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Crecer de golpe

"Mochila de plomo", de Darío Mascambroni.

Darío Mascambroni no necesita de énfasis musical ni de sustos inducidos para ir creando un clima de incertidumbre en torno a las criaturas que pueblan sus películas. Lo demostró ya en Primero Enero y lo profundiza ahora en Mochila de plomo, que vuelve a tener la angustia de la niñez como protagonista.

Al director de Villa María le interesa, a juzgar por ambos films, mirar la otra cara de esa imagen de eterna felicidad con la que suele estamparse la vida de los chicos.

Su mundo cinematográfico, escueto hasta ahora pero potente, se hunde en ese universo infantil que se oscurece en la medida en que se oscurecen las circunstancias que lo constituyen.

Aquí el centro de la mirada, y el depositario del punto de vista, es Tomás, un chico rodeado de ausencias que deambula por los márgenes de una ciudad rota.

La cámara lo sigue (no lo espía, porque no es el subrayado lo que interesa a Mascambroni), en ese deambular deletéreo, venenoso, que es su vida cotidiana.

Es único hijo, su padre al parecer fue asesinado, vive en la casa de su madre (no tanto con ella) y rebusca atracciones diarias entre la nebulosa que lo rodea.

No importa, a los efectos de este comentario (aunque sí en el interior del relato) cuáles son esas atracciones, algunas francamente peligrosas, sino la aleatoriedad de las mismas.

Se diría que hay una única cosa que, en verdad, Tomás tiene como norte en ese andar: saber acerca de la muerte de su padre… y acaso vengarla, sólo acaso, tal su extravío. Vacío de expectativas (así lo dibuja el guión, poderoso en su parquedad, y lo planta la puesta en escena), ese pichón crece en un estrecho desfiladero, amenazado por la tragedia.

Y circula por él, rodeado de un halo de ingenuidad, que no es la de las criaturas que lo rodean: va y viene como si fuese un ángel desorientado en medio de una balacera.

Guión y puesta en escena

Mascambroni, obedeciendo las líneas del guión, se exime, con inteligencia y pudor bienvenidos, de expresar el más mínimo acento acusatorio acerca de ese entorno.

Las emociones que genere el realismo brutal con que las imágenes dejan constancia de ese mundo a los pies que envuelve a Tomás, no serán porque el director lo subraye.

Sutilmente expresada, esa marginalidad nunca, pero nunca, y eso es maravilloso, siente el peso de un dedo acusatorio, pero tampoco la condescendencia del gesto lastimero. Se trata simplemente de contar a Tomás y sus circunstancias, para que, cada quien, espectador, complete la secuencia emocional que despierta su relato.

No son muchos los que consiguen ese distanciamiento que no excluye, en absoluto, la mirada tierna y afectuosa acerca de ese chico que se distrae al borde de la tragedia, mientras crece.

Y tampoco quienes pueden generar, naturalmente, ese clima de incertidumbre que lo envuelve mientras carga con una mochila que pesa mucho más de lo que pesan las cosas que contiene.

Mascambroni va puntuando ese crecimiento con datos sueltos que se integran, cuidadosamente pero como al pasar, hasta generar una rara especie de suspenso surgido del medio tono. 

Entre partidos de fútbol, peleas de barras, paseos en bicicleta, y un presente griego que le adosa su compinche, Tomás va aprendiendo cosas que no se sabe hacia dónde lo llevarán.

Crece de golpe pero sin despejar sus enigmas, como lo expresa el final roto, en abismo, con el que Mascambroni remata la sutileza de un film de rara contundencia.

Un film excelente que evita los discursos cerrados y deja abiertos los signos de pregunta, como hacen las mejores películas y los buenos artistas.  

Ricardo Sánchez

NOTA: Mascambroni consigue, y esa virtud potencia la pregnancia del film, que su elenco de actores que no lo son, profesionalmente hablando, logre naturalizar la cadencia del relato. De entre ellos vale puntualizar el hallazgo de Facundo Underwood, Tomás, que la rompe. Y también la participación breve pero muy expresiva de Osvaldo Wehbe, aunque, es de admitir que, en este caso, la objetividad del comentario, cruzada por el afecto, pueda ser sospechada. 

 

Ficha Técnica

“Mochila de plomo”. (Argentina, 2018). 68 minutos.

-Dirección: Darío Mascambroni.

-Guión: Darío Mascambroni, Florencia Wehbe, Miguel Ángel Papalini.

-Elenco: Facundo Underwood, Gerardo Pascual, Agustín Rittano, Elisa Gagliano, Osvaldo Wehbe.

-Música: Jerónimo Piazza.

-Fotografía: Nadir Medina.