El Duende se fue en camillas
Ricardo Enrique Bochini jugó su último partido en Independiente el 5 de mayo de 1991 y salió lesionado
Para contar cómo fue la última vez de Bochini en la primera del Rojo, es bueno remitirse a la narración que en el 2009, hacía el colega Adrián Michelena en el sitio Infierno Rojo, naturalmente dedicado a Independiente de Avellaneda: "El 5 de mayo de 1991, el Maestro Ricardo Enrique Bochini jugaba su último partido oficial con la camiseta roja. Tras casi 20 años de gambetear rivales y patadas, en el empate con Estudiantes uno a uno, un tal Pablo Erbín le aplicó un patadón que lo alejó de las canchas para siempre. A continuación, el relato de los hechos tan estremecedores:
Transcurrían cuarenta minutos de juego en Avellaneda y Bochini amansaba la redonda como el domador al caballo. Independiente estaba en desventaja y el Bocha, como de costumbre, era quien tomaba la batuta para gestar jugadas punzantes.
En una pose clásica y representativa: cabeza levantada y pelota pegadita al pie, el genio la dominaba con plena naturalidad, cuando abruptamente; Pablo Erbín lo golpeó con vehemencia desde atrás. El juez Manuel Jácome lo expulsó sin vacilar. Un verdadero patadón. De inmediato, la reacción: un penetrante grito estremeció a la Doble Visera. El Duende Rojo estallaba de sufrimiento; abatido sobre el verde césped, imploraba atención médica; días más tarde se confirmó que una de sus rodillas se había hecho añicos.
Por un instante, un silencio profundo se adueñó de las tribunas. Vaya a saber por qué, pero una extraña sensación hacía presagiar el triste desenlace. ¡El Bocha por primera vez en 714 partidos abandonaba la cancha en camilla! Un síntoma revelador. "Justo ahora que estaba bien me pasa esto. Creo que voy a tardar como 20 días para recuperarme del todo. El problema no fue el golpe sino que en la acción, el jugador de Estudiantes, me llevó la rodilla y se me dobló", declaró el Bocha tras el partido. Pese al dolor ("fue la patada más fuerte en toda mi carrera", le confesó a Olé hace algunos años), en aquel momento indultó al culpable. "No creo en la mala intención, vino fuerte pero puede que sea una distención", desdramatizó el diez.
A la vista está que absolutamente nadie preveía que la lesión fuese tan grave como finalmente resultó. "Es un esguince leve de rodilla", explicó el Doctor Ugalde y al instante advirtió: "Deberá permanecer inactivo durante cuatro o cinco días para ver como evoluciona". A su vez, Luis Islas explicó con bronca la conducta del conjunto Pincharrata: "Sabíamos que nos iban a venir a jugar con fricciones, a no dejarnos mover porque ese es el negocio de ellos". En tanto, ante un clima desfavorable, Pablo Erbín, banalmente, se excusó: "Pasé de largo porque el campo estaba mojado". A tal punto era consciente de la monstruosidad de su patada que, "por temor a una venganza de la hinchada local, abandonó el vestuario cuando se disputaba la segunda etapa", reveló el periodista Pablo Vignola, en la revista "Sólo fútbol".
El Rojo de Pastoriza que venía peleando el campeonato, sólo a dos puntos del líder Boca, logró empardar la historia a trece del final tras una oportuna escapada de Alfaro Moreno. El punto no sirvió, y la lesión del símbolo desdibujó por completo las posibilidades de luchar por el campeonato.
Aquel domingo 5 de mayo de 1991 el Maestro daba su última clase. Luego de predicar durante 20 años una filosofía de juego tan encomiable como exquisita, un desleal planchazo lo alejó de las canchas. Su escuela era el potrero y el talento, la sabiduría y picardía de gambetear alejado del rival. Pero esta vez el destino agregado a una edad avanzada (36), le impidió esquivar tal hachazo. No volvería a ejercer nunca más. Y recién tendría su gran despedida el 19 de diciembre. Allí se emocionó, lloró y disfrutó.".
La síntesis del partido de la fecha 11 del clausura fue esta: Uno a uno, con goles de Patricio Mc Allister para el Pincha y Alfaro Moreno para los Diablos.
Independiente con Islas; Barrera, Altamirano, Villareal y Ríos; Giusti, Morales, Ludueña y Bochini; Ubaldi y Alfaro Moreno. Pastoriza el entrenador.
Estudiantes con Yorno; Ramírez, Prátola, Trota y Erbín; Balugano, Peinado, Aredes y Capria; Saez y Carlos Patricio Mac Allister. Los dirigía Humberto Zucarelli.
El árbitro fue Manuel Jácome quien a los a los 41 expulsó a Erbín por juego brusco grave; a los 42' Bochini salió lesionado e ingresó Rudman. "Si me hubiera pegado a los veinte años, me hubiera recuperado. Además, tampoco fue un golpe fuerte, vino de atrás, es cierto, pero no es que me quebró la tibia y el peroné.", contaba el Bocha; y agregó que de a poco se estaba cansando de jugar: "Venía recibiendo patadas que antes podía esquivar, y cada vez tardaba más en recuperarme de los golpes. Además, como ese equipo recién estaba en formación y no peleaba nada, me provocaba menos entusiasmo. Y debo reconocer que ya estaba medio cansado de los sacrificios, fue mucho el tiempo que le dediqué a los entrenamientos, a concentrar...".
Me pareció atinado recurrir al sentimiento que hace algún tiempo y con motivo del recuerdo del último partido del "Duende", manifestaba un prestigioso escriba sobre la lesión que sacó a Bochini de las canchas. Al duende. Al que jugó siempre en Independiente. Jugó 714 partidos y marcó 108 goles. Ganó con el Rojo, 15 títulos. 4 nacionales y 11 internacionales. Integró el plantel de Argentina en el mundial del 86. Con la Nacional jugó 28 encuentros.
"Cuando vi que entraba Bochini, me pareció que tocaba el cielo con las manos, por eso lo primero que hice fue tirar una pared con él. En ese momento sentí que estaba tirando una pared con Dios". Eso lo dijo Diego Armando Maradona. "Pase maestro y dibuje", le manifestó Diego a él, cuando entró para jugar los 10 últimos minutos del partido contra Bélgica por la semifinal del Mundial de 1986.
La cuestión es que pasaron casi 28 años del último partido del Bocha Bochini. El duende se fue en camilla pero no se fue jamás. La gente le pedía a Dios que Bochini juegue para siempre, que juegue siempre en Independiente, para toda la alegría de la gente. Y Dios les hizo caso.
Osvaldo Alfredo Wehbe
Transcurrían cuarenta minutos de juego en Avellaneda y Bochini amansaba la redonda como el domador al caballo. Independiente estaba en desventaja y el Bocha, como de costumbre, era quien tomaba la batuta para gestar jugadas punzantes.
En una pose clásica y representativa: cabeza levantada y pelota pegadita al pie, el genio la dominaba con plena naturalidad, cuando abruptamente; Pablo Erbín lo golpeó con vehemencia desde atrás. El juez Manuel Jácome lo expulsó sin vacilar. Un verdadero patadón. De inmediato, la reacción: un penetrante grito estremeció a la Doble Visera. El Duende Rojo estallaba de sufrimiento; abatido sobre el verde césped, imploraba atención médica; días más tarde se confirmó que una de sus rodillas se había hecho añicos.
Por un instante, un silencio profundo se adueñó de las tribunas. Vaya a saber por qué, pero una extraña sensación hacía presagiar el triste desenlace. ¡El Bocha por primera vez en 714 partidos abandonaba la cancha en camilla! Un síntoma revelador. "Justo ahora que estaba bien me pasa esto. Creo que voy a tardar como 20 días para recuperarme del todo. El problema no fue el golpe sino que en la acción, el jugador de Estudiantes, me llevó la rodilla y se me dobló", declaró el Bocha tras el partido. Pese al dolor ("fue la patada más fuerte en toda mi carrera", le confesó a Olé hace algunos años), en aquel momento indultó al culpable. "No creo en la mala intención, vino fuerte pero puede que sea una distención", desdramatizó el diez.
A la vista está que absolutamente nadie preveía que la lesión fuese tan grave como finalmente resultó. "Es un esguince leve de rodilla", explicó el Doctor Ugalde y al instante advirtió: "Deberá permanecer inactivo durante cuatro o cinco días para ver como evoluciona". A su vez, Luis Islas explicó con bronca la conducta del conjunto Pincharrata: "Sabíamos que nos iban a venir a jugar con fricciones, a no dejarnos mover porque ese es el negocio de ellos". En tanto, ante un clima desfavorable, Pablo Erbín, banalmente, se excusó: "Pasé de largo porque el campo estaba mojado". A tal punto era consciente de la monstruosidad de su patada que, "por temor a una venganza de la hinchada local, abandonó el vestuario cuando se disputaba la segunda etapa", reveló el periodista Pablo Vignola, en la revista "Sólo fútbol".
El Rojo de Pastoriza que venía peleando el campeonato, sólo a dos puntos del líder Boca, logró empardar la historia a trece del final tras una oportuna escapada de Alfaro Moreno. El punto no sirvió, y la lesión del símbolo desdibujó por completo las posibilidades de luchar por el campeonato.
Aquel domingo 5 de mayo de 1991 el Maestro daba su última clase. Luego de predicar durante 20 años una filosofía de juego tan encomiable como exquisita, un desleal planchazo lo alejó de las canchas. Su escuela era el potrero y el talento, la sabiduría y picardía de gambetear alejado del rival. Pero esta vez el destino agregado a una edad avanzada (36), le impidió esquivar tal hachazo. No volvería a ejercer nunca más. Y recién tendría su gran despedida el 19 de diciembre. Allí se emocionó, lloró y disfrutó.".
La síntesis del partido de la fecha 11 del clausura fue esta: Uno a uno, con goles de Patricio Mc Allister para el Pincha y Alfaro Moreno para los Diablos.
Independiente con Islas; Barrera, Altamirano, Villareal y Ríos; Giusti, Morales, Ludueña y Bochini; Ubaldi y Alfaro Moreno. Pastoriza el entrenador.
Estudiantes con Yorno; Ramírez, Prátola, Trota y Erbín; Balugano, Peinado, Aredes y Capria; Saez y Carlos Patricio Mac Allister. Los dirigía Humberto Zucarelli.
El árbitro fue Manuel Jácome quien a los a los 41 expulsó a Erbín por juego brusco grave; a los 42' Bochini salió lesionado e ingresó Rudman. "Si me hubiera pegado a los veinte años, me hubiera recuperado. Además, tampoco fue un golpe fuerte, vino de atrás, es cierto, pero no es que me quebró la tibia y el peroné.", contaba el Bocha; y agregó que de a poco se estaba cansando de jugar: "Venía recibiendo patadas que antes podía esquivar, y cada vez tardaba más en recuperarme de los golpes. Además, como ese equipo recién estaba en formación y no peleaba nada, me provocaba menos entusiasmo. Y debo reconocer que ya estaba medio cansado de los sacrificios, fue mucho el tiempo que le dediqué a los entrenamientos, a concentrar...".
Me pareció atinado recurrir al sentimiento que hace algún tiempo y con motivo del recuerdo del último partido del "Duende", manifestaba un prestigioso escriba sobre la lesión que sacó a Bochini de las canchas. Al duende. Al que jugó siempre en Independiente. Jugó 714 partidos y marcó 108 goles. Ganó con el Rojo, 15 títulos. 4 nacionales y 11 internacionales. Integró el plantel de Argentina en el mundial del 86. Con la Nacional jugó 28 encuentros.
"Cuando vi que entraba Bochini, me pareció que tocaba el cielo con las manos, por eso lo primero que hice fue tirar una pared con él. En ese momento sentí que estaba tirando una pared con Dios". Eso lo dijo Diego Armando Maradona. "Pase maestro y dibuje", le manifestó Diego a él, cuando entró para jugar los 10 últimos minutos del partido contra Bélgica por la semifinal del Mundial de 1986.
La cuestión es que pasaron casi 28 años del último partido del Bocha Bochini. El duende se fue en camilla pero no se fue jamás. La gente le pedía a Dios que Bochini juegue para siempre, que juegue siempre en Independiente, para toda la alegría de la gente. Y Dios les hizo caso.
Osvaldo Alfredo Wehbe