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El 62% de los jóvenes dice haber ido a alguna fiesta clandestina

El dato surge de una encuesta realizada por el centro de estudios Pensamos Río Cuarto. El 75,8% de los jóvenes respondió que se entera fácilmente de la realización de las fiestas ilegales. Al 36% le cobraron entrada y bebida

Dos de cada tres jóvenes riocuartenses aseguraron que concurrieron a alguna fiesta clandestina en medio de las restricciones por la pandemia de Covid.

El dato surge de una encuesta que el centro de estudios local Pensamos Río Cuarto realizó entre el 12 y el 28 de mayo a 158 jóvenes de la ciudad de entre 15 y 35 años.

El muestreo fue estratificado por conglomerado;así, el 58,56 por ciento de los encuestados tiene domicilio en el centro;el 21,62 por ciento en Banda Norte y el 19,82 por ciento en barrio Alberdi.

Según el sondeo, los jóvenes se enteran muy fácilmente de la realización de fiestas clandestinas. El 75,68 por ciento indicó que conoce cuándo y dónde se hacen las fiestas ilegales, mientras que el 24,32 por ciento respondió que no se entera.

Pero, además, del cien por ciento de los encuestados, el 62,16 por ciento señaló que en alguna oportunidad concurrió a alguna fiesta clandestina;el otro 37,84 por ciento no fue a ninguna.

¿A cuántos eventos de este tipo te invitan por semana?, se les preguntó. El 40,54 por ciento indicó que a ninguno, pero el 36,94 por ciento indicó que lo invitan a más de uno;otro 22,52 por ciento respondió que al menos recibe una invitación por semana.

Más allá de que asistan o no, los jóvenes riocuartenses están de acuerdo con que se hagan fiestas clandestinas en medio de la pandemia? El 42,03 respondió que sí, el 39,13 dijo que no y el 18,84 por ciento no contestó.

Como cada vez que existe una prohibición, también suele generarse un negocio ilegal. ¿Las fiestas clandestinas en Río Cuarto implican un aprovechamiento económico? El 62,32 por ciento de los encuestados señaló que nunca le cobraron entrada en una fiesta ilegal,mientras que el 36,23 sí pagó por participar. Además, el 27,54 por ciento señaló que dentro de las fiestas vendían alcohol, mientras que el 71 por ciento respondió que no.

Para casi el 61%, ir a una fiesta ilegal no debe ser considerado un delito.

Una conclusión que permite sacar el sondeo es que al Estado le resulta más difícil que a los jóvenes enterarse de las fiestas clandestinas. El 50,72 por ciento de los encuestados indicó que cuando estaba en una fiesta acudió personal de seguridad;el otro 47,83 por ciento señaló que la fiesta se hizo y que no fue descubierta por la Policía o el ex-Edecom.

Además, los jóvenes no necesariamente se problematizan la organización o la asistencia a un encuentro de ese tipo.

El 60,87% de los encuestados opinó que ir a una fiesta clandestina no es un delito, mientras que el 26,09 dijo que sí. Por otro lado, el 53,62 por ciento respondió que no es un delito organizar una fiesta;otro 36,23 por ciento señaló que sí. Lo que más los motiva para concurrir, pese a los riesgos, es estar con amigos, divertirse, bailar y salir.

Ramiro Carnero, psicólogo que integra el centro de estudios, indicó que uno de los aspectos que más llaman la atención en el relevamiento es la falta de percepción del riesgo que existe entre los jóvenes encuestados. “Se percibe que el Estado no logra dar en el clavo porque las campañas de concientización se piensan desde un punto de vista adultocéntrico, igual a como lo pensamos para los estragos de riesgo. Cuando se les pregunta a los jóvenes cuál es la principal preocupación al asistir a una fiesta clandestina, contagiarse no es lo primero que mencionan. El principal problema que marcan es no poder ir; forma parte de la transgresión de la norma que se produce en la edad adolescente. Es propio del pensamiento adolescente buscar la transgresión, ir en contra de lo establecido y, en este contexto, esa situación está mucho más marcada porque ya llevan más de un año y medio sin socialización, que es fundamental para el adolescente”, manifestó Carnero.

Agregó que para los jóvenes la no socialización es un aspecto más grave que para los adultos porque forma parte de los puntos centrales del desarrollo de los adolescentes. “Quienes estamos en edad de trabajar pudimos hacer cosas durante este período;ellos no volvieron nunca al colegio, no hay boliches, no pueden salir a divertirse. Todo eso es fundamental para la construcción identitaria del adolescente y no lo tienen desde hace un año y medio”.

Además, remarcó que existe una falta de lineamientos claros de parte del Estado. “Si nosotros estamos confundidos, imaginate ellos. Si a eso le sumás que la percepción de riesgo no es el contagio, entonces la conducta que se percibe con respecto a las fiestas clandestinas es entendible. No es falta de solidaridad de su parte sino que, directamente, no forma parte de su modo de pensamiento”, indicó Carnero.

Señaló que el propósito de la encuesta era dejar hablar a los chicos de sí mismos. Por eso, una de las propuestas del centro de estudios es que haya espacios de escucha para y entre los jóvenes y evitar abordar la situación desde una concepción legal y con un trasfondo punitivo.