“Hacía muchos años que no veía la cancha así de colmada”, expresó un veterano hincha de Independiente Dolores de General Cabrera con los ojos brillosos por la emoción.
No era para menos, ya que desde la propia dirigencia se estimó que cerca de 1.500 personas concurrieron al Nuevo Fortín Rojo para presenciar la final con Everton de Coronel Moldes.
En el camino hacia el estadio ya se preveía que el marco de público iba a ser importante, porque había una larga cola de autos. Esta presunción se confirmó al ingreso al predio, con la gran cantidad de gente que pacientemente formaba fila para adquirir su entrada.
Si bien el partido comenzó con un poquito de retraso, los últimos espectadores recién pudieron ingresar cuando ya se disputaban 15 minutos del primer tiempo.
La platea que está en el sector donde se ubican las cabinas de transmisión estaba colmada, al igual que las dos tribunas contiguas.
También la otra tribuna ubicada en frente estaba abarrotada de público, con los más bulliciosos, con sus redoblantes y el aliento constante. Además, en el perímetro contra el alambrado había centenares de personas.
En el sector de la popular se habían colgado una decena de “trapos”, destacándose los de “La Banda del Desierto” y el que reza “Sólo Dios sabe cuánto amo al diablo”.
La salida a la cancha del conjunto dirigido por Mariano Dulla quedará grabada en la retina de los jugadores y del cuerpo técnico, porque comenzaron a encenderse las bengalas con humo azul y rojo, al tiempo que llovían papelitos desde todos los sectores, dándole un colorido especial a un encuentro tan trascendente.
La parcialidad de Coronel Moldes no se quedó atrás porque se llegó en buen número hasta el Nuevo Fortín Rojo y copó la tribuna ubicada detrás de uno de los arcos, colgando también sus banderas.
Luego del empate final, que dejó abierta la serie, hubo una prolija desconcentración y algunos se quedaron un rato más para continuar con sus cánticos y acordes musicales, preparando la revancha que promete tener otro marco imponente.
Mal de ausencias
Los equipos finalistas padecieron ayer el mal de ausencias por suspensiones o lesiones.
Dolores no puede contar en esta serie final con Ezequiel Moyano -héroe del triunfo por dos a cero ante Herlitzka en semifinales- ni con Mauro Celaye, porque fueron sancionados con tres fechas.
Tampoco estuvo Nicolás Chiaramello, suspendido por un encuentro, mientras que Aníbal Celaye tiene para un buen tiempo de recuperación tras su lesión.
En Everton no pudieron actuar por estos mismos motivos Emanuel Devia, Juan Aguilar y Paul Devia.
Conducta
Pese a que el partido fue trabado y friccionado, los protagonistas tuvieron buena conducta y se cuidaron para poder estar en la revancha.
El árbitro Carlos Boccolini no tuvo demasiados problemas para conducir un partido “caliente”, porque no hubo demasiados fallos discutidos, supo imponer autoridad y los jugadores acompañaron el espectáculo.
En el camino hacia el estadio ya se preveía que el marco de público iba a ser importante, porque había una larga cola de autos. Esta presunción se confirmó al ingreso al predio, con la gran cantidad de gente que pacientemente formaba fila para adquirir su entrada.
Si bien el partido comenzó con un poquito de retraso, los últimos espectadores recién pudieron ingresar cuando ya se disputaban 15 minutos del primer tiempo.
La platea que está en el sector donde se ubican las cabinas de transmisión estaba colmada, al igual que las dos tribunas contiguas.
También la otra tribuna ubicada en frente estaba abarrotada de público, con los más bulliciosos, con sus redoblantes y el aliento constante. Además, en el perímetro contra el alambrado había centenares de personas.
En el sector de la popular se habían colgado una decena de “trapos”, destacándose los de “La Banda del Desierto” y el que reza “Sólo Dios sabe cuánto amo al diablo”.
La salida a la cancha del conjunto dirigido por Mariano Dulla quedará grabada en la retina de los jugadores y del cuerpo técnico, porque comenzaron a encenderse las bengalas con humo azul y rojo, al tiempo que llovían papelitos desde todos los sectores, dándole un colorido especial a un encuentro tan trascendente.
La parcialidad de Coronel Moldes no se quedó atrás porque se llegó en buen número hasta el Nuevo Fortín Rojo y copó la tribuna ubicada detrás de uno de los arcos, colgando también sus banderas.
Luego del empate final, que dejó abierta la serie, hubo una prolija desconcentración y algunos se quedaron un rato más para continuar con sus cánticos y acordes musicales, preparando la revancha que promete tener otro marco imponente.
Mal de ausencias
Los equipos finalistas padecieron ayer el mal de ausencias por suspensiones o lesiones.
Dolores no puede contar en esta serie final con Ezequiel Moyano -héroe del triunfo por dos a cero ante Herlitzka en semifinales- ni con Mauro Celaye, porque fueron sancionados con tres fechas.
Tampoco estuvo Nicolás Chiaramello, suspendido por un encuentro, mientras que Aníbal Celaye tiene para un buen tiempo de recuperación tras su lesión.
En Everton no pudieron actuar por estos mismos motivos Emanuel Devia, Juan Aguilar y Paul Devia.
Conducta
Pese a que el partido fue trabado y friccionado, los protagonistas tuvieron buena conducta y se cuidaron para poder estar en la revancha.
El árbitro Carlos Boccolini no tuvo demasiados problemas para conducir un partido “caliente”, porque no hubo demasiados fallos discutidos, supo imponer autoridad y los jugadores acompañaron el espectáculo.

