En la continuidad del Mes de Cine Argentino, se estrena hoy a las 21hs. en el C.C. Leonardo Favio, Cartas, la película del director cordobés Mario Bomheker.
Filmado en Argentina, Israel y Polonia, el documental reconstruye una parte silenciada de la historia familiar de su autor y a la vez expone las consecuencias del Holocausto. El punto de partida fue el hallazgo de cartas escritas en Idish y algunas fotos de personas desconocidas en un viejo maletín de viajante. Eran las cartas que le enviaban a su padre, sus familiares de Varsovia.
Bomheker, que estará presente en la función de esta noche, habló con Puntal acerca de “Cartas”, de su relación con Juan Filloy y del cine argentino de la actualidad.
-Venís a Río Cuarto a presentar “Cartas”, un documental que habla de tu historia personal. ¿Cuándo y cómo surge la necesidad de contarla?
-Hay razones mediatas e inmediatas. Las mediatas probablemente sean de orden psicológico: el silencio en mi familia acerca de esa historia oculta y sobre la cual no se podía preguntar obturaban, seguramente, un deseo profundo de saber. Y como ya sabemos los deseos profundos que se reprimen, en algún punto y de alguna manera, se manifiestan. Y las razones de orden inmediato tienen que ver, principalmente, con acontecimientos concretos de mi historia personal: la muerte de mi padre, la aparición de las cartas que estaban ocultas y la aparición de una extensa lista de Bomheker`s en un sitio de internet perteneciente a Yad Vashem (Yad Vashem es una Institución en Jerusalem consagrada la preservación y a la conmemoración de la Shoa). Esa lista desmentía el relato familiar de que ningún Bomheker, salvo mi padre, había sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial. A partir de ahí me pregunté qué podía hacer con todo esto. ¿Cómo tramitar semejante “legado”? Decidí que la mejor manera era haciendo lo que muchas veces hice con otras situaciones que me interpelaron en la vida: contar una historia, hacer un film. Claro que esto no fue algo que se dio de una sola vez y de manera repentina. Fue un largo proceso que me llevo años. Años de reflexión y también años de preparación del proyecto.
-¿Fue un proceso doloroso el indagar en el Holocausto?
-En realidad mi interés por investigar y estudiar sobre la Shoa tiene larga data. No obedece a las circunstancias que rodearon la realización de “Cartas”. Es probable que, en parte, tenga que ver con la historia de mi padre y su familia. Pero también es un tema que siempre me interesó porque entiendo que es un acontecimiento que marcó definitivamente el siglo XX (al que me siento más ligado que al siglo XXI). Es, como lo califico un pensador, el “objeto del siglo (“El Objeto del Siglo” es el título de un libro del psicoanalista francés Gerard Wajcman del año 2001). Por cierto que al momento de hacer la película las lecturas que hice durante muchos años de mi vida me fueron de mucha utilidad.
-¿Cómo fue vivir sin hablar del tema en tu familia?
-La “prohibición” tácita de hablar de la tragedia personal de mi padre era muy opresiva. Cuando yo nací en 1948, el tabú ya estaba establecido. Así que toda mi vida viví con él. Y no solo me refiero a la imposibilidad de hablar sobre las circunstancias concretas de lo ocurrido con mi familia, sino que estábamos impedidos (yo y mis hermanas) de referirnos a cualquier cosa que tuviera que ver con la Guerra, con Europa, con Polonia, con el idioma polaco, etc. Porque podía despertar en mi padre un trauma insoportable. Ese fue el terrible mandato y la marca que, creo, logré derribar con la realización de la película
-Filmaste en Argentina, Israel y Polonia. ¿Cómo fueron esas experiencias?
-No es la primera vez que filmo en otros países. Aunque por supuesto, en esta ocasión, por las implicancias personales especiales que estaban en juego, el compromiso era mayor. Por cierto que siempre es una experiencia enriquecedora: conocer formas diferentes de trabajo, tener que comunicarse en otro idioma, tiempos más acelerados debido a razones presupuestarias, etc. Volví a constatar el alto nivel técnico que los colegas argentinos detentan (camarógrafos, sonidistas, productores, etc.). Me gustaría destacar que en Polonia tuve la oportunidad de contar con la colaboración de uno de los directores de fotografía y camarógrafo (y también realizador) más destacados de este momento en Europa: Wojciech Staron. Pero, reitero, mis colegas argentinos tienen una profesionalidad y un nivel de los mejores del mundo.
-¿Cuáles han sido las devoluciones del documental donde lo has presentado?
-Las devoluciones han sido de las más diversas. El film, por un lado provoca una gran emoción, pero también mucha reflexión. Y eso es lo mejor que puede esperar un director de cine o un autor de cualquier obra artística: la conjunción de pathos y logos. Pero una de las cosas que mayor satisfacción me ha dado es comprobar que el film toca no solo a aquellos espectadores que de alguna u otra forma se sienten más o menos ligados a la temática, sino a espectadores que en principio no se sentirían directamente implicados. Es decir que me confirma la universalidad de lo expuesto. Y a pesar de que se trata de una historia abrumadora me parece que el film es una apuesta por la vida. Digo esto en base a las reacciones observadas después de las proyecciones, por las preguntas y comentarios a que da lugar. Probablemente cuando lo concebí lo pensé desde un lugar de enorme tristeza, de pesar. Pero resulta que los diversos elementos que componen una obra no siempre están ahí respondiendo a un deseo intencional. Muchos de ellos están ahí a pesar de la voluntad del autor. Son inconscientes. Son “sintomáticos”, como bien han observado algunos críticos y teóricos del cine (por ejemplo el gran teórico y critico norteamericano David Bordwell).
-¿Cómo fue la experiencia de filmar “Retrato de Juan Filloy”?
-Una de las consecuencias que yo más rescato de la realización de “Retrato de Juan Filloy” es el haber podido forjar una estrecha amistad con Don Juan, a quien visitaba semanalmente, ocasión en la que sosteníamos la ceremonia del té. Hablar con este “escritor de tres siglos” como a él le gustaba denominarse (record en realidad al que aspiraba), fue una de las experiencias más importante de mi vida. Filloy a sus noventa exhibía una vitalidad increíble, un discurso pleno de erudición, pero también de humor y de fina ironía. Otra de las consecuencias que son un tesoro para mi es que me permitió conocer en profundidad una de las obras personales más importantes de nuestra literatura en castellano.
-También has sido docente ¿qué es lo más importante que le transmitías a tus alumnos?
-La trasmisión ha sido otra de mis actividades preferidas. Estuve más de 25 años en la universidad pública (en la UNC) como profesor. Y cuando digo transmisión me refiero no solo al dictado de clases, sino a la preparación de las clases, a la investigación, etc. La relación con los estudiantes, especialmente con los más jóvenes, siempre es muy estimulante. Sobre todo si uno está dispuesto a escuchar y no solo a “dictar cátedra”. Es asombroso lo que se puede aprender y lo que te permite en materia de reflexión sobre la propia obra. Entraña una serie de dificultades pero te depara inmensas satisfacciones. Te lo resumo en una anécdota. Hace algunos años encontré en un festival a un alumno que se había convertido en un destacado realizador. Me contó de su periplo. Y al final de su relato me dijo algo que me lleno de orgullo: “…lo que yo más rescato de mi paso por la universidad es lo que me brindó en materia de reflexión teórica. Desde que deje la universidad nunca más volví a los libros. Y probablemente nunca vuelva. Y eso es lo que más extraño”. Creo que eso es lo más importante que pude trasmitir: la importancia de la mirada crítica sobre las conductas propias, sobre la propia obra y sobre la realidad.
-¿Sigue siendo difícil proyectar en Argentina?
-No sé si te referís a proyectar en el sentido de planificar proyectos o a la posibilidad de exhibir la obra. Pero en ambos casos la respuesta es la misma. Sigue siendo muy difícil. Especialmente en estos últimos 4 años en los que las políticas del INCAA en materia de financiación y distribución fueron muy golpeadas. Es preciso decir que nuestra actividad que, como en todos los países del mundo (con una relativa excepción quizás de los EEUU) tiene un decidido apoyo del Estado, es una actividad que se sustenta por sus propios medios a través de los impuestos que se pagan con las entradas y con los impuestos que paga la TV abierta y de cable. Que ganan mucho dinero, entre otras cosas por la emisión de películas y series que se financian generalmente con aportes del INCAA. Es decir que el sector no demanda del Tesoro ningún aporte. Y si embargo en estos años sufrió inexplicablemente muchos recortes y desfinanciación.
-Por último ¿cómo ves el cine argentino en la actualidad?
-El cine argentino desde la recuperación de la democracia en 1983 ha ido paulatinamente adquiriendo cada vez más calidad y prestigio. Prueba de ello es el reconocimiento que tiene a nivel mundial que se evidencia entre otras cosas en los premios ganados, en la participación en festivales, en la distribución de nuestro cine en numerosos países de Latinoamérica y Europa. Y también en otras regiones del mundo. Otro fenómeno extraordinario es que la producción dejo de estar circunscripta a Buenos Aires y se ha expandido a todas las Provincias. Pero en este momento se enfrenta a un doble desafío. Uno es lo que mencioné más arriba en relación a las políticas de fomento y apoyo a la producción y la distribución que fueron muy castigadas con el gobierno actual. Pero otro enorme desafío es la incertidumbre acerca del futuro del cine, o mejor dicho de la producción audiovisual en general, debido a las enormes transformaciones tecnológicas no solo en las formas de la producción sino también en las formas de la recepción.
Andrés Natali
Bomheker, que estará presente en la función de esta noche, habló con Puntal acerca de “Cartas”, de su relación con Juan Filloy y del cine argentino de la actualidad.
-Venís a Río Cuarto a presentar “Cartas”, un documental que habla de tu historia personal. ¿Cuándo y cómo surge la necesidad de contarla?
-Hay razones mediatas e inmediatas. Las mediatas probablemente sean de orden psicológico: el silencio en mi familia acerca de esa historia oculta y sobre la cual no se podía preguntar obturaban, seguramente, un deseo profundo de saber. Y como ya sabemos los deseos profundos que se reprimen, en algún punto y de alguna manera, se manifiestan. Y las razones de orden inmediato tienen que ver, principalmente, con acontecimientos concretos de mi historia personal: la muerte de mi padre, la aparición de las cartas que estaban ocultas y la aparición de una extensa lista de Bomheker`s en un sitio de internet perteneciente a Yad Vashem (Yad Vashem es una Institución en Jerusalem consagrada la preservación y a la conmemoración de la Shoa). Esa lista desmentía el relato familiar de que ningún Bomheker, salvo mi padre, había sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial. A partir de ahí me pregunté qué podía hacer con todo esto. ¿Cómo tramitar semejante “legado”? Decidí que la mejor manera era haciendo lo que muchas veces hice con otras situaciones que me interpelaron en la vida: contar una historia, hacer un film. Claro que esto no fue algo que se dio de una sola vez y de manera repentina. Fue un largo proceso que me llevo años. Años de reflexión y también años de preparación del proyecto.
-¿Fue un proceso doloroso el indagar en el Holocausto?
-En realidad mi interés por investigar y estudiar sobre la Shoa tiene larga data. No obedece a las circunstancias que rodearon la realización de “Cartas”. Es probable que, en parte, tenga que ver con la historia de mi padre y su familia. Pero también es un tema que siempre me interesó porque entiendo que es un acontecimiento que marcó definitivamente el siglo XX (al que me siento más ligado que al siglo XXI). Es, como lo califico un pensador, el “objeto del siglo (“El Objeto del Siglo” es el título de un libro del psicoanalista francés Gerard Wajcman del año 2001). Por cierto que al momento de hacer la película las lecturas que hice durante muchos años de mi vida me fueron de mucha utilidad.
-¿Cómo fue vivir sin hablar del tema en tu familia?
-La “prohibición” tácita de hablar de la tragedia personal de mi padre era muy opresiva. Cuando yo nací en 1948, el tabú ya estaba establecido. Así que toda mi vida viví con él. Y no solo me refiero a la imposibilidad de hablar sobre las circunstancias concretas de lo ocurrido con mi familia, sino que estábamos impedidos (yo y mis hermanas) de referirnos a cualquier cosa que tuviera que ver con la Guerra, con Europa, con Polonia, con el idioma polaco, etc. Porque podía despertar en mi padre un trauma insoportable. Ese fue el terrible mandato y la marca que, creo, logré derribar con la realización de la película
-Filmaste en Argentina, Israel y Polonia. ¿Cómo fueron esas experiencias?
-No es la primera vez que filmo en otros países. Aunque por supuesto, en esta ocasión, por las implicancias personales especiales que estaban en juego, el compromiso era mayor. Por cierto que siempre es una experiencia enriquecedora: conocer formas diferentes de trabajo, tener que comunicarse en otro idioma, tiempos más acelerados debido a razones presupuestarias, etc. Volví a constatar el alto nivel técnico que los colegas argentinos detentan (camarógrafos, sonidistas, productores, etc.). Me gustaría destacar que en Polonia tuve la oportunidad de contar con la colaboración de uno de los directores de fotografía y camarógrafo (y también realizador) más destacados de este momento en Europa: Wojciech Staron. Pero, reitero, mis colegas argentinos tienen una profesionalidad y un nivel de los mejores del mundo.
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-Las devoluciones han sido de las más diversas. El film, por un lado provoca una gran emoción, pero también mucha reflexión. Y eso es lo mejor que puede esperar un director de cine o un autor de cualquier obra artística: la conjunción de pathos y logos. Pero una de las cosas que mayor satisfacción me ha dado es comprobar que el film toca no solo a aquellos espectadores que de alguna u otra forma se sienten más o menos ligados a la temática, sino a espectadores que en principio no se sentirían directamente implicados. Es decir que me confirma la universalidad de lo expuesto. Y a pesar de que se trata de una historia abrumadora me parece que el film es una apuesta por la vida. Digo esto en base a las reacciones observadas después de las proyecciones, por las preguntas y comentarios a que da lugar. Probablemente cuando lo concebí lo pensé desde un lugar de enorme tristeza, de pesar. Pero resulta que los diversos elementos que componen una obra no siempre están ahí respondiendo a un deseo intencional. Muchos de ellos están ahí a pesar de la voluntad del autor. Son inconscientes. Son “sintomáticos”, como bien han observado algunos críticos y teóricos del cine (por ejemplo el gran teórico y critico norteamericano David Bordwell).
-¿Cómo fue la experiencia de filmar “Retrato de Juan Filloy”?
-Una de las consecuencias que yo más rescato de la realización de “Retrato de Juan Filloy” es el haber podido forjar una estrecha amistad con Don Juan, a quien visitaba semanalmente, ocasión en la que sosteníamos la ceremonia del té. Hablar con este “escritor de tres siglos” como a él le gustaba denominarse (record en realidad al que aspiraba), fue una de las experiencias más importante de mi vida. Filloy a sus noventa exhibía una vitalidad increíble, un discurso pleno de erudición, pero también de humor y de fina ironía. Otra de las consecuencias que son un tesoro para mi es que me permitió conocer en profundidad una de las obras personales más importantes de nuestra literatura en castellano.
-También has sido docente ¿qué es lo más importante que le transmitías a tus alumnos?
-La trasmisión ha sido otra de mis actividades preferidas. Estuve más de 25 años en la universidad pública (en la UNC) como profesor. Y cuando digo transmisión me refiero no solo al dictado de clases, sino a la preparación de las clases, a la investigación, etc. La relación con los estudiantes, especialmente con los más jóvenes, siempre es muy estimulante. Sobre todo si uno está dispuesto a escuchar y no solo a “dictar cátedra”. Es asombroso lo que se puede aprender y lo que te permite en materia de reflexión sobre la propia obra. Entraña una serie de dificultades pero te depara inmensas satisfacciones. Te lo resumo en una anécdota. Hace algunos años encontré en un festival a un alumno que se había convertido en un destacado realizador. Me contó de su periplo. Y al final de su relato me dijo algo que me lleno de orgullo: “…lo que yo más rescato de mi paso por la universidad es lo que me brindó en materia de reflexión teórica. Desde que deje la universidad nunca más volví a los libros. Y probablemente nunca vuelva. Y eso es lo que más extraño”. Creo que eso es lo más importante que pude trasmitir: la importancia de la mirada crítica sobre las conductas propias, sobre la propia obra y sobre la realidad.
-¿Sigue siendo difícil proyectar en Argentina?
-No sé si te referís a proyectar en el sentido de planificar proyectos o a la posibilidad de exhibir la obra. Pero en ambos casos la respuesta es la misma. Sigue siendo muy difícil. Especialmente en estos últimos 4 años en los que las políticas del INCAA en materia de financiación y distribución fueron muy golpeadas. Es preciso decir que nuestra actividad que, como en todos los países del mundo (con una relativa excepción quizás de los EEUU) tiene un decidido apoyo del Estado, es una actividad que se sustenta por sus propios medios a través de los impuestos que se pagan con las entradas y con los impuestos que paga la TV abierta y de cable. Que ganan mucho dinero, entre otras cosas por la emisión de películas y series que se financian generalmente con aportes del INCAA. Es decir que el sector no demanda del Tesoro ningún aporte. Y si embargo en estos años sufrió inexplicablemente muchos recortes y desfinanciación.
-Por último ¿cómo ves el cine argentino en la actualidad?
-El cine argentino desde la recuperación de la democracia en 1983 ha ido paulatinamente adquiriendo cada vez más calidad y prestigio. Prueba de ello es el reconocimiento que tiene a nivel mundial que se evidencia entre otras cosas en los premios ganados, en la participación en festivales, en la distribución de nuestro cine en numerosos países de Latinoamérica y Europa. Y también en otras regiones del mundo. Otro fenómeno extraordinario es que la producción dejo de estar circunscripta a Buenos Aires y se ha expandido a todas las Provincias. Pero en este momento se enfrenta a un doble desafío. Uno es lo que mencioné más arriba en relación a las políticas de fomento y apoyo a la producción y la distribución que fueron muy castigadas con el gobierno actual. Pero otro enorme desafío es la incertidumbre acerca del futuro del cine, o mejor dicho de la producción audiovisual en general, debido a las enormes transformaciones tecnológicas no solo en las formas de la producción sino también en las formas de la recepción.
Andrés Natali

