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La lucha de un bebé de tres meses afectado por el fentanilo contaminado

Darío Benavídez, papá del pequeño G.B., relató cómo su hijo estuvo al borde de la muerte tras recibir fentanilo contaminado en una clínica. La familia busca justicia mientras la criatura sigue internada con secuelas severas

“Nadie nos puede devolver todo lo que pasamos, pero queremos que se sepa la verdad”. Con la voz entrecortada, Darío Benavídez, papá del bebé de tres meses, habla desde la clínica privada Vélez Sársfield, en la ciudad de Córdoba, donde su hijo sigue internado desde el día en que nació, el 26 de abril.

Ese día, G.B. vino al mundo aparentemente sano, pero a las pocas horas los médicos notaron un ruido respiratorio. "Primero nos dijeron que podía ser normal, que algunos bebés tardan en adaptarse al salir de la panza. Pero después lo bajaron a control, lo intubaron porque no saturaba bien y ahí empezó todo", cuenta Darío.

En ese momento, el bebé fue sedado con fentanilo, un opioide de uso hospitalario, y fue entonces cuando comenzó una cadena de descompensaciones que los médicos no lograban explicar.

"Nadie entendía qué pasaba. Se le hicieron todos los estudios posibles. No había otros contagios, no había signos de infección previa. Hasta que, semanas después, supimos lo que nadie imaginaba: el fentanilo que le administraron estaba contaminado", revela Darío, con la entereza que otorgan los días interminables al lado de una incubadora.

La contaminación de lotes de fentanilo con bacterias como Klebsiella pneumoniae y Ralstonia ya generó una investigación judicial a nivel federal y varios pacientes afectados en distintas provincias del país. En Córdoba, G.B. es uno de los cinco casos confirmados y el suyo se convirtió en el primero en generar una denuncia penal.

Actualmente, el bebé se encuentra estable, aunque con secuelas graves. Está a la espera de una cirugía que le colocará un botón gástrico, ya que no puede alimentarse por vía oral. “Todo lo que atravesó afectó su sistema digestivo. No puede tomar leche”, explica el padre.

Los médicos también les adelantaron que, debido al daño sufrido en sus pulmones tras estar tanto tiempo conectado a un respirador, probablemente G.B. necesite oxígeno los primeros años de su vida, con asistencia portátil. “Nos dijeron que puede que tenga que usar una mochilita con bigotera. Además, puede haber complicaciones en el hígado y podrían aparecer otras secuelas con el tiempo”, agrega Darío con dolor.

El 9 de mayo, la familia recibió una noticia que lo cambió todo. “Los médicos nos lo confirmaron. En una reunión, la jefa de neonatología y la infectóloga nos dijeron que el caso de nuestro hijo estaba directamente relacionado con el lote de fentanilo contaminado que había denunciado ANMAT”, relata.

Hasta ese momento, ni los estudios realizados al bebé, ni los análisis hechos a su madre, ni los protocolos aplicados en la clínica habían logrado explicar la aparición de la bacteria. Solo después de la notificación oficial de Anmat, el cuadro cobró sentido.

“Cada vez que entrábamos a verlo, veíamos la bomba que decía fentanilo. Pero en ese momento no sabíamos lo que estaba pasando. Nunca imaginamos algo así. Preguntábamos por los antibióticos, porque tuvo muchas bacterias, pero de la sedación… nunca nos cuestionamos eso”, admite Darío.

Con el patrocinio del abogado Carlos Nayi, los padres de G.B. presentaron la primera denuncia penal en Córdoba vinculada al fentanilo contaminado. La acción busca que se investigue la cadena de responsabilidades, desde el laboratorio productor hasta los organismos de control y la clínica.

"Queremos que se determine si hubo un delito culposo o doloso, si hubo envenenamiento o negligencia. Que se investigue hasta el final", expresó Nayi.

Según información oficial, el fentanilo adulterado fue elaborado en el laboratorio HLB Pharma y distribuido en varias provincias. El juez federal de La Plata, Ernesto Kreplak, ya dispuso la inhibición general de bienes de 31 personas y sociedades vinculadas a la causa.

Desde abril, la vida de Darío y Sol, los padres de G.B., cambió por completo. “Los dos trabajamos. Mi esposa terminó su licencia por maternidad y ya tiene que volver. Yo me acomodo como puedo. Pasamos casi todo el día en la clínica. Es muy difícil”, cuenta Darío.

Mientras tanto, mantienen su confianza en los médicos. “No estamos tranquilos del todo, pero ellos lo salvaron. Hubo noches en las que nos dijeron que no pasaba. Que no llegaba a la mañana. Y sin embargo lo sacaron adelante”, relata Darío.

Cada día que pasa, G.B. da una pequeña batalla por vivir. Sus padres, aunque cansados y angustiados, no bajan los brazos. Su historia es una entre varios casos que revelan un grave problema de salud pública en Argentina: la distribución de medicamentos contaminados que, lejos de sanar, pusieron en riesgo la vida de pacientes vulnerables.

Hoy, la vida de este niño depende de una operación y de un tratamiento complejo que llevará años. Y la de sus padres, de encontrar respuestas y justicia en un sistema que hasta ahora, les ha dado más preguntas que certezas.