La encerrona entre equilibrio fiscal y caída de actividad
Lo que muchos advertían como un riesgo cierto se expresó en junio con un desequilibrio en las cuentas en un contexto de enfriamiento de la economía. El Gobierno adjudicó el rojo del mes pasado a una excepcionalidad de Ganancias. La preocupación llega a las provincias y municipios
Una alarma sonó la semana pasada cuando se conoció que el Gobierno cerró junio con un desequilibrio en sus cuentas. No fue un dato que pasó por alto en el mercado ni entre los especialistas, más allá de que la atención generalizada hoy está lejos de ubicarse próxima a los números fiscales. Hasta el propio ministro Luis Caputo emitió un mensaje en sus redes intentando llevar calma por el déficit del mes pasado y aseguró que se debió a una situación estrictamente coyuntural. “Esto es porque corrimos el vencimiento de Ganancias de personas humanas de junio a julio”, argumentó el funcionario. Allí hay un ruido adicional con muchos profesionales encargados de presentar las declaraciones que piden una nueva prórroga para agosto por la imposibilidad de cumplir durante este mes con los requisitos.
Lo cierto es que durante el mes pasado el Gobierno registró un déficit primario de $696.843 millones y un déficit financiero de $1.024.891 millones. Aunque si se computa el semestre, aún hay luz verde.
De acuerdo a lo expresado por Caputo, hubo allí un impacto por la postergación de ingresos provenientes de Ganancias, al tiempo que se señaló un contexto estacional de los gastos de junio, como el pago de aguinaldos al conjunto de los agentes estatales.
Pero más de fondo, hay una inquietud que algunos aseguran que también se da hacia el interior del equipo económico: la tentación de morderse la cola cuando el ajuste se convierte en la única opción. Eso implicaría que ante cada desequilibrio, la única respuesta sea profundizar el camino del recorte, obviando los límites que ofrece ese sendero al llegar al punto de afectar el nivel de actividad económica y por consiguiente el de los ingresos del propio Estado. En definitiva, cuando se intenta cuidar la salud de las cuentas, el ajuste que atenta contra los ingresos carece de sustentabilidad.
En este plano hay algunos indicadores que pueden ser oportunos advertir. En el balance de ingresos tributarios de junio, Arca informó que alcanzaron los $ 20.017.104 millones, con una variación interanual de 23,7%, lo que claramente se ubica por debajo del porcentaje de inflación de los últimos 12 meses. En decir, cayeron los ingresos reales. Si fuera un hogar, en junio podría haber adquirido menos bienes y servicios que en igual mes del año pasado.
Pero al interior de esa recaudación tributaria, los impuestos relacionados a la actividad económica tuvieron un particular comportamiento: el más importante de todos, el IVA, tuvo un incremento interanual del 28,2%; también detrás del IPC que mide el Indec.
Este mismo desempeño de los tributos relacionados a nivel de actividad fue advertido en el último balance de recaudación de la Provincia, también correspondiente a junio. Desde el Ministerio de Economía y Gestión Pública de Córdoba se destacó que al considerar sólo el conjunto de impuestos cuya dinámica recaudatoria se relaciona con los niveles de actividad (IVA, Ganancias, Ingresos Brutos y Sellos), es decir, que gravan las transacciones económicas, puede verse que el mismo presenta caída real del 8% en junio 2026 respecto a igual mes de 2025. Los cuatro impuestos que componen este agrupamiento presentaron una caída real interanual, siendo la intensidad de la caída del 8% en el caso del Impuesto sobre los Ingresos Brutos y 19% en el caso de Sellos, en lo que son los impuestos provinciales, y 3% y 13% en el caso de IVA y Ganancias, respectivamente, para los impuestos de origen nacional. Vale destacar que de estos dos impuestos reciben coparticipación provincias y municipios, por lo que la cascada del recorte termina impactando en los tres niveles.
En materia de actividad resulta evidente el comportamiento del mercado interno, con severas dificultades en amplias ramas y sectores. El comercio mantiene ventas por debajo de las registradas en 2025, la industria no logra hilvanar dos meses seguidos de crecimiento y la construcción se mantiene por debajo de sus niveles de ocupación de años anteriores. Detrás, los ingresos de la población tuvieron otro prolongado período de pérdida frente a la inflación y el financiamiento, por efecto de las fuertes tasas reales, sigue sin volver a escena. Hay ahí una encerrona para el Gobierno. Por ahora, la luz al final del túnel se la ofrece la reciente baja en los niveles de inflación, un proceso que finalmente comenzó en abril y que se extendió en mayo y junio, cuando rompió el piso del 2%. En ese marco, el dato más alentador es lo que ocurrió con la inflación núcleo, que se ubicó en el 1,6% y que los niveles de dispersión son cada vez menos significativos. Lo que entusiasma al Gobierno es la posibilidad de que los ingresos puedan consolidar lo ocurrido en abril, cuando pudieron ganarle al IPC. Pero el primer dato que se conoció de mayo no fue en el mismo sentido: un informe de la Secretaría de Trabajo mostró que el salario real de los empleados privados registrados cayó 2%, pese a la desaceleración de la inflación.
Es en ese punto que, en combinación con el proceso electoral que comenzará a acelerarse en las próximas semanas, comienza a ganar cuerpo una duda central: ¿el Gobierno deberá elegir entre el combate a la inflación o el nivel de actividad? El interrogante no es nuevo, pero volvió a cobrar fuerza a partir de los resultados de las cuentas fiscales de junio.