Rostros y Rastros Filloy | Lucas Aime | UniRío Editora

La pluma detrás del arte de 'Periplo' y cómo esa tapa se convirtió en corto

Lucas Aime fue el artista invitado para ilustrar la tapa de la reedición del libro 'Periplo' de Juan Filloy a cargo de UniRío Editora. Realizó 250 tapas originales diferentes que representan un viaje del escritor

Creció dibujando en su casa de Ingeniero Luiggi (La Pampa), su mamá y su hermana dibujaban, era un espacio genuino en su infancia que se ‘desdibujó’ cuando se mudó a Río Cuarto para empezar a estudiar Literatura en la Universidad. “Cuando uno es adulto deja de dibujar, pasa de ser algo normal en la infancia a ser algo anecdótico en la adultez”, analiza Lucas Aime durante la entrevista con Rostros & Rastros.

El artista que se recibió en la Escuela Superior de Bellas Artes ‘Líbero Pierini’ brinda talleres de arte para adultos y niños. “Mi búsqueda pedagógica desde la enseñanza del dibujo tiene que ver con construir un lugar propio de cada persona para dibujar. Cuando yo me vine a estudiar, el tiempo que dedicaba a dibujar cotidianamente de repente dejó de existir, en el momento no me di cuenta, me fue pasando que me fui poniendo cada vez más triste y no entendía por qué”. Aime recuerda a su hermana estudiando arte y dando clases en su casa cuando él solo tenía unos 4 años.

En Río Cuarto, el taller de Gabriel Yabar fue su primera aproximación en su formación artística. En los primeros años universitarios comienza a publicar una historieta en una revista universitaria de manera esporádica junto con otras ilustraciones. “Después me abrí un blog fue tal vez lo que ahora uno encuentra en Instagram o en otras redes, desde los 90 y a principios del 2000 en Argentina siempre hubo una cultura de dibujantes, de ilustradores muy importantes y fue cambiando de medio, aquellas revistas fueron perdiendo presencia”, contó y graficó aquel blog como su “kiosquito”.

¿Por qué historietas y por qué las dibujabas?

Siempre me interesó la narración, creo que tiene que ver con eso, siempre me atrajo mucho la idea de contar historias. Cuando era chico veía muchos más dibujos animados y leía historietas esporádicamente, de adolescente empecé a darme cuenta que lo que yo hacía era diseñar personajes, me inventaba historias con influencias del cómic o del manga (palabra japonesa para designar las historietas en general). Siempre me gustó mucho leer y escribir, que fue medio de la mano con dibujar, sin embargo tengo una pulsión más natural para dibujar.

¿Qué leías y qué artistas te influenciaron?

Eso fue cambiando mucho con el tiempo. Como a muchos de mi generación, para mí Dragon Ball ha tenido un lugar importante. En mi pueblo no estaba Magic Kids, entonces yo veía Dragon Ball cuando iba a visitar a mi hermana que estaba estudiando en Villa Mercedes (San Luis) o cuando iba a Gral. Pico (La Pampa) a visitar a mis tíos, para mí Dragon Ball era una atracción especial. Mi hermana me compraba las mangas y me gustaba, los dibujos estaban muy buenos y la narrativa era por momentos seria pero también graciosa, que es el fin de la historieta. Cuando fui creciendo encontré otros lugares que me influenciaron y cambiaron mis lecturas con Milo Manara, Ignacio Minaverry, Powerpaola, muchas autoras argentinas que han surgido en estos años.

¿Cómo es tu estilo?

No tengo un estilo de historieta serio, siempre son cómicas o han sido y encontré un lugar del dibujo serio en la ilustración, en las exposiciones de arte.

El humor no te cuesta…

No, me cuesta pensar la vida sin humor. Analizándolo de grande, el humor ocupa un lugar en la sociedad y en lo narrativo. Supone exponer situaciones, incomodar, desdramatizar, alivianar. Tiene una función social. A mí me pasaba que siempre me sentí un poco outsider, de niño siempre tenía alergias, era medio ‘ñoño’, tenía problemas de salud o desencantos amorosos, y para mí el humor era un lugar vital, porque si no entendía el mundo desde el humor, no iba. De todas maneras no quiero pensar en esta idea tan instalada del arte como terapéutico, como refugio, no lo quiero pensar así, como un lugar de salvación, pero sí como lo que me pasaba dibujando: ahí podía ser todo lo ridículo que podía ser.

PERIPLO, de Juan Filloy. Arte de tapa: Lucas Aime.

¿En qué trabajas ahora?

Además de los dos talleres para niños y adultos, divido mis tiempos, soy trabajador independiente desde hace muchos años, trabajo por comisiones, a pedido de ilustraciones de todo tipo, desde dibujos técnicos para manuales, hasta caricaturas en un evento. Pero más allá de esas contrataciones, me pasa que luego de muchos años la gente me busca por mis dibujos, por lo que dibujo yo. Hago ilustraciones para libros, o colaboramos con otros artistas, el año pasado trabajé para el festival de circo ‘Yo me río cuarto’ dibujando las funciones como un regalo para los artistas.

¿Cómo surge dibujar Filloy?

Fue una iniciática de la edición que está realizando UniRío Editora, la editorial de la Universidad Nacional de Río Cuarto. Esta colección implicó que cada libro esté dibujado por un artista distinto de Río Cuarto, así Nacha Vollenweider dibujó ‘Op Oloop’, Guille Mena dibujó ‘Urumpta’, y demás.

Vos dibujaste ‘Periplo’…

Así es, me invitaron para ‘Periplo’, me encantó leerlo, he leído otras obras de Filloy y él juega con la palabra, es camaleónico en su obra, me pareció muy interesante y cuenta un viaje con partes de ficción, otras anecdóticas y documentales, narrado en pequeños fragmentos. La editorial invita a cada artista a dibujar 250 tapas originales, los primeros 250 números de cada obra son dibujos originales y únicos. Las primeas personas que compran esos 250 libros están comprando también un dibujo original hecho por los artistas, y luego se elige una de las tapas para hacer el resto de las impresiones.

¿Por qué tus 250 dibujos se convirtieron en una especie de cortometraje?

Lo que a mí me pasó es que hacer 250 dibujos iguales me parecía monótono, y se me ocurrió hacer 250 distintos que constituyen entre sí un viaje, los hice analógicamente en una mesa de luz y fui calcando, como a la vieja escuela, frame por frame (cuadro por cuadro), si juntas esas 250 tapas originales que dibujé se forma un viaje. La colección tiene de particular que cada tapa incluye el nombre del libro y el dibujo del perfil de Juan Filloy que lo dibujó Franklin Arregui Cano, un artista histórico e increíble de Río Cuarto. Él lo hizo y lo que hacemos cada artista invitado es intervenir y usar ese perfil. Yo decidí dibujar ese viaje que yo inventé, no ilustro lo que pasa adentro del libro, sino que imaginé un viaje de Filloy como el que puede tener cualquier persona acá. Se ve la llanura, la pampa, las sierras, lo que vemos cuando salimos a la ruta en nuestra zona, vemos un incendio forestal, llega ese hombre al mar, también sueña, se queda dormido, se va haciendo de noche, el viaje empieza en una mañana y termina en una noche. Lo que pasa cuando uno viaja. A partir de ahí se unieron los cuadros en un breve video y se perciben esos pasajes.

¿En qué proyectos estás ahora?

Este año estoy trabajando en una muestra desde hace un tiempo y al margen de las clases estoy muy comprometido con acciones de una asamblea que se armó hace un tiempo que se llama Cordobazo Cultural. Somos artistas y trabajadores de la cultura auto-convocados, asamblearios y a-partidarios reunidos por la situación de los artistas respecto de la realidad y la actualidad política. Por mucho tiempo no se asoció a la figura del artista con el trabajo, es una deuda que tenemos como sociedad, siempre se muestra la figura del artista como alguien iluminado, como un loco, como un bohemio, y la verdad es que somos personas de carne y hueso que tenemos que pagar la luz todos los meses. A la gente le gusta consumir cultura pero cuesta que la cultura los interpele.

Nada de lo que esta exhibido en la casa de Lucas Aime es de él, el comedor se eleva con cuatro obras sin firma pero que expulsan el arte de Guillermo Mena basadas en las vistas satelitales de la tierra de aquellos lugares donde vivió el autor.

En el taller de Lucas se conjugan su infancia con la manga completa de Dragon Ball en su biblioteca, su gato pasando por nuestros tobillos, los rollos de obras que una vez constituyeron una muestra con el paso del tiempo como inquietud, la tristeza de ese tiempo pero también la recomposición de esos lugares destruidos que podían levantarse entre paredes nuevas, cambiando leyendas por otras más esperanzadoras.

Hojee su bitácora diaria, vi algunos grises y me contó que el color está en su obra como un acento de lo que quiere transmitir, sin embargo en los grises él ve colores y puede hacerlos virar a su gusto.

Lucas Aime prepara una muestra basada en aquel niño que dibujaba con lapicera Bic en los reversos de las hojas de los catálogos de Avón de su mamá pero plantado ante la obra con esa técnica siendo hoy el artista adulto que es.

Por Fernanda Bireni