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Seis estudiantes de Italia, Noruega y Hong Kong se suman a las aulas de Río Cuarto y la zona

Tras su primera semana en suelo cordobés, cuatro de ellos repasan entre risas sus primeras impresiones: el impacto del aula argentina, las costumbres familiares y la calidez de sus nuevos compañeros

Llegaron para conocer Argentina y el sur de Córdoba, pero también para encontrarse con esas pequeñas diferencias cotidianas que disparan risas desde el primer día: desde compañeros de banco que indagan fascinados por el futbolista Erling Haaland hasta las sorpresas de las chicas con las reglas de los colegios locales sobre la ropa, el pelo y el maquillaje.

Aunque apenas llevan una semana en suelo argentino y están en pleno revuelo de adaptación, cuatro de ellos se hicieron un ratito y aceptaron compartir un café con Puntal para contar sus primeras impresiones: Simón, de Noruega, y las italianas Margherita, Gianna y Veronica, quien ya empezó a vivir su aventura en La Carlota.

Los motivos para cruzar el mapa fueron tan variados como sus lugares de origen. Algunos buscaban reencontrarse con raíces o lazos familiares, mientras que otros se le animaron a lo desconocido cuando el mapa los cruzó con Argentina. Hoy, a todos los une el mismo entusiasmo: haber hecho una pausa en sus vidas del otro lado del mundo para regalarse meses de vivencias en el sur cordobés.

Claro que dar este salto no se hace en soledad: todo el proceso cuenta con la contención de AFS. Desde la filial local, un equipo de 25 voluntarios ad honórem, muchos de ellos ex intercambistas, coordina la recepción de los estudiantes, que en total suman ocho, contando a quienes llegaron a principio de año.

"Cada estudiante de intercambio tiene la figura del consejero, una especie de tutor que lo acompaña durante toda su experiencia, tanto a él como a la familia anfitriona y a la comunidad educativa", explica Andrés, uno de los voluntarios en Río Cuarto.

Del buscador de Google a las calles del sur cordobés

El azar de la asignación del programa los sorprendió con Río Cuarto y la región. Cuando a Simón le confirmaron el destino, su primer impulso fue buscar la ciudad en internet: “Vi el río, un puente y un parque lleno de árboles con hermosos colores”, recuerda entre risas sobre aquellas fotos que le devolvió la pantalla, donde seguramente asomaban el Chocancharava, el Puente del Bicentenario y el Parque Sarmiento.

Para Simón, el viaje tiene un trasfondo familiar, ya que su mamá, su hermana, su abuelo e incluso en su propia casa en Noruega, donde también hospedaron a tres chicos, vivieron la experiencia de AFS. Pero además, buscaba algo personal: "Quería salir de mi 'burbuja' para vivir algo nuevo. Aprender español, la cultura, el asado y, por supuesto, el fútbol", expresa.

Las dimensiones de las ciudades también generaron contrastes curiosos. Margherita, que proviene de un pueblo pequeño de Cerdeña, en Italia, siente a Río Cuarto desafiante: “Me puede ayudar a ser más independiente, a vivir algo nuevo y hablar con chicas que tienen modos de vida diferentes al mío”. Verónica, en cambio, vivió el proceso inverso: proviene de una ciudad más grande y ahora reside en La Carlota, un cambio de escala que la entusiasma por la posibilidad de crear lazos estrechos.

"No extraño tanto gracias a ellos": la llegada a la familia anfitriona

Si había una incertidumbre compartida antes de volar, era la convivencia con personas desconocidas. Simón, que no había tenido contacto previo por teléfono, confiesa que aterrizó con un poquito de susto natural, pero el alivio fue instantáneo: “Es una familia muy activa y hacen muy buena comida. Mi papá de acá me hace acordar a mi papá en Noruega, es muy divertido. Además, nunca había tenido hermanos y está siendo muy divertido”.

Margherita también reconoce que al principio sentía temor de no encajar, pero el recibimiento borró cualquier duda: “El primer día ya conocí a toda la familia, abuelos, tíos... Me siento parte. Creo que no extraño tanto Italia gracias a ellos”.

Gianna coincide en que la calidez humana fue inmediata: “Ya habíamos hablado bastante antes de viajar y cuando llegué me recibieron con mucho afecto. Es como ser una familia”.

Aulas ruidosas, Haaland y una remera especial

Incorporarlos al colegio a días de llegar es parte central de la estrategia para acelerar la adaptación y armar rutina, un proceso que requiere articular con instituciones públicas y privadas según cada caso. Y en las escuelas los choques culturales no tardaron en aparecer. A Margherita le llamaron la atención las normas sobre indumentaria y peinados, aunque destaca la buena predisposición del entorno: “Mis compañeros me incluyeron desde el primer día y los profesores hasta me intentan hablar en italiano para explicarme”.

Verónica, por su parte, sintió el cambio numérico y sonoro: pasa de un curso de solo 9 alumnos en Italia a un aula cordobesa de 30 chicos. “Acá hay muchísimo ruido porque hablan mucho, para mí es muy raro”, comenta entre risas.

Para Simón, la dinámica de clases en Río Cuarto resultó una sorpresa frente a la experiencia nórdica: “En Noruega estoy acostumbrado a más disciplina en clase, más enfocada en el estudio. Pero acá la escuela es más divertida, hay más '¡profe, profe!'”, dice imitando el gesto divertido de tirar algo por el aire. “Pero también se trabaja, es una buena mezcla”, resume.

Esa buena onda se sintió desde el primer minuto: sus propios compañeros de curso no solo lo esperaron el primer día con un equipo de mate listo para regalarle, sino que además le consiguieron su propia remera de la promo para que se integre como uno más del grupo.

Amigos, idioma y recuerdos: la aventura recién empieza

Por otro lado, mientras ellos descubren la cotidianeidad local, sus nuevos compañeros los convirtieron en una ventana hacia el mundo. A las chicas italianas las abordan con dudas sobre salidas nocturnas, la comida, modismos y hasta les piden que enseñen palabras en su idioma. A Simón, las consultas le llegan por el lado del deporte y el cliché: “Me preguntan por Haaland”, se ríe.

Así, el intercambio recién empieza. Por delante quedan meses de aprendizaje, mates, charlas y recuerdos por construir. Para Verónica, la mayor expectativa pasa por “los amigos que me voy a llevar de acá”; para Simón, el objetivo es dominar el idioma y disfrutar de la comida; y para todos, transformar un punto en el mapa en un lugar propio. En tanto, Río Cuarto y la región ya empezaron a mirarse a través de sus ojos.