Hay cantantes que dejan una huella indeleble en un género musical, reconocible casi para cualquiera que escucha. Quien se dedica a recordarlos, revisitando su obra, cantando sus canciones, corren un riesgo.
Sin la red de contención que supone recurrir a la imitación, que siempre deja un lugar de alivio por el lado de la caricatura, el que hace un homenaje o tributo, siempre está acosado por la comparación.
Y más aún si se trata de cantar las canciones de nada menos que Frank Sinatra, una especie de prototipo del crooner, el intérprete masculino de jazz más reconocido e integrante del Olimpo del género, en compañía de Tony Bennett.
Pues bien, Christian Valverde, protagonista central de la primera noche del Festival Internacional de Jazz subsede Río Cuarto, salió vastamente airoso del desafío, recurriendo a los argumentos más esenciales.
Y lo logra haciendo nada más y nada menos que un ejercicio de aproximación, ya que desde luego no es Sinatra. Recreando, a veces puntualmente, lo más original del maestro de Hoboken: su forma de frasear.
Para cantar “alla” Sinatra se necesita, algo más que ‘una poca de gracia’, otra cosita: haberlo escuchado profundamente, para saber seguir los quiebres melódicos sobre los que construyó los cimientos de su estilo.
Y Valverde asume y demuestra haberlo hecho desde la profundidad de la admiración pero también desde la profesionalidad del músico, en la conjunción de quien descubre secretos y en lugar de lamentarse, lo utiliza.
Desde luego, nada de ese entramado admirativo sería posible de recrear y expresar de no contar con algo que también fue un rasgo singular en la trayectoria de Sinatra: el desarrollo de un acompañamiento musical untuoso y delicado.
Y allí es dable ubicar a Andrés Coppa (piano), Matias Sabagh (batería), Guillermo Acosta (contrabajo), Marcos Suaya (guitarra) y Mariano Campanella (saxo), cada uno de ellos capaz de lucirse incluso cuando los ronda el fantasma de La Voz.
Claro que no suenan como esas imponentes big-bands que envolvían la maestría de Sinatra, con el imponente Don Costa como ícono de referencia, pero aguzan sus respectivos saberes para hacer un colchón adecuado para que el homenaje suenen como tal. Y se dan tiempo para algunos lucimientos personales.
Del repertorio no hay mucho que decir puesto que, dado a elegiar a una impresionante friolera de canciones, una más intensa que la otra, con apenas un par de búsquedas en el Sinatra de los primero años, todo, o casi todo, fue cuestion de clásicos.
“Te llevo bajo mi piel”, “Llevame a la Luna”, “Extraños en la noche”, “A medida que pasa el tiempo” (la famosa canción de “Casablanca”, en la que menta la figura también referencial de Bennett) y desde luego “A mi manera”, se recibieron entre exclamacones y se saludaron con grandes aplausos.
Con el prolegómeno que la presentación del riocuartense Trio Tensos Bros. -Alejandro Sosa (contrabajo), Hernán Tenreyro (batería y percusión) y Maximiliano Brito Rivière (guitarra), de cuyo buen hacer se ha escrito en Puntal-, Christian Valverde le dió un cierre delicioso a la primera noche de un Festival al cierre de esta edición seguía sonando.
R.S.
Y más aún si se trata de cantar las canciones de nada menos que Frank Sinatra, una especie de prototipo del crooner, el intérprete masculino de jazz más reconocido e integrante del Olimpo del género, en compañía de Tony Bennett.
Pues bien, Christian Valverde, protagonista central de la primera noche del Festival Internacional de Jazz subsede Río Cuarto, salió vastamente airoso del desafío, recurriendo a los argumentos más esenciales.
Y lo logra haciendo nada más y nada menos que un ejercicio de aproximación, ya que desde luego no es Sinatra. Recreando, a veces puntualmente, lo más original del maestro de Hoboken: su forma de frasear.
Para cantar “alla” Sinatra se necesita, algo más que ‘una poca de gracia’, otra cosita: haberlo escuchado profundamente, para saber seguir los quiebres melódicos sobre los que construyó los cimientos de su estilo.
Y Valverde asume y demuestra haberlo hecho desde la profundidad de la admiración pero también desde la profesionalidad del músico, en la conjunción de quien descubre secretos y en lugar de lamentarse, lo utiliza.
Desde luego, nada de ese entramado admirativo sería posible de recrear y expresar de no contar con algo que también fue un rasgo singular en la trayectoria de Sinatra: el desarrollo de un acompañamiento musical untuoso y delicado.
Y allí es dable ubicar a Andrés Coppa (piano), Matias Sabagh (batería), Guillermo Acosta (contrabajo), Marcos Suaya (guitarra) y Mariano Campanella (saxo), cada uno de ellos capaz de lucirse incluso cuando los ronda el fantasma de La Voz.
Claro que no suenan como esas imponentes big-bands que envolvían la maestría de Sinatra, con el imponente Don Costa como ícono de referencia, pero aguzan sus respectivos saberes para hacer un colchón adecuado para que el homenaje suenen como tal. Y se dan tiempo para algunos lucimientos personales.
Del repertorio no hay mucho que decir puesto que, dado a elegiar a una impresionante friolera de canciones, una más intensa que la otra, con apenas un par de búsquedas en el Sinatra de los primero años, todo, o casi todo, fue cuestion de clásicos.
“Te llevo bajo mi piel”, “Llevame a la Luna”, “Extraños en la noche”, “A medida que pasa el tiempo” (la famosa canción de “Casablanca”, en la que menta la figura también referencial de Bennett) y desde luego “A mi manera”, se recibieron entre exclamacones y se saludaron con grandes aplausos.
Con el prolegómeno que la presentación del riocuartense Trio Tensos Bros. -Alejandro Sosa (contrabajo), Hernán Tenreyro (batería y percusión) y Maximiliano Brito Rivière (guitarra), de cuyo buen hacer se ha escrito en Puntal-, Christian Valverde le dió un cierre delicioso a la primera noche de un Festival al cierre de esta edición seguía sonando.
R.S.

