Tranquera Abierta | etanol

Del norte al sur de Córdoba Dos casos de desarrollo ganadero integrado en jaque

Tres pilares de la agroindustria cordobesa amenazados en apenas cinco meses

Los novillos en el feedlots alimentándose con la burlanda que proviene de la planta de bioetanol, en Bio5.

 

La reacción de una buena parte del arco político y el sector productivo provincial frente a las últimas medidas que el Gobierno nacional tomó con respecto al maíz, el etanol y finalmente la carne vacuna tiene una primera explicación visible: Córdoba es la principal productora de maíz del país, lidera los despachos de etanol a base de ese cereal y es una de las potencias ganaderas argentinas. Pero además, hay una férrea intergración entre esos tres elementos en el territorio provincial. Maíz, etanol y carne vacuna conforman un círculo virtuoso al que se le termina incorporando hasta la producción de gas metano y la generación eléctrica.

Y en ese marco hay proyectos de amplio desarrollo que lograron conformar círculos virtuosos y se constituyeron en ejemplos de economía circular. Y en el territorio cordobés hay dos ejemplos nítidos de esto: uno en el norte provincial y otro en el sur. Se trata de las empresas Las Chilcas y Bio4 que lograron integrar todos los eslabones que dan forma a una producción sustentable en la que no hay residuos, sino subproductos que se suman a otro tramo de producción, hasta que el círculo se cierra y todo vuelve a comenzar.

En ambos casos el punto de partida es el maíz, pero el corazón es la planta productora de etanol. La destilería, que en el caso de Las Chilcas se construyó dentro del campo ubicado entre Rayo Cortado y Villa de María de Río Seco, a pocos kilómetros del límite con Santiago del Estero, además de producir el alcohol que luego va a mezclarse con las naftas y se despacha en los surtidores de todo el país, entrega un subproducto clave como la burlanda que se vuelve un componente base del alimento de los vacunos y cerdos. En Las Chilcas, además de un feedlot con 17 mil cabezas hay una granja porcina con 500 madres; el subproducto del etanol va en ambas direcciones y se transforma en carne. En el caso de Bio4 va al feedlot denominado Bio5. En ambos ejemplos, los vacunos tienen destino de exportación.

A su vez, tanto granjas porcinas como feedlots tienen sus propios subproductos, como el estiércol y los animales que mueren que se suman a otro proceso productivo: las generadoras eléctricas de biomasa. Tanto en Las Chilcas como en la riocuartense Bio4, los grandes “hongos” producen metano que provee a un motor que genera energía eléctrica que alimenta la planta de etanol. Y el subproducto de este proceso es un biofertilizante que se destina a lotes donde crece el maíz y comienza nuevamente el proceso agroindustrial.

Pero ese círculo virtuoso que conforman esos eslabones fue puesto en jaque en varias ocasiones en lo que va del año. En apenas 5 meses, el Gobierno avanzó con un cierre de las exportaciones de maíz para bajar el precio interno ante la escalada de su cotización internacional. Pero lo hizo bajo el pretexto de que podía flaquear el abastecimiento en el país, cosa que rápidamente fue descartardo por la propia estadística oficial. Generó tensión pero luego dio marcha atrás. Con la ley de biocombustibles el oficialismo fue y vino y hasta mostró diferentes estrategias en el Congreso. Finalmente impulsó un proyecto que deja abierta la posibilidad de bajar el corte de etanol de maíz en las naftas. Eso sería menos producción. Y por último, en mayo cerró las exportaciones de carne vacuna con la idea de bajar el precio.

Así, los tres pilares de la producción cordobesa fueron puestos en jaque. En las próximas páginas, los ejemplos concretos de Bio4 y Las Chilcas contados por dentro; con la incertidumbre a cuestas.