál es tu opinión al respecto?
-Es un desafío bastante lindo para él. Marcelo es una persona que siempre quiere más, es ambicioso, quiere aprender. Le gustan los fierros calientes, la presión. Va a andar muy bien porque Instituto es un equipo enorme, le van a exigir. Tiene con qué trabajar y le deseo lo mejor; para mí Instituto es mi casa, me forme ahí, le deseo de todo corazón a que le vaya bien porque me dio la oportunidad y estoy acá por mérito mío y la oportunidad que él me dio.
-En Instituto fuiste compañero de Dybala, ¿cómo era Paulo de chico, ya se lo veía distinto?
-Jugamos en Cuarta, Quinta y Sexta y, después, en Primera. Se lo veía que era un buen jugador pero no era tan distinto, él se quedaba siempre una hora después de los entrenamientos para mejorar la zurda con un profe. Siempre quería y buscaba más, después demostró todo lo que pudo y puede dar, es un jugadorazo, muy completo. En Europa se terminó de hacer más, digamos.
-¿Por qué creés que Instituto ha sacado tantos buenos pibes? ¿Dónde está el secreto de la formación?
-En la bola que les dan a los jugadores de inferiores, nunca te sueltan la mano. Yo la pasé bastante feo y siempre me apoyaron, me dieron una mano; cuando necesitaba estar en la pensión, me abrieron las puertas. Es un club de familia, es familia. Nunca te van a a soltar la mano; después, los jugadores se sienten cómodos, tienen canchas lindas para entrenar, con todos los recursos. Se trata de todo eso.
-¿Cómo fue pasar de todo eso a la humildad de Villa Ramallo?
-A Defensores yo le debo la vida, me dio una oportunidad y siempre voy a estar agradecido. Pero de jugar una Primera Nacional a jugar un Federal A con un presupuesto muy bajo, tenía muchas cosas de amateurismo, sin canchas, o más vestuarios, fue difícil. Ahí no se juega por plata, se juega por amor, los jugadores que están de hace mucho te llevan a eso. Mignacco, Cartecchini, Torrent, ellos te llevan a que vos juegues por amor a la camiseta. Después, en lo deportivo nos fue muy bien, dejamos eliminado a Estudiantes por penales en Río Cuarto y llegamos a semifinales, en las que perdimos con San Jorge de Tucumán. Fue hermoso, la humildad de la gente, el apoyo, es un club muy lindo.
-En esa definición contra Estudiantes, Peralta te atajó un penal.
-Al pedo fui a patear, si tengo que atajarlos nomás. Me tenía mucha confianza, el Chupa me conocía de hace mucho, tenemos muy buena relación y pensé que siendo el último patearía al medio o la cruzo. Resulta que cambio de palo y me lo ataja, se me vino el mundo abajo. Después va Bruno (Sepúlveda), la tiró por arriba y Torrent metió el del triunfo.
-¿Cómo es tener de entrenador de arqueros a José Mancinelli?
-José es un masa, simple. Esa es la definición, un crack. Le pone muchas ganas y un empeño a que mejoremos día a tras día, muy insistente para que vayamos al gimnasio y mejoremos ahí. Si Estudiantes tiene buenos arqueros de inferiores es en parte por José, le da mucha bola y tiene muchas ganas de aprender y pegar el salto, a mí me ha mejorado muchísimo, en especial en el carácter. Tengo muchas veces un carácter complicado y ahora soy otra persona gracias a José, también a Franco Barreda y Marcelo Vázquez. José me dice todos los días que era igual a mí y que él podía haber jugado en otras categoría, se pone de ejemplo para mí, lo aprecio bastante.
-¿Y a Bigo cómo lo analizás?
-Bigo tiene un futuro terrible, me encanta, es un arquero completo. Si vos buscás un arquero completo, te lo tenés que llevar. Por eso no bajo mi rendimiento porque me lleva al máximo, si yo bajo se que él me quita el puesto. Entre los dos nos ayudamos a mejorar, el arco de Estudiantes va a estar varios años bien cubierto.
-Lo último: ¿por qué en inferiores te decían Aserrín?
-Me decían así porque cuando se separaron mis viejos tuve que trabajar para ganarme la vida, ayudar a mi mamá, y comprarme mis elementos de trabajo. Mi abuelo me dio una mano y de chico iba a trabajar a su carpintería y cuando salía de ahí me iba a entrenar, todo sucio, lleno de aserrín, así como estaba entrenaba y un profe me puso Aserrín.