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Llevó su arquitectura "del llano" a Lisboa, bajo la lupa de Aires Mateus

El riocuartense Jorge Márquez formó parte en Europa de un workshop dictado por el reconocido arquitecto portugués. Junto a un puñado de colegas de distintas partes del mundo asumieron el desafío de esbozar una propuesta sobre un terreno con 18 metros de desnivel

Un terreno con 18 metros de desnivel con marcada pendiente hacia el imponente río Tajo, en Lisboa, fue el vacío a llenar como objetivo central del workshop que el reconocido arquitecto portugués Manuel Aires Mateus dictó semanas atrás en Portugal y del que tomó parte el profesional riocuartense Jorge Márquez.

En lo que define como una “experiencia enriquecedora”, Márquez da cuenta que cada uno de los participantes -procedentes de distintos países del mundo- imprimió en sus propuestas parte de lo que posee de manera intrínseca en su cultura de origen y que como tal, su desarrollo no quedó exento de varios aspectos de la “arquitectura del llano”.

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Fueron 10 días de aprendizaje intensivo en el estudio de uno de los grandes de la arquitectura internacional, donde no solamente pudieron interactuar con Aires Mateus de forma personalizada sino que también visitaron varias de sus obras en la ciudad e incluso hasta les abrió las puertas de su casa, donde compartieron una cena entre colegas.

“Soy seguidor de la arquitectura de Aires Mateus y me he traído un sentido profundo de investigación sobre los trabajos que uno intenta hacer y propone. Indudablemente hay un click y un antes y un después en esto de ir al workshop Habitar Lisboa”, reflexiona Márquez en diálogo con Puntal ADC.

La propuesta

“Habitar Lisboa” invitaba a pensar y reflexionar sobre arquitectura, y como conclusión se les solicitaba a los asistentes esbozar el proyecto de una casa en sobre un terreno con pendiente en Lisboa, que reúna cinco tipos de lugares.

Estos “lugares” en principio no estaban bien definidos conceptualmente a los fines de que ello no constituyera una condicionante rígida y de que cada uno pudiera dar rienda suelta a sus ideas.

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Finalmente, esos espacios iban a ser: un lugar para el agua (que más tarde se especificaría que iba a ser el baño), un lugar para reposar (dormitorio), un lugar para estudiar (biblioteca), otro para comer (cocina, comedor) y un lugar para compartir (salón o sala de estar).

Márquez cuenta que el arquitecto portugués le dedicó especial importancia a su propuesta de sobre elevar la vivienda un nivel para que balconee hacia el precipicio y disfrute de las privilegiadas vistas al río Tajo, mientras que por debajo la misma diera lugar al paso de una plazoleta que permita al peatón aprovechar esas visuales y que a la vez le brinde la posibilidad de descender hasta la calle inferior por escaleras, haciendo casi público un terreno que en principio se postuló como privado. A la vez, ese mismo gesto se replicaba en el interior, ya sea a partir del balconeo de los distintos niveles hacia una sala central de la casa como así también en el aprovechamiento de las visuales hacia el río Tajo.

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“En nuestro proyecto, en este terreno tan escarpado que vinculaba a dos calles con una plazoleta alta y una calle baja, en un terreno pronunciado, se buscó no proyectar una vivienda convencional a ras de suelo, o de la vereda, sino que pudimos otorgar visuales al resto de la comunidad. Hablamos que era un vacío bajo la casa para el pueblo y hacia el pueblo, donde todos tuvieran la posibilidad de disfrutar de las bellas vistas hacia el río Tajo”, describe el riocuartense.

Y fundamenta: “Esto de levantar y darle estas visiones al resto de la comunidad es porque aquí (en Río Cuarto y zona) no pasa. Le comentaba al arquitecto Aires Mateus que nosotros vivimos en una arquitectura plana, del llano, y que ese recurso permitía disfrutar de la ciudad de Lisboa.

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Intercambio cultural

Márquez cuenta que cuando planteó la idea de levantar la casa para poder regalar al pueblo las visuales Aires Mateus “se sorprendió”.

En su balance sobre la experiencia en Lisboa considera que fue muy rica en distintos aspectos. “Esto de encontrarme con gente de otras latitudes, de ir a buscar este workshop y estar al lado de una persona que de alguna manera puede ser un referente, es muy rico. Y también ser escuchado es muy rico, porque de alguna manera me traigo esto de decir: ‘esto no se termina acá’. Ya hay planes para el año que viene de poder seguir capacitándonos y de seguir escuchando”, sostiene el profesional de Río Cuarto.

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Y finaliza: “La mayor riqueza es haber absorbido diferentes mensajes de las personas que participaron y de haberme traído una visión muy amplia de un estudio muy grande. Ellos acostumbran mucho, al terminar un trabajo, a poder seguir desarrollándolo y repensando el proyecto que han realizado. Lo dibujan y vuelven a hacer una retroinspección en sus pensamientos para ver qué les va dejando o qué hubieran cambiado. Fue uno de los mayores consejos que nos dieron, el de repensar lo que estamos haciendo”.

Javier Borghi