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"No se nace mujer, se llega a serlo"

Los pensamientos de Simone de Beauvoir aparecen con cada reclamo por las desigualdades de género en el deporte

"Dicen que Neymar cobra más que todo el equipo de Atalanta y se sorprenden. Neymar cobra más que todo el fútbol femenino de Sudamérica y eso no le sorprende a nadie", twitteó la futbolista argentina Ruth Bravo en plena disputa de la Champions League masculina. Esa que ganó el Bayern Múnich al vencer al París Saint Germain en la burbuja de Lisboa, sin público en cancha, pero con transmisiones por TV convencional y por streaming. La femenina, sin tantos flashes ni sponsors, todavía se está disputando.

París Saint Germain intentará hoy llegar a la final cuando enfrente al actual tetracampeón Lyon. El ganador se medirá por título con el Wolfsburgo alemán, que ayer derrotó al Barcelona, justo en el día del adios de Messi.

Las diferencias entre los salarios entre el fútbol masculino y el femenino son notorias. El año pasado, las futbolistas españolas pararon la liga pidiendo por mejores condiciones. Demandaban lo que ellas denominaron un “convenio colectivo de igualdad”. Entre los puntos principales de su reclamo apuntaron a: mejoras en los salarios con un sueldo mínimo anual de 16.000 euros; consideración de profesionales full time y no part time; cobertura durante el embarazo; seguro por lesión que provoque el final de la carrera deportiva; protocolo contra el acoso con medidas de protección y sanción; y 30 días vacaciones con un mínimo de 21 durante el verano.

Quizás una de los reflejos más claros de la desigualdad sea que la denominación de los torneos de mujeres lleven la aclaración del "femenino", mientras que no sean necesarios para los masculinos. Nadie dice la "Champions League masculina", se da por entendido que el torneo es masculino.

En Argentina, el camino de la profesionalización del fútbol femenino está comenzando. Los reclamos de las protagonistas son constantes.

La desigualdad de género en el fútbol empezó a tomar visibilidad en los últimos tiempos. Siendo un deporte marcado por la masculinidad y con mayor cobertura mediática, las diferencias se hacen más notorias. En otras disciplinas, el tema tiene varias páginas escritas y no siempre llega a las primeras planas.

La selección argentina de básquet -las gigantes- vienen reclamando desde años por las diferencias que hay en el trato respecto de los varones. El momento cúlmine de esas desigualdades se dio en los Juegos Panamericanos de Lima el año pasado. El equipo femenino se quedó afuera de las semifinales después de perder un partido por no haber podido presentarse, debido a un error en la logística. Quien estaba a cargo de la coordinación se equivocó en el color de camiseta con el que debían afrontar el encuentro. La indignación fue mayor cuando se divulgaron las fotos de las delegaciones masculina y femenina y se vieron las diferencias en la cantidad de asistentes que integraban los staffs técnicos.

Más allá del revuelo mediático que causó lo sucedido en los Panamericanos, las cosas no cambiaron. Este año, las referentes volvieron a reclamar por condiciones desiguales. Mientras que la Asociación de Clubes realizó varias gestiones por intentar finalizar la temporada de la liga masculina, la femenina fue dada por terminada sin demasiados debates, dejando a las jugadoras en total incertidumbre. Además, se produjo una nueva desprolijidad en la selección. Las integrantes del plantel se quedaron sin las becas del Enard por que la Confederación Argentina no actualizó las nóminas.

En el vóley pasa algo similar. "Por ser mujeres cobramos menos que los hombres, por ser mujeres no tenemos una liga como la gente... ¿Por qué siempre les daban a los chicos los mejores horarios y canchas para entrenar? ¿Por qué ellos entrenaban en piso de parque y nosotros en uno de cemento? ¿Por qué les daban más ropa? ¿Por qué siempre nos hicieron sentir menos?", escribió en su Instagram en enero pasado la cordobesa Julieta Lazcano, capitana de las Panteras. El posteo acompaño un comunicado en el que 200 voleybolistas pedían por igualdad de condiciones.

El problema de las desigualdades no es solo patrimonio argentino. En el básquet norteamericano crecen cada vez más los reclamos. La WNBA, prima hermana de la NBA, también está disputando sus encuentros en la "burbuja" de Orlando, sólo que no se lo televisa habitualmente. El jugador de Brooklyn, Kyrie Irving fue noticia por dos cosas durante la pandemia. Primero porque decidió no jugar en la reanudación, argumentando que volver a la acción serviría de cortina para tapar los reclamos contra el racismo. Segundo, porque decidió donar 1.500.000 dólares para aquellas jugadoras que tomarán la determinación de no continuar la temporada.

Si bien el monto no parece mucho teniendo en cuenta lo que gana un jugador estrella de la NBA, si lo es para la WNBA. En 2020, la media de los sueldos para los varones es de 6.4 millones de dólares mientras que para las mujeres, el salario máximo es de 215.000 dólares. Para sumar más números, el salario medio en la NBA es un 3.2% de los beneficios de un equipo. El salario medio en la WNBA supone un 1.5%.

Las semifinales de la Champions femenina se pueden ver por TV. No así el resto del torneo. Ahora que se terminó el torneo masculino hay espacio que llenar. El espacio que el deporte femenino tiene en los medios de comunicación es el reflejo de las desigualdades. Un estudio presentado por la Universidad de Vigo, España, publicado en la revista Feminist Media Studies, analizó la presencia del deporte femenino en las redes sociales de los medios más importantes de España. Las principales conclusiones de este artículo fueron que solo el 1,6% de los tuits publicados mencionan a alguna mujer deportista o equipo femenino. Este porcentaje es inferior aún en los diarios deportivos (1,29%), mientras que aumenta ligeramente en los diarios de información general (3,15%).

Los reclamos por la igualdad en el deporte forman parte del creciente movimiento feminista actual. Un movimiento contemporáneo que tiene como referente algunas de las ideas de mediados del siglo pasado. Entre las grandes pensadoras de aquel momento se encuentra la francesa Simone de Beauvoir.

En 1949 publicó su libro "El Segundo Sexo", con el que abrió la puerta a nuevas formas de pensar el lugar de la mujer en la sociedad patriarcal. En sus páginas, la autora planteaba las barreras constantes que los mandatos sociales imponían a la mujer. Hacía hincapié en la idea de la mujer que conseguía imponerse a una realidad que no le ofrecía las mismas oportunidades que a los hombres.

Si hay un ámbito en el que la mujer parece enfrentar barreras, ese es el deporte. Cada logro que consigue una atleta mujer, vale el doble si se tiene en cuenta las condiciones desiguales que se les presentan. Las premisas de lucha constante que pregonaba Simone de Beauvoir, alentando a que las mujeres reclamaran un lugar propio en la sociedad moderna, toma cuerpo en los constantes reclamos que llevan adelante las deportistas.

Luciana Aymar fue elegida ocho veces como la mejor jugadora de hockey del mundo. Con la camiseta argentina ganó dos mundiales, seis Champions Trophy y cuatro medallas olímpicas. Sin embargo, no es la más nombrada a la hora de pelear por el título del mejor deportista argentino de todos los tiempos (nótese que el artículo que se utiliza es el masculino). Maradona, Monzón, Fangio, Vilas, Ginóbili y hasta Lionel Messi aparecen mucho antes que ella. La gran incógnita que flota en el aire es ¿Qué pasaría si Aymar se llamara Luciano en vez de Luciana?