Deportes | fútbol |

El Mundial no hace diferencias

Más allá de que el fútbol de Europa deslumbre más que el local, en Rusia todo puede ser muy distinto

Algún colega, con acierto, marcaba las diferencias entre un partido de Europa (Champions o Ligas) con uno de por acá (Libertadores o torneos locales), manifestando el “temor” al trasladar esa realidad al Mundial de Rusia. Más o menos como decir si uno ve al Bayern Munich, al Real Madrid, al Barcelona y demás, jugar como juegan, y tres horas más tarde observa a los equipos que se supone son los mejores de Sudamérica, protagonizar partidos cortados, sin precisión ni velocidad, con maneras de comportarse de los jugadores reñidas con la buena conducta y demás, de inmediato piensa “no habrá con qué darles”. Y es erróneo.

Lo primero es poner sobre la mesa nombres propios, de enormes jugadores que juegan “allá”, pero que en el Mundial lo harán para los seleccionados de “acá”, lo que, fundamentalmente, en el caso de Brasil, acorta la brecha y hasta la supera, si uno mira la lista que dará Tite, para que Brasil juegue la Copa del Mundo. En menor medida, ocurre algo similar con Argentina y Uruguay. Los mundiales son campeonatos “relámpagos” de esos que, todavía, creo, se juegan cerca, en el barrio; que arrancan de mañana y terminan casi de noche, un sábado o domingo y que tienen como premio, un lechón y un par de damajuanas. En ellos, si el arquero está suertudo, el goleador la mete con la cola y hay un combinado de garra con algo de juego, se puede ganar. Los mundiales tienen mucho de eso.

Y, si bien, a diario, ver el fútbol de Europa nos parece “otro” deporte, comparado con la Superliga argentina, por ejemplo, a la hora del máximo evento del orbe, en esto de la redonda, se baraja y se da de nuevo, con el dato de que Messi es argentino, Neymar brasileño y Suárez uruguayo. Las cartas se mezclan pero cada uno de los mejores del mundo tiene un pasaporte distinto, que los hará jugar de manera diferente a la que lo hacen cada día en las canchas glamorosas del Viejo Continente.

Y ahí es donde aparecerá la mano del técnico. Los de por acá, sólo seleccionadores de jugadores a los cuales apenas si puede entrenar algunas horas cuando hay fecha Fifa o en las semanas previas al Mundial.

Les pasa también a técnicos de combinados europeos aunque ellos tengan más cerca a sus dirigidos. El técnico de Portugal, Fernando Santos, sabe que Cristiano Ronaldo no tendrá con la camiseta lusitana, a Kross, Marcelo, Sergio Ramos, Modric y la compañía que tiene en la Casa Blanca.

Sampaoli tiene en el mazo el “as de espadas”, pero los truqueros saben que no basta para ganar ni siquiera una mano. Un tres, puntos para el envido, un dos, siquiera y hasta un buen caballo, a lo mejor ayudan; pero el “macho” no gana la mano solito y solo.

Claro, entonces que España no cuenta con Suárez, Ronaldo, Messi y demás jugadores que no son españoles a la hora del Mundial. España aprendió a tener una gran selección, a pesar de contar con una Liga poblada de extranjeros que hacen diferencia en cada club.

Inglaterra no lo ha logrado. Ya saben lo que le pasó a Italia.

Alemania tiene a su combinado jugando en la propia Bundesliga, como España, con el agregado de una mentalidad ganadora única.

Equipos como Francia, Bélgica u Holanda (estos fuera del Mundial) tienen tan desparramados a sus mejores hombres por clubes de otras naciones, como nos pasa a nosotros, a un equipo africano y hasta asiático.

La mayor parte de los jugadores que estarán en Rusia participan de las Ligas mayores y no por eso sus selecciones van camino al fracaso frente a los representativos de esas grandes ligas.

Eso sí, cuando se abre la puerta de cada primera concentración antes de una Copa del Mundo, se puede observar el ingreso de figuras que ganan millones y están en las figuritas de cualquier álbum de fútbol internacional.

Eso ocurre en un 60 por ciento de los combinados.

Y cuando la puerta se cierra y quedan adentro esperando que arranque el Mundial, habrá técnicos que tengan que trabajar más y otros no tanto, según el conocimiento que haya entre los muchachos y la confianza que genere el entrenador con su discurso.

Alejandro Sabella arrancó la Copa en el 2014, poniendo en cancha a un equipo “extraño”, que pocos pudimos descifrar contra Bosnia en el Maracaná. Tomó el timón, reconoció errores y en el mismo Estadio jugó la final poco tiempo después. Sin que le brillen los delanteros, bastó con Messi, Mascherano y una gran defensa. El relámpago de Brasil 2014, entre salvadas providenciales, goles del mejor en los momentos justos, el quite de Mascherano a Robben y algunas cosas más nos pusieron frente a frente con Alemania, que había sido el mejor del torneo.

Y como en los relámpagos por la damajuana y el lechón; cuando mejor jugamos, perdimos. Errores en la definición, un penal no cobrado y una buena definición alemana cuando se moría el suplementario e íbamos a los penales, cosa muy común en las competencias épicas.

Faltando un mes para Rusia, se trata de eso. Hay un mundo espectacular que nos llena los ojos en los momentos cumbre de los torneos de Europa, hay equipos y jugadores fenomenales, pero mucho tienen que ver en ello, jugadores de por estos lados.

Brasil encabezando la lista y Argentina entre dudas deportivas y horrores dirigenciales al acecho. Porque siempre Argentina estará aguardando para dar el golpe.

Después de todo, en un país donde vemos la final de la Champions en cable común y hay que pagar plus para ver un partido entre el vigésimo y el vigésimo cuarto de la Superliga, todo puede pasar.

 

Osvaldo Alfredo Wehbe