Dar un paso al costado y observar. Esa es la decisión tomada. Mirar, después de escuchar y leer tanto. Mucho desatino y algunas coherencias. Enorme tristeza e impotencia. Sospechas por todos lados.
Esperar lo que por estas horas "podría" ser enterarnos cómo se definirá la Libertadores. Esa Copa ya manchada, que será elevada a festejo interminable por quien y de la manera que la gane, pero que no podrá borrar la palidez que ya tiene y la pequeñez a la que ha sido llevada por propios y extraños.
Por ello es que, a pesar de la desmovilización de la sociedad, durante todo el fin de semana, esperando que alguien haga algo bien y no se pudo, hubo un cacho de fútbol. Del bueno. Y lo aportaron Vélez y Atlético Tucumán.
Pocas veces en los últimos años un fin de semana estuvo vacío de gente en el centro de Río Cuarto como este que pasó. Se truncaron las ventas, los paseos, los planes, el descanso y demás cuestiones que hacen, entre otras cosas, que al mediodía de cada sábado y en el atardecer de ese día y del domingo las calles y veredas, las plazas y bares estén colmados, en ese movimiento ruidoso y lleno de vida que el Imperio tiene en esos momentos todo el año, incluso en pleno verano. La expectativa por el River-Boca nos paralizó. La inutilidad de quienes organizaron la seguridad en las inmediaciones del estadio, los violentos y hasta los protagonistas de lo que debió ser una gran fiesta del fútbol nacional y mundial hicieron que nos quedáramos sin aire, sin fuerzas y sin entusiasmo por salir siquiera a dar la vuelta del perro a la Plaza.
Pero el fútbol, que postergó partidos como el San Lorenzo-Huracán en Buenos Aires, corrió horarios y también dejó para otro día cotejos de ligas y categorías menores, tuvo como excepción la alegría de ver jugar al Decano en Córdoba derrotando a Belgrano y a los pibes de Vélez venciendo a domicilio al Unión de Madelón.
La vuelta de Ricardo Zielinski a la cancha de la “B” era un motivo emocional especial para él y para los simpatizantes piratas. Y el Ruso volvió con este equipo sorprendente, que colocó en cancha a varios "suplentes" y ganó, casi sin despeinarse, tres a uno.
Es verdad que Belgrano es de los más flojos conjuntos del campeonato, pero lo que ha logrado el técnico con el equipo tucumano es digno de resaltar cada vez que se pueda. Jugando Copa y llegando lejos, con varios jugadores que dejaron la institución respecto del primer período "rusista" y con la llegada de otros (algunos veteranos de grandes luchas) no ve resentido un accionar que lo coloca en el segundo lugar de la tabla detrás del puntero, Racing.
Con el partido parejo, Zielinski metió en cancha, para ganarlo, a la Pulga Rodríguez, Mercier y Matos, hombres descartados por edad y tiempo en otros sitios, pero que de la mano de este técnico hacen lo justo y necesario para balancear a los más jóvenes y enjundiosos jugadores que tiene el plantel albiceleste. Acosta, Leyes, Aliendro y Barbona jugaron en la mitad de la cancha. Sin delanteros desde hace tiempo como Menéndez o Zampedri, Atlético se las va arreglando con Toledo, la Pulga, Tito Noir y Matos, todos mayores de 30. Es Leandro Díaz el más joven de los arietes.
Lucchetti en el arco y una defensa al menos ordenada con Bianchi como bandera. No hay nombres estridentes. Muchos de ellos, para la cátedra, con más pasado que presente. Y, sin embargo, ahí está el Decano. Hasta guardando jugadores, pensando en el clásico que vuelve a ser de Primera del finde que viene ante San Martín.
El domingo, en tanto, mientras River y Boca discurrían cuál era más vivo, más malo, más astuto y menos cobarde, Vélez Sarsfield ganaba sin cuestionamientos su partido ante el siempre difícil Unión, en el estadio tatengue. Hace unos días, a la salida del encuentro que el Fortín empató con San Lorenzo, el nuevo técnico azulgrana, Almirón, declaró que sus jugadores le dijeron que Vélez era el mejor equipo que habían enfrentado.
Fue cero a cero. Es decir, el juego va mucho más allá del resultado a veces.
Y el Vélez de Heinze lo logra. Una dinámica extraordinaria. Nada del otro mundo. Pero da gusto verlo jugar. Junto a Defensa y Justicia, de lo mejorcito en esta Superliga. Y con casi todos pibes y una buena cantidad de nacidos en el club. Con algunos apellidos que ya son realidad a la hora de marcar figuras en Liniers: Robertone, Vargas, Barreal, Giménez, Domínguez, Cufré y se me escapa alguno seguro.
Gabriel Heinze, duro de arriar ante la prensa, fue siempre un jugador frontal y con tendencia a la rudeza, en la apariencia, de arranque, mas siempre fue útil e inteligente. Por si usted no lo recuerda, el Gringo jugó en Europa entre el 97 y el 2012 y en equipos como PSG, Manchester United, Real Madrid, Olympique de Marsella y Roma, entre otros.
Jugó por la selección dos mundiales y dos Copas América y ganó los Juegos Olímpicos del 2004 en Grecia. Es decir, hay paño.
Con buen paso por Godoy Cruz y Argentinos Juniors, el jugador nacido -como tantos otros- en Newell’s está haciendo su tercer etapa como técnico. Y le pone marca a su Fortín.
Por ello es que en medio de las interminables y sospechosas "rarezas" de la final de la Libertadores emergen cosas lindas sin que se noten demasiado. En Primera División, como esto que contamos de Atlético Tucumán y Vélez, y hasta la final de nuestra Liga Regional en Deheza.
Digamos, sin demasiado esfuerzo, uno puede mirar más allá del Monumental y la Bombonera y se dará cuenta de que no todo está perdido.
Oslvaldo Alfredo Wehbe
Por ello es que, a pesar de la desmovilización de la sociedad, durante todo el fin de semana, esperando que alguien haga algo bien y no se pudo, hubo un cacho de fútbol. Del bueno. Y lo aportaron Vélez y Atlético Tucumán.
Pocas veces en los últimos años un fin de semana estuvo vacío de gente en el centro de Río Cuarto como este que pasó. Se truncaron las ventas, los paseos, los planes, el descanso y demás cuestiones que hacen, entre otras cosas, que al mediodía de cada sábado y en el atardecer de ese día y del domingo las calles y veredas, las plazas y bares estén colmados, en ese movimiento ruidoso y lleno de vida que el Imperio tiene en esos momentos todo el año, incluso en pleno verano. La expectativa por el River-Boca nos paralizó. La inutilidad de quienes organizaron la seguridad en las inmediaciones del estadio, los violentos y hasta los protagonistas de lo que debió ser una gran fiesta del fútbol nacional y mundial hicieron que nos quedáramos sin aire, sin fuerzas y sin entusiasmo por salir siquiera a dar la vuelta del perro a la Plaza.
Pero el fútbol, que postergó partidos como el San Lorenzo-Huracán en Buenos Aires, corrió horarios y también dejó para otro día cotejos de ligas y categorías menores, tuvo como excepción la alegría de ver jugar al Decano en Córdoba derrotando a Belgrano y a los pibes de Vélez venciendo a domicilio al Unión de Madelón.
La vuelta de Ricardo Zielinski a la cancha de la “B” era un motivo emocional especial para él y para los simpatizantes piratas. Y el Ruso volvió con este equipo sorprendente, que colocó en cancha a varios "suplentes" y ganó, casi sin despeinarse, tres a uno.
Es verdad que Belgrano es de los más flojos conjuntos del campeonato, pero lo que ha logrado el técnico con el equipo tucumano es digno de resaltar cada vez que se pueda. Jugando Copa y llegando lejos, con varios jugadores que dejaron la institución respecto del primer período "rusista" y con la llegada de otros (algunos veteranos de grandes luchas) no ve resentido un accionar que lo coloca en el segundo lugar de la tabla detrás del puntero, Racing.
Con el partido parejo, Zielinski metió en cancha, para ganarlo, a la Pulga Rodríguez, Mercier y Matos, hombres descartados por edad y tiempo en otros sitios, pero que de la mano de este técnico hacen lo justo y necesario para balancear a los más jóvenes y enjundiosos jugadores que tiene el plantel albiceleste. Acosta, Leyes, Aliendro y Barbona jugaron en la mitad de la cancha. Sin delanteros desde hace tiempo como Menéndez o Zampedri, Atlético se las va arreglando con Toledo, la Pulga, Tito Noir y Matos, todos mayores de 30. Es Leandro Díaz el más joven de los arietes.
Lucchetti en el arco y una defensa al menos ordenada con Bianchi como bandera. No hay nombres estridentes. Muchos de ellos, para la cátedra, con más pasado que presente. Y, sin embargo, ahí está el Decano. Hasta guardando jugadores, pensando en el clásico que vuelve a ser de Primera del finde que viene ante San Martín.
El domingo, en tanto, mientras River y Boca discurrían cuál era más vivo, más malo, más astuto y menos cobarde, Vélez Sarsfield ganaba sin cuestionamientos su partido ante el siempre difícil Unión, en el estadio tatengue. Hace unos días, a la salida del encuentro que el Fortín empató con San Lorenzo, el nuevo técnico azulgrana, Almirón, declaró que sus jugadores le dijeron que Vélez era el mejor equipo que habían enfrentado.
Fue cero a cero. Es decir, el juego va mucho más allá del resultado a veces.
Y el Vélez de Heinze lo logra. Una dinámica extraordinaria. Nada del otro mundo. Pero da gusto verlo jugar. Junto a Defensa y Justicia, de lo mejorcito en esta Superliga. Y con casi todos pibes y una buena cantidad de nacidos en el club. Con algunos apellidos que ya son realidad a la hora de marcar figuras en Liniers: Robertone, Vargas, Barreal, Giménez, Domínguez, Cufré y se me escapa alguno seguro.
Gabriel Heinze, duro de arriar ante la prensa, fue siempre un jugador frontal y con tendencia a la rudeza, en la apariencia, de arranque, mas siempre fue útil e inteligente. Por si usted no lo recuerda, el Gringo jugó en Europa entre el 97 y el 2012 y en equipos como PSG, Manchester United, Real Madrid, Olympique de Marsella y Roma, entre otros.
Jugó por la selección dos mundiales y dos Copas América y ganó los Juegos Olímpicos del 2004 en Grecia. Es decir, hay paño.
Con buen paso por Godoy Cruz y Argentinos Juniors, el jugador nacido -como tantos otros- en Newell’s está haciendo su tercer etapa como técnico. Y le pone marca a su Fortín.
Por ello es que en medio de las interminables y sospechosas "rarezas" de la final de la Libertadores emergen cosas lindas sin que se noten demasiado. En Primera División, como esto que contamos de Atlético Tucumán y Vélez, y hasta la final de nuestra Liga Regional en Deheza.
Digamos, sin demasiado esfuerzo, uno puede mirar más allá del Monumental y la Bombonera y se dará cuenta de que no todo está perdido.
Oslvaldo Alfredo Wehbe
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