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Resignificar el folclore para mantenerlo vivo en las nuevas generaciones

Con una propuesta innovadora, Rocío Castro busca resignificar el folclore para las nuevas generaciones, integrando herramientas digitales en su enseñanza

Hay conocimientos que no necesitan quedarse quietos para conservarse. Hay tradiciones que, para seguir vivas, necesitan encontrar nuevas formas de ser contadas, enseñadas y compartidas. Desde esa mirada, Rocío Castro, docente de música oriunda de Coronel Moldes, llevó al segundo Congreso Internacional Aulas Compartidas y Pedagogías en Escena, realizado en Puerto Madryn, una propuesta que lo resume en una gran frase: la transposición del folclore.

Invitada por la Organización Internacional de Folklore y Artes Populares (IOV), entidad vinculada a la UNESCO, Rocío participó por segunda vez de este espacio. Pero esta vez lo hizo desde otro lugar: no como asistente, sino como expositora y tallerista, compartiendo experiencias y reflexiones con representantes de distintos países de América Latina y el Caribe.

Resignificar el folclore

Su presentación tuvo un título extenso, pero una idea central muy concreta: construir vínculos con el patrimonio cultural inmaterial a través de la resignificación de la transposición didáctica en contextos de cultura digital e inteligencia artificial.

Es decir, al estilo "criollo": tomar un conocimiento, una música, una danza, una tradición, y encontrar la manera de llevarla al aula para que pueda ser comprendida, experimentada y apropiada por quienes aprenden hoy.

“No desde la imposición, sino desde la construcción de un vínculo con nuestro folklore”, es la idea que atraviesa su propuesta y como ella lo expresa.

Rocío trabaja con jóvenes y conoce de cerca las nuevas formas en las que se relacionan con el conocimiento. Por eso, en lugar de pensar la tecnología como una amenaza para las tradiciones, decidió incorporarla como una herramienta para acercarlas.

La música, la cultura digital y la inteligencia artificial pueden unirse para llegar al mismo lugar: nuestras raíces.

Pero el congreso también le dejó otra certeza. El folclore no pertenece solamente a quienes bailan, cantan o se visten con las típicas "pilchas" gauchas. El folclore está en todos y en todo.

Está en el mate que preparamos cada mañana, en una ronda de palmas que hacemos casi sin pensar, en una melodía que reconocemos, en las costumbres familiares y en las maneras de encontrarnos con otros.

Por eso, preservar no significa dejar estático algo.

La pluralidad de voces culturales

En Puerto Madryn, al compartir con colegas de Colombia, Bolivia, Perú, Cuba y otros países de la región, Rocío también pudo reconocer algo que muchas veces queda oculto detrás de las fronteras: las culturas latinoamericanas tienen diferencias, pero también comparten enormes puntos de encuentro.

Las músicas, las danzas y las historias tienen raíces que se cruzan. Y en esa diversidad o pluralidad de voces también aparecen identidades que durante mucho tiempo fueron menos visibles, como las comunidades afrodescendientes y su aporte fundamental a la construcción musical de nuestros pueblos.

La experiencia volvió a poner en palabras algo que Rocío considera esencial para la educación: la cultura también se enseña cuando se la vive.

Y quizás allí esté el verdadero sentido de la transposición del folclore: no sacar una tradición de su lugar para encerrarla en un aula, sino llevarla al presente, encontrar nuevas formas de transmitirla y permitir que las nuevas generaciones hagan algo propio con ella.