La mañana contenía a mi hermano Eduardo como podía. Él no se podía tener de la alegría. Había ido a ver a Independiente contra el Inter. Un amigo lo había invitado y allí había estado, cerca de sus ídolos en la Doble Visera de Avellaneda. No dejaba de contar lo cerca que había tenido a Ricardo Elbio Pavoni, el Chivo, una de las marcas registradas, con el paso del tiempo, del Rojo de Avellaneda. “Los que estaban al lado mío no sabían que se llamaba Elbio, yo les conté”, decía con vehemencia y los ojos brillosos de emoción.
El 1° de diciembre de 1976, por el campeonato Nacional, Independiente derrotó a Quilmes cuatro a uno. Esa tarde el Chivo Pavoni jugó por última vez con la casaca roja. Cuando terminó el encuentro, Pavoni, que fue expulsado, había jugado 423 partidos con el Diablo y había marcado 57 goles, muchos de ellos de penal. Esa tarde se despidió con Pogany; Lencina, Villaverde, Trossero (Carrica) y él; Galván, Semenewicz y Rojas; Brítez (Bertolé), Astegiano y Bertoni. Dos de Astegiano, uno de Rojas y otro de Brítez, los goles. Filardo, el del Cervecero. Culminaba una carrera extraordinaria que tuvo en la Argentina como única camiseta la roja de Avellaneda. Jugó desde el 65 hasta el 76.
Había debutado el 24 de marzo de 1965 en las semifinales de la Copa Libertadores ante Boca: “Me tocó marcar a Ernesto Grillo, ya en el final de su carrera. Ganamos dos a cero. La revancha la perdimos 1 a 0. Fuimos a un desempate que terminó 0-0 y pasamos a la final por diferencia de gol. Alberto Armando, el presidente de Boca, empezó a reclamar los puntos porque Avallay y yo, supuestamente, no estábamos bien habilitados. No prosperó, pero no me autorizaron a jugar la final con Peñarol”, contaba a “El Gráfico”. Había llegado al club para reemplazar a Tomás Rolan. Esa jornada del debut fue en el Monumental. Independiente ganó con goles de Mura y Mario Rodríguez y formó con Santoro; Ferreiro, Navarro, Guzmán y Pavoni; Paflik y Mura; Bernao, Avallay, Mario Rodríguez y Savoy. La revancha la gana Boca con gol del Tanque Rojas y la clasificación llega en el tercer partido, cero a cero. Independiente gana la Copa, luego, ante Peñarol.
Tardó dos años y medio desde su debut para convertir. Fue en el Nacional 67, ante Central Córdoba de Santiago del Estero, por la segunda fecha. Ganó el Rojo 6 a 0. Dos de Tarabini, dos de Luis Artime y uno de Bernao y Pavoni, el 17 de septiembre.
Con Independiente ganó tres títulos nacionales y nueve internacionales. Tal vez para él lo más recordado sea la Copa Libertadores de 1974. Independiente, último campeón, y San Pablo de Brasil fueron los finalistas de esa competencia. En la primera final, jugada el 12 de octubre en San Pablo, el local venció 2 a 1 con goles de Rocha y Mirandinha; Saggiorato, para el Diablo rojo. El partido de vuelta en Avellaneda, disputado el 16, lo ganó Independiente por 2 a 0 con tantos de Bochini y Balbuena. En el encuentro de desempate, el 19 de octubre en Santiago de Chile, a los 37 del primer tiempo le cometieron penal a Bochini, lo ejecutó Ricardo Pavoni y marcó el gol definitivo e Independiente de Avellaneda se llevó su tercera Copa Libertadores consecutiva, la quinta de su historia.
Iniciado en Defensor de Uruguay, jugó allí desde el 60 hasta llegar a Independiente en el 65. Había nacido el 8 de julio de 1943 en Montevideo.
Un gran tiempista, salvador en cruces postreros sobre la raya, del arco de Independiente. “Es obligación de cualquier defensor desconfiar de sus compañeros y del arquero. Fue un último recurso y quedó marcado en la gente. Me gustaba mucho rechazar de chilena. Nunca tuve miedo ni sufrí golpes ni malas caídas. De hecho, jamás jugué con vendas ni con canilleras, hasta que la AFA nos obligó a hacerlo. Por suerte, casi no sufrí lesiones”, declaró hace un tiempo ante el colega Diego Borinsky.
Fue internacional con la selección de fútbol de Uruguay, con la que disputó trece encuentros entre 1962 y 1974 y marcó dos goles. Jugó la Copa Mundial de Fútbol de 1974 disputada en la República Federal Alemana, donde anotó contra Bulgaria, en lo que fue el único gol de Uruguay en todo el torneo.
Un hecho ajeno al fútbol lo marcó en ese tiempo, ya que fue uno de los primeros en hacerse entretejido capilar. “Se me caía el pelo, me gritaban ‘pelado’ a los 23 años y me dolía mucho. Un día vi la publicidad y me decidí: hacían un rollo con hilo y lo cosían en una especie de peluca. Cabeceaba y nunca se me salía”.
Cuando analiza al Rey de Copas, dice: “Antes de mi debut contra Boca, Pipo Ferreiro me dijo: ‘Vos hacé lo que sabés, que si te equivocás nosotros te bancamos’. Esas palabras me dieron una tranquilidad enorme. Yo pasé de jugar con 100 personas en Defensor Sporting a 70 mil en la cancha de River. Pipo, Maldonado, Mario Rodríguez y Savoy, toda esa banda me cobijó y me enseñó lo que era Independiente. Y nosotros se lo fuimos enseñando a los que vinieron después: Bochini, Bertoni y los otros. Y ellos siguieron con los Burruchaga, los Clausen, los Marangoni y siempre se fue pasando esa estirpe que hacía que Independiente fuera el Rey de Copas”.
Contó que Luis Cubilla, de River; Luna, de Atlanta, y Ángel Marcos, de Chacarita, fueron a los que más les costó marcar.
Cuando se retiró de Independiente, el Toto Lorenzo lo buscó para Boca y él se negó, agradeciendo: “Si juego un año más, sólo lo haría en Independiente”.
Ricardo Pavoni. El Chivo. Un jugador de colección. El que se llama Elbio, lo que, según mi hermano, sólo él lo sabía en la final contra el Inter.
Y cuando se trataba de Pavoni, el “¡Uruguayo!” parecía sonar más fuerte que nunca.
Osvaldo Alfredo Wehbe
Había debutado el 24 de marzo de 1965 en las semifinales de la Copa Libertadores ante Boca: “Me tocó marcar a Ernesto Grillo, ya en el final de su carrera. Ganamos dos a cero. La revancha la perdimos 1 a 0. Fuimos a un desempate que terminó 0-0 y pasamos a la final por diferencia de gol. Alberto Armando, el presidente de Boca, empezó a reclamar los puntos porque Avallay y yo, supuestamente, no estábamos bien habilitados. No prosperó, pero no me autorizaron a jugar la final con Peñarol”, contaba a “El Gráfico”. Había llegado al club para reemplazar a Tomás Rolan. Esa jornada del debut fue en el Monumental. Independiente ganó con goles de Mura y Mario Rodríguez y formó con Santoro; Ferreiro, Navarro, Guzmán y Pavoni; Paflik y Mura; Bernao, Avallay, Mario Rodríguez y Savoy. La revancha la gana Boca con gol del Tanque Rojas y la clasificación llega en el tercer partido, cero a cero. Independiente gana la Copa, luego, ante Peñarol.
Tardó dos años y medio desde su debut para convertir. Fue en el Nacional 67, ante Central Córdoba de Santiago del Estero, por la segunda fecha. Ganó el Rojo 6 a 0. Dos de Tarabini, dos de Luis Artime y uno de Bernao y Pavoni, el 17 de septiembre.
Con Independiente ganó tres títulos nacionales y nueve internacionales. Tal vez para él lo más recordado sea la Copa Libertadores de 1974. Independiente, último campeón, y San Pablo de Brasil fueron los finalistas de esa competencia. En la primera final, jugada el 12 de octubre en San Pablo, el local venció 2 a 1 con goles de Rocha y Mirandinha; Saggiorato, para el Diablo rojo. El partido de vuelta en Avellaneda, disputado el 16, lo ganó Independiente por 2 a 0 con tantos de Bochini y Balbuena. En el encuentro de desempate, el 19 de octubre en Santiago de Chile, a los 37 del primer tiempo le cometieron penal a Bochini, lo ejecutó Ricardo Pavoni y marcó el gol definitivo e Independiente de Avellaneda se llevó su tercera Copa Libertadores consecutiva, la quinta de su historia.
Iniciado en Defensor de Uruguay, jugó allí desde el 60 hasta llegar a Independiente en el 65. Había nacido el 8 de julio de 1943 en Montevideo.
Un gran tiempista, salvador en cruces postreros sobre la raya, del arco de Independiente. “Es obligación de cualquier defensor desconfiar de sus compañeros y del arquero. Fue un último recurso y quedó marcado en la gente. Me gustaba mucho rechazar de chilena. Nunca tuve miedo ni sufrí golpes ni malas caídas. De hecho, jamás jugué con vendas ni con canilleras, hasta que la AFA nos obligó a hacerlo. Por suerte, casi no sufrí lesiones”, declaró hace un tiempo ante el colega Diego Borinsky.
Fue internacional con la selección de fútbol de Uruguay, con la que disputó trece encuentros entre 1962 y 1974 y marcó dos goles. Jugó la Copa Mundial de Fútbol de 1974 disputada en la República Federal Alemana, donde anotó contra Bulgaria, en lo que fue el único gol de Uruguay en todo el torneo.
Un hecho ajeno al fútbol lo marcó en ese tiempo, ya que fue uno de los primeros en hacerse entretejido capilar. “Se me caía el pelo, me gritaban ‘pelado’ a los 23 años y me dolía mucho. Un día vi la publicidad y me decidí: hacían un rollo con hilo y lo cosían en una especie de peluca. Cabeceaba y nunca se me salía”.
Cuando analiza al Rey de Copas, dice: “Antes de mi debut contra Boca, Pipo Ferreiro me dijo: ‘Vos hacé lo que sabés, que si te equivocás nosotros te bancamos’. Esas palabras me dieron una tranquilidad enorme. Yo pasé de jugar con 100 personas en Defensor Sporting a 70 mil en la cancha de River. Pipo, Maldonado, Mario Rodríguez y Savoy, toda esa banda me cobijó y me enseñó lo que era Independiente. Y nosotros se lo fuimos enseñando a los que vinieron después: Bochini, Bertoni y los otros. Y ellos siguieron con los Burruchaga, los Clausen, los Marangoni y siempre se fue pasando esa estirpe que hacía que Independiente fuera el Rey de Copas”.
Contó que Luis Cubilla, de River; Luna, de Atlanta, y Ángel Marcos, de Chacarita, fueron a los que más les costó marcar.
Cuando se retiró de Independiente, el Toto Lorenzo lo buscó para Boca y él se negó, agradeciendo: “Si juego un año más, sólo lo haría en Independiente”.
Ricardo Pavoni. El Chivo. Un jugador de colección. El que se llama Elbio, lo que, según mi hermano, sólo él lo sabía en la final contra el Inter.
Y cuando se trataba de Pavoni, el “¡Uruguayo!” parecía sonar más fuerte que nunca.
Osvaldo Alfredo Wehbe

