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La melodía de los tablones

La música es un elemento infaltable en las canchas del fútbol argentino. A lo largo de los años, son incontables los hits que han salido de las tribunas

Día Mundial de la Música. Todos los 22 de noviembre y en homenaje a Santa Cecilia, se festeja, se recuerda, se escucha, se canta y se agradece.

La historia de Santa Cecilia desemboca en algo que en realidad cada día gozamos: la música. Todo tiene música. Y un estadio de fútbol también.

Desde “La Marcha del Deporte” que acompañaba por los altavoces de las canchas el ingreso de la gente, que parecía envuelta en eso de “en un marco de azul celestial y al rayo solar, va la juventud…”, con sones militares, en tiempos en los que no considerábamos sería tan dañino el efecto castrense sobre nuestro vapuleado país.

¡Si habremos visto instrumentos extraños en las pequeñas tribunas de los clubes de tierra adentro! Desde los tradicionales bombos legüeros, los de siempre, esos de los Chalchaleros, como decía un amigo; hasta los bombos de las marchas, los que desde siempre habitaron las gradas en los partidos del fútbol nacional. El bombo del Tula, digamos. Y cornetas (no conocimos la vuvuzela hasta hace poco), trompetas, platillos, maracas, tamboriles y demás. Lo que se pudiera meter en medio de la gente para darle música al canto de los hinchas. Y en muchas provincias, los artefactos eran los típicos, los del lugar. Si hasta alguna vez en el litoral, sonaban en la popular los acordeones y una vez vi un arpa, aunque Usted no lo crea.

Conjuntos musicales, bandas y comparsas han acompañado a los equipos en su meta hacia la victoria. La música metida bien adentro del fútbol.

Pero más allá de la presencia instrumental en las tribunas, permitida o no, según los tiempos, hay una música del fútbol. La que en forma de canción y hasta de murmullo es una marca registrada en el fútbol nacional.

En este rubro no hay ninguno igual. El fútbol argentino y sus cánticos superan en entonación e inventiva a cualquiera en otros sitios del mundo, con todo respeto a brasileños, ingleses y demás. Los europeos conmueven cantando los himnos de sus clubes, eso sí. El Liverpool es una muestra. Por lo demás, no varían demasiado, aunque insisto, su colorido y prolijidad son maravillosos.

Por aquí los cánticos comenzaron (lo advertimos con el tiempo), de manera muy inocente. “¡Zapallo, verdura…los otros a la basura!”, “La gente no come, por ver a Walter Gómez” (entonaba la gente de River), “una cosa que empieza con B: ¡Boyé!”. Primarios cantos. Como los de por acá: “Suben las papas, suben los limones y de Estudiantes salen los campeones”. Como esos que se conservan en Córdoba, con la letra: “¡Dale la T o la B!”.

De a poco se fue transformando, en algunas hinchadas más y en otras menos, pero la adaptación de temas a las tribunas ha sido y es extraordinario. Fuente inagotable de ingenio. A veces, lamentablemente, agresivos, muchas otras, extraordinarias variantes de aliento, de apoyo y hasta de advertencia a los protagonistas de cada partido.

“Sí, sí señores…yo soy de…”, y la música baja aún, aunque antigua, desde las tribunas. Y las marchas políticas acunadas de tal manera que desde el “¡dale campeónnnnn …dale campeónnnnn!” (peronista) o el “¡Dale Boooca, dale Booooca….!” (radical); que se escuchan de fondo en todas las transmisiones, al menos por un rato. Aplicadas por todos los públicos, por cierto. Y toda la “marchita peronista” con letra cambiada, creación del fútbol cordobés; “gracias querido….gracias por las emociones”.

Temas de Palito Ortega a Víctor Heredia. De Los Beatles a los Cadillacs.

Y la relación de músicos con determinados clubes y hasta futbolistas cantores. El Gordo Aníbal Troilo tocando y los integrantes de La Máquina de River, disfrutando. El arquero Elías Musimessi cantándole a Boca, la guitarra de Pancho Sá o el Mono Burgos y su grupo.

Las tribunas han sido capaces de incorporar con letras de ocasión el “Obladí Obladá”, de los Beatles, tanto como el “Beso a Beso” de la Mona. Temas testimoniales de Heredia o Gieco se mezclaron con “Vos sos un caradura”, de Palito, y “Zapatos Rotos”.

Canciones de publicidades o series televisivas y hasta esas que salen del amor, como el “Maradoooo”.

Uno presume y puede asegurar que en alguna esquina, en un bar, en una casa, la reunión de los muchachos de la hinchada produce a diario hits, que serán luego inolvidables o simplemente un espasmo.

El “olé..olé..olé…cada día te quiero más” surgió de un día para el otro y es bandera vocal para colegios y grupos en general, en festejos varios. “A pesar de los años, de momentos vividos…”, entonan desde las populares más sufridas, utilizando una canción llena de alegatos y pintura de época, de una Argentina triste.

Y hay hasta rankings de las mejores interpretaciones de las hinchadas.

También existen canciones que, cantadas en la cancha, escapan totalmente al contexto inicial de la versión. Es el caso de “It's a Heartache”, tema romántico que compuso la británica Bonnie Tyler, en 1977. Esta canción se podría definir como reversible para el tablón. Va mutando de significados y puede usarse en buenos y malos momentos. A saber: Para alentar: “Academia, y vamos la Academia, y vamos la Academia, y vamos la Acadeeeeemia”. Y un hit de descarga en los peores momentos: “Jugadores, la c….de su madre, a ver si ponen huevos, que no juegan con nadie”.

Creedence es el protagonista de uno de los jingles más escuchados en los 2000. La canción Bad Moon Rising fue publicada en el disco Green River, de 1969. Pero en las canchas argentinas explotó en la última década. Se escuchó por primera vez en la popular de San Lorenzo, pero el plus de esta letra llegó con la selección.

Fue el hit de la hinchada argentina en el Mundial de Brasil 2014. El famoso “Brasil, decime qué se siente”, que estuvo a punto de coronarse campeón del mundo en tierra enemiga. Y temas de Katunga y el de una campaña del Operativo Sol, en 1981, en plena dictadura, apareció “Bobby, mi buen amigo”. Y allí nomás en las gradas: “Esta campaña volveremos a estar contigo…”.

El tradicional “Vamos, vamos, Argentina, vamos, vamos a ganar, que esta barra quilombera, no te deja, no te deja, de alentar”. El jingle fue escrito por Roque Mellace y Enrique Núñez, quienes en 2007 demandaron a Sadaic por no recibir nunca los derechos de autor correspondientes.

Y algún tema de Xuxa o de Gaby, Fofó y Miliki y las más simples de silbar y luego el grito de ¡River!. Y el “flaco no te vayas, flaco vení…”, de Luis Aguilé o “el que no salta es…”.

Qué sería del fútbol sin la música. Cualquiera contestaría que se jugaría igual. Y vaya si se juega hoy con una sola hinchada y hasta a puertas cerradas. Pero eso es una gran derrota. Es ponerle “mute” a parte de la tarde o noche. Sin el murmullo, sin el “uhhhh”, cuando la pelota da en el palo o el arquero mete un atajadón.

Por eso, en el Día de la Música, se supone es también el día de la música en el fútbol. La de la gente, la del pueblo futbolero. La que se escucha en la cancha o a través de la tele o la radio.

Esa melodía que cuando uno camina las calles adyacentes a la cancha viene desde el recinto de las emociones. “¡Hay que cantar…hay que cantar…el que no canta se va a apagar!.”. Y no hay peor cosa que un apagón del alma. Y una forma es el silencio de las multitudes. En la cancha o en la vida.



Osvaldo Alfredo Wehbe